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SOCIEDAD

"Ya tenemos regalo de Reyes. Nuestra hija ahora está bien"

- Escuchar la palabra cáncer siempre resulta doloroso, pero lo es mucho más si cabe cuando se asocia a un niño. Cada año se diagnostican una quincena de casos infantiles en Navarra, con una tasa de supervivencia que ronda el 75%. Así lo aseguran desde Adano, asociación que desde 1989 trabaja con los niños con cáncer y su entorno. Con la de Ana, este periódico inicia hoy una serie de historias de familias que han pasado por esta experiencia límite. Las cinco han tenido final feliz. Con su relato, pretenden contagiar, en la medida de lo posible, fortaleza y esperanza.

IVÁN BENÍTEZ/CARMEN REMÍREZ . MUTILVA BAJA Domingo, 29 de noviembre de 2009 - 02:01 h.

LOS tiempos verbales todavía le juegan malas pasadas. Cuando habla del tumor de su hija Ana, de 4 años, intercambia inconscientemente el presente y el pasado. "Lo tiene... (silencio). Lo tenía, el tumor lo tenía. Crucemos los dedos, pero lo tenía en la cabeza. En agosto acabamos el tratamiento. Le hicieron una resonancia para ver qué tal y parece que no se le ha reproducido.

Aunque en aquel momento tenía muchos mocos, con lo cual, esta semana o la que viene, le volverán a hacer otra".

La madre de Ana, Marifé Fernández López, repasa la historia reciente de su familia frente a una taza de café. Tan reciente que no hace ni un año desde que empezó. Tan vívida que aún duda si hablar en presente o en pasado. "Sé que hemos tenido suerte, pero quiero ser prudente. Me dijeron que hasta que no pasara el año no piense que ya está todo hecho. Puede haber una recaída en cualquier momento. Pueden haber quedado células. Cada poco, una resonancia. Y a ver".

El cáncer apareció por sorpresa en enero de este año en esta familia de Mutilva Baja. El tumor que crecía en la cabeza de una de las gemelas de 3 años, en Ana, hacía que no siguiera el ritmo de juegos de su hermana Sara. A su madre no le pasó desapercibido. Incluso su hermano Daniel, de 9, también veía que algo no iba bien. Empezaron a preocuparse. "¿Sabes de esas cosas que tienes grabadas? Todo empezó un lunes, con un poco de fiebre. La llevé al médico. Parecían unas anginas, sin mayor importancia. El miércoles seguía muy adormilada. Como el viernes seguía en la cama, llamé a la pediatra, que me dijo que todo era muy raro y fuera a Urgencias". Después de dos visitas (una de más de 8 horas) Ana fue a parar a una pediatra que finalmente acertó en el diagnóstico. Fue el domingo. "Ingrésala ya", advirtió a su madre.

Desde un primer momento, el oncólogo lo tuvo bastante claro. A Marifé y a su marido, José Luis Sáenz Treviño, la noticia les dejó sin capacidad de reacción. "Cáncer. Estábamos como en una nube. Nos hablaban de una masa en la cabeza y yo, tonta de mí, le comentaba a mi marido que serían mocos... No es fácil de asumir, nada fácil". Integrar una situación tan dura, reconocerla, implica dos cosas: aceptarla y empezar a luchar, pero también dejar que afecte a tu vida, explican. "Hasta que yo pude decir la palabra cáncer igual pasó un mes. O mes y medio. No podía creerlo. Tu cabeza no te lo permite. Pensarlo, poco, y decirlo, menos". Todavía les sigue resultando muy complicado. "No quiero ver películas relacionadas con eso. El otro día tuve la oportunidad de ver "Camino", que va sobre una historia de una niña enferma, que encima además al final creo que se muere, y pensé: ni loca. Todavía no".

Ni una lágrima

Los principios fueron muy duros. "Horribles, aunque intentas ser fuerte. De eso que dices: ni una lágrima", asume el matrimonio, que habla abiertamente delante de sus hijos. Las dos pequeñas permanecen más ajenas. Daniel, el mayor, sin embargo, escucha y entiende, mientras, a la vez, cuida especialmente de sus hermanas. "Ana, no le des jarabe al gato", le recrimina con suavidad. "Es para ti". Lisa, la gata persa de color gris, deja hacer a los niños sin inmutarse. Sigue plantada, como si fuera un cojín más, en el sofá.

"La primera vez que nos sentamos con el médico, le preguntamos abiertamente si nuestra niña se iba a morir. Nos dijo que sí, que en una semana se nos iba, que no había mucho que hacer". Afortunadamente, esa predicción nunca se cumplió. Al hacerle más pruebas, los facultativos observaron cómo el tumor no era tan maligno como pensaban. "Fueron dos días de espera, hasta que le hicieron una biopsia, (coge aire), de espera, impresionantes... Hasta que empezaron a llegar indicios, noticias, de que no era el que ellos pensaban, que era un linfoma. Qué ironía. Fue algo así como ¡bien, es un linfoma!", relata.

En su caso, dentro de la dificultad, por lo menos su situación laboral les permitió gozar de "margen de maniobra". Ella, auxiliar de enfermería, estaba en casa preparando oposiciones . Él trabaja en una empresa. El apoyo de sus compañeros durante estos meses ha sido clave. "El primer mes de hospital es muy duro. Estás allí todo el tiempo, día y noche. Cuando después de la quimio se le redujo el tamaño del tumor y vimos un poco la luz nos dejaron venir a pasar un fin de semana a casa. Nos parecieron unas vacaciones, todos juntos otra vez".

Decir que la vida les ha cambiado es una obviedad. Las secuelas de la enfermedad van más allá del pelo al uno de Sara. "El tumor le aplastó los nervios ópticos y ha perdido casi toda la visión. Ve un 10% por el ojo derecho y nada por el izquierdo De momento, creemos que no la recuperará. Y ahí estamos, en la ONCE, tan felices". La lucha pasa ahora por conseguir recursos para que Ana, que acude a 2º de Infantil en el CP de Mutilva Baja, pueda contar con un profesional que le ayude a aprender a desenvolverse con esa visión limitada. "Ahora peleo por estas pequeñas cosas. Que me digan en Educación que no hay dinero para que alguien ayude a mi hija en clase y luego lea en el periódico que se han gastado 65 millones en un circuito de velocidad me enerva. Mucho", explica, acalorada por primera vez en toda la tarde.

"Pienso en el presente. Le doy menos importancia al dinero. Me parece idiota preocuparnos por esas nimiedades. Disfruto de momentos tan tontos como sacar a mis hijos al parque. Este año ya hemos recibido un buen regalo de Reyes. El mejor. Nuestra hija ahora está bien, en casa. No pido nada más".

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