Para el abogado de la familia, "Nagore murió porque dijo "no", porque se fió de él"
Las seis acusaciones del juicio por el crimen de Nagore Laffage Casasola habían mostrado sus cartas meses antes de que comenzara la vista oral: José Diego Yllanes Vizcay la asesinó. No había hecho lo mismo la defensa, que dijo que lo retrasaría al momento en que las partes expusieran sus peticiones finales.
Y eso ocurrió ayer, en la sexta sesión del juicio: 7 años de cárcel por homicidio con las circunstancias atenuantes de reparación del daño, intoxicación etílica, confesión y arrebato u obcecación.
El fiscal superior de Navarra, Javier Muñoz, cargó en su exposición final contra tres: intoxicación, confesión y arrebato (conmoción de contenido emocional, súbita y de corta duración). "El acusado actuó con lucidez. Había bebido, pero no estaba bebido. ¿Y qué confesó? Vamos a ser serios: es su amigo el que tiene que avisar a la policía". Respecto al arrebato u obcecación, explicó que "el estímulo (que Nagore dijera que le iba a denunciar) y la acción (matarla) van seguidos". "Pero mata a Nagore tres horas después de decirle ella que le iba a denunciar, cuando ella ya no tiene capacidad de decirle nada porque está brutalmente golpeada. Jurídicamente, pensar en el arrebato es una barbaridad".
"Matar con desprecio"
Antes de su exposición final, indicó que consideraba la circunstancia atenuante de reparación del daño (rebaja de petición de condena de 20 años a 17 años y 6 meses de prisión). "Ha pagado 126.853,38 euros. No va a reparar a la familia de Nagore, pero en Derecho Penal se admite".
Tras "una semana agotadora" aseguró al jurado que concentraría todos sus esfuerzos en explicar, "en el tiempo que sea necesario", que el acusado cometió un asesinato, el delito más grave del Código Penal, "matar con desprecio, y que lo hizo consciente".
Muñoz recordó que en el informe de los forenses había "página y media" sobre las lesiones de Nagore. "Pero no nos hace falta esa página y media. Vimos las fotos de Nagore". Y acuso de asesinato con alevosía porque "mató sin que ella tuviera la posibilidad de contraatacar, siendo fácil para él, con riesgo cero".
El fiscal trasladó a la sala a la noche del 6 de julio y la madrugada del 7, cuando José Diego Yllanes cenó "abundantemente, de forma que el alcohol le iba a hacer menos efecto", y quedó con un amigo. "¿Cuánto bebió de una de la madrugada a cinco? Según él y su amigo, dos cubalibres, quizá tres, y un chupito de tequila. Y después una cerveza. Eso bebió, porque a partir de entonces no consta que bebiera nada, ni en su casa. Y por "haber bebido" no se aplica nunca una atenuante".
Ya de vuelta a casa, José Diego coincidió con las amigas de Nagore. Se quedó hablando con ellas hasta que, "desgraciadamente", llegó Nagore. Los dos se marcharon juntos. "Ella está confiada porque está con un médico al que además conoce por trabajar en su mismo centro".
Para el fiscal, la reacción del acusado se produjo porque Nagore le dijo "hasta aquí hemos llegado". "Y eso ocurre antes de las ocho de la mañana. ¿Por qué el acusado no le dejó irse? Hasta las diez de la mañana hay un espacio temporal en el que Nagore se halla en situación de indefensión. Y el acusado no quiere decir qué pasó en ese tiempo, porque se acuerda, por supuesto".
El fiscal imaginó que pasó por la mente del acusado. "Se importaba tanto que no permitía que nadie dijese nada malo de él".
"A merced del acusado"
Muñoz buscó con sus palabras la empatía del jurado popular de sentirse Nagore cuando era agredida, cuando, "a merced del acusado, recibe muchísimos golpes". "Se quiere ir. Pero él la sujeta, la golpea, la deja indefensa. Para ella, el paso del tiempo es siempre negativo: si hubiera estado mínimamente bien, habría tratado de convencerle de que la dejara marchar. Pero no puede, ni física ni psíquicamente. Y la situación va minando su voluntad, su capacidad de reacción".
Recordó el momento "de angustia" con la llamada "desesperada" al 112. "Está aturdida, angustiada, y hace lo que haría cualquier persona en una situación prácticamente de muerte: pedir auxilio". Y pronuncia el "muerta", el "me va a matar", en una situación de "absoluto desfallecimiento". Sus palabras de auxilio "son un susurro". "Está agotada, desvalida, totalmente inerme".
La muerte de Nagore "fue dura". "Ve cómo se le acaba la vida" con el acusado sobre ella, apretándole del cuello. "Él sabía que ella iba a dejar de respirar y que él iba a obtener un resultado".
Para el fiscal, el acusado no pensó en Nagore "ni estando muerta". "Piensa en él, en sus padres, en no dejar huellas: limpia, recoge todas las cosas de Nagore, incluido el dedo que le corta con un cuchillo que da miedo verlo sin estar en situación de riesgo". No le cortó el dedo para descuartizarla. "Lo hizo para que no se le identificara". Y después acude a la Clínica para buscar el teléfono "de la persona que él cree que le puede ayudar a ocultar el crimen". Y esa persona, "que lo encuentra sobrio", no le ayuda.
Y viaja hasta Orondritz para dejar el cuerpo y, en distinto sitio, las cuatro bolsas "con los efectos de Nagore y todo lo que pueda relacionarle a él". "Y cuando es detenido dice que estaba borracho. ¿Eso es una confesión? No lo es. Él se exculpa".
Muñoz se refirió a los testigos llamados por la defensa que hablaron del acusado "antes del 7 de julio. "Esa prueba testifical sirvió para decir que él era bueno, trabajador... Pero antes del día 7. Ahora no lo es. Ahora es una persona que comete un asesinato".
La concentración de ayer por la mañana ante el Palacio de Justicia de Pamplona. VILLAR LÓPEZ (EFE)
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