Los ricos son el bien más preciado que tenemos los pobres. Así que a los Beckham de turno ni tocarlos.
H ABRÍA hecho bien el árbitro en obligar a Ricardo a cambiarse de camiseta; tal vez así Josetxo no le habría confundido con un compañero de la defensa y no habría puesto el primer gol en contra a las primeras de cambio.
"Yo soy yo y mis circunstancias", dijo Ortega, y rige para individuos y para colectivos. No es lo mismo tener delante al Barca que al Almería. Es más fácil jugar contra el Barca. Basta con cavar un par de trincheras y con ponerle al entrenador un rosario en la mano. Eso y colocarse un poco a base de gaseosa con bicarbonato.
El problema surge a la semana siguiente, cuando a las ojeras que te deja tanta burbuja se suman un viaje de mil kilómetros, una tarde soleada, un estadio medio vacío y un equipo que se llama Almería, ni siquiera Valencia o Sevilla. Es decir, que para qué vamos a correr, si no vamos a salir en ningún telediario. Mejor nos reservamos para el tres de enero, que viene el Madrid y, con un poco de suerte y algo de bicarbonato, a lo mejor salimos otra vez en los papeles.
Del gol postrero de Uche, el dos a cero, ni me ocupo. Ya dice desde antiguo el proverbio que, habiendo víctima, verdugo jamás falta. Punto y aparte.
Explica Santiago Alba Rico que existen tres clases de bienes. Los universales, como el sol, la luna, el mar, el Everest, la Capilla Sixtina o García Lorca: cosas que están ahí y que no hace falta poseer de manera individual. Los generales, los que todos debemos disfrutar personalmente: no es injusto que haya un solo sol en el cielo, pero sí que no haya pan suficiente para todos. Y los colectivos, aquellos cuyas ventajas debemos disfrutar todos por igual, pero que no se pueden generalizar sin poner en peligro el resto de bienes: un hospital para todos y no una UVI en cada casa. ¿Cuál es el problema de todo esto? Que habría que acabar con los ricos y los ricos son de todos. Es más, son el bien universal más preciado que tenemos los pobres. Ergo, Zapatitos, cuidadín con tocarnos a los Beckham de turno, que te cavas tu propia fosa.
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