La plantilla alemana avisa que si hay despidos masivos no renunciará a la revisión salarial ni a las pagas extras
Miles de trabajadores de las cuatro plantas alemanas de Opel se sumaron ayer a los paros convocados por los sindicatos del sector de la automoción para rechazar la decisión de General Motors (GM) de paralizar la venta de su filial europea a un consorcio formado por la austriaco-canadiense Magna y el banco ruso Sberbank.
La dirección de GM expresó su determinación de reunirse «pronto» con los gobiernos de los países europeos que tienen plantas de Opel: Alemania, España, Bélgica, Polonia y el Reino Unido, donde opera bajo la marca Vauxhall, pero aún no hay un calendario de encuentros.
"Pérdida de credibilidad"
Las centrales germanas quieren extender las protestas a otras fábricas de Europa hoy y el próximo lunes. Objetivo difícil, pues los planes del gigante automovilístico de Detroit han suscitado reacciones encontradas. Mientras Alemania protesta, España y Reino Unido esperan salir beneficiadas.
Opel cuenta en Alemania con cuatro plantas de producción, en Rüsselsheim, Eisenach, Bochum y Kaiserlautern, con un total de 25.000 trabajadores que consideran la decisión de GM un peligro para su actividad.
El presidente del comité de empresa, Klaus Franz, aseguró ante los 10.000 empleados que se sumaron al paro en Rüsselsheim: «GM ha perdido el valor más importante de una empresa, la credibilidad, ante la opinión pública y ante los trabajadores».
Franz lanzó un aviso a los responsables de la multinacional estadounidense, que el miércoles ya desveló que prepara una reestructuración que se llevará por delante 10.000 empleos en Europa: «GM quiere empezar de cero, nosotros también, y eso significa que todos los sacrificios que estábamos dispuestos a hacer quedan a partir de ahora fuera de cualquier consideración».
«No vamos a renunciar a las pagas de Navidad para apoyar el saneamiento ni vamos a renunciar a las subidas salariales a las que tenemos derecho», avanzó ante miles de compañeros con pancartas y silbatos. Franz instó a los dueños de Opel a «dar la cara antes del 30 noviembre, ante el Gobierno alemán y ante nosotros».
El gran temor de la plantilla es que GM retome su antiguo plan para Opel, que consistía en 10.000 despidos, la eliminación de algunos modelos y cierres de fábricas que afectarían sobre todo a Alemania.
El Gobierno federal alemán, gran valedor de la venta a Magna, expresó su irritación por boca del ministro de Economía, Reiner Brüderle, que conminó a GM a devolver el crédito puente de 1.500 millones de euros entregados a Opel para evitar que se hundiera después de que la casa madre la declarase insolvente.
El primer ministro ruso, Vladimir Putin, expresó su descontento con la decisión de GM, que pensaba vender Opel a un consorcio formado por Magna y por el banco ruso Sberbank. Considera que la cancelación de esos planes evidencia el «desdén» con que las empresas estadounidenses tratan a sus socios europeos.
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Una camiseta con el lema "Somos Opel" apuñalada por la espalda durante la protesta en la localidad alemana de Kaiserslautern. EFE
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