Una barcelonesa busca a su "ángel de la guarda", la mujer desconocida que le salvó la vida al abordarle en el autobús urbano y advertirle de que tenía señales de que podía sufrir un tumor
DEBO de tener un ángel de la guarda, porque su advertencia me salvó la vida". Montse Ventura, ex maestra barcelonesa de 55 años, viuda y madre de dos hijas, se cruzó un buen día con una mujer muy experta en tumores de hipófisis -que provocan enfermedades raras y afectan al crecimiento de los tejidos- que se atrevió a decirle sin conocerla de nada que se hiciera un análisis.
Ambas viajaban en el autobús urbano número 65 de Barcelona. "Recuerdo que no me quitaba ojo. Hasta que se me acercó y me pidió hablar aparte. Me pidió perdón por lo que me iba a decir y me contó que me había estado observando y que tendría que hacerme una analítica. Sacó un papel y anotó dos cosas: hormona de crecimiento y somatomedina-C. Aún estás a tiempo", relató Ventura en el diario La Vanguardia.
Síntomas
La mujer del autobús, como le conocen ya en varios hospitales de Barcelona, le preguntó qué le había visto y le contó que había tenido dos casos en su consulta con los mismos signos que ella. "Me señaló el labio inferior más grande, la nariz, las manos, me preguntó si había cambiado de tamaño el calzado y mis dientes separados". "Estaba tan sorprendida que no le pregunté su nombre. Se bajó en la siguiente parada", señaló.
Un mes después Montse acudió a realizarse la revisión anual del ginecólogo y pidió que le incluyeran los conceptos que le aconsejó la mujer del autobús. Todo salió bien, salvo la hormona de crecimiento, que triplicaba la actividad normal. Una resonancia localizó un pequeño tumor de 7 milímetros en una glándula de apenas un centímetro de altura. "Era muy pequeño, pero tuve que operarme de urgencia porque si esperaba, podía provocarme una hemorragia dentro del cerebro o ceguera". La intervención fue todo un éxito.
En busca de la mujer
Ahora busca a esa mujer a través de las cartas al director de los diarios. "El endocrino que me hace el seguimiento, al explicarle el caso, me comentó que la señora que me diagnosticó tenía que ser una súper especialista en hipófisis y que me salvó la vida", afirma en una de estas misivas. "Yo hubiera empezado a notar los síntomas en cuatro años. Espero que lea esta carta y sepa de mi agradecimiento. Me gustaría dárselo personalmente", concluye.
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