Los centros al área de los navarros atragantaron a un Atlético endeble en defensa pero que mereció marcar en el Reyno
Osasuna redujo a la mínima expresión al Atlético de Madrid, al que convirtió en una ruina en el Reyno de Navarra. A base de un fútbol de anticipación y directo con un continuo asedio de balones al área, Camacho se impuso en su planteamiento a Abel. En el deporte, el dinero y las estrellas no siempre son sinónimo de éxito, sobre todo cuando enfrente se encuentran con una maquinaria perfecta que ya parece conocer sus limitaciones y explotar lo que sabe hacer. Ése es Osasuna.
El estilo atlético le viene de perlas al sello navarro. A Osasuna se le atragantan los partidos en su feudo cuando su rival se atrinchera y tapona los caminos. Ayer, sin embargo, se manejó como pez que nada en el agua para imponerse en la presión, en el cuerpo a cuerpo, y mandar los balones en largo. Por las bandas, por el centro y por donde fuera, para coger siempre la espalda a la endeble zaga colchonera. Osasuna le desnudó en una de las primeras partes más completas que se recuerdan. Le arrolló como un tren. Marcó tres goles en media hora y pudo hacer más.
Bajo esta tesitura, un hombre como Pandiani tenía reservado un lugar para el protagonismo. Si se mandan pelotas al área, allá estará él. Preparado con su rifle. La primera fue a la cazuela. Camuñas sentó a Ujfalusi, levantó la vista y vio a Pandiani, que en plancha y superando a Juanito anotó el primero. Luego erró en el mano a mano con Asenjo, en otra acción de juego directo, pero no dejó pasar la siguiente. Puñal botó la falta lateral de turno y como si no existiera la defensa del Atlético, Flaño tocó de cabeza para servir a Pandiani el 2-0. Pudo rematar cualquiera que vistiera de rojo.
La borrachera de la primera mitad se completó con el 3-0 de Aranda, combativo y hambriento. La jugada venía de otro saque del capitán que remató Neko y salvó Asenjo. El rechace, en una prueba de intensidad, le llegó a Juanfran para disparar al meta, despejar otra vez, y dejarle el cuero a Aranda a placer. No podía ponerse mejor un partido para un Osasuna que antes del descanso pudo marcar el cuarto. Juanfran, con Asenjo fuera de marco, disparó alto.
Puñal y Nekounam no perdieron el sitio, achicaron, robaron y no perdieron balones; Juanfran siempre miró al frente; Camuñas ofreció destellos de verdadero fútbol; Pandiani puso la casta; y Aranda la fuerza. Atrás, los cuatro funcionaron como si llevaran toda la vida juntos.
El Kun persiguió el gol
El brillo del partido también lo puso el rival cuando crea peligro. Hubo momentos de ida y vuelta, con aroma británico. El Atlético dio tres chispazos de peligro. Fueron de Agüero, revoltoso y el más activo, y de Cleber. El Kun tuvo en sus botas el 1-1 ante Ricardo (en última instancia se cruzó Azpilicueta para apagar el fuego) y el 3-1 (remató ligeramente desviado pegado al palo). Y el medio brasileño, otro de los pocos que se salvó, dispuso de una doble ocasión que obligó a lucirse al meta. Una de cabeza y otra con un cañonazo con efecto extraño que despejó Ricardo en una parada extraordinaria.
Precisamente Cleber dispuso de la ocasión con la que se abrió la segunda mitad, en la que Osasuna se replegó y dosificó todos los enormes esfuerzos. Ya a la desesperada, Abel metió a Sinama, Reyes y a Raúl García, ovacionado por la grada.
Osasuna estaba cómodo con la renta en el marcador y tenía controlado al Atlético. Además, a nada que se estirara un poco sabía que le iba a llegar alguna ocasión. Aranda rozó el cuarto con un lanzamiento rozando el palo izquierdo colchonero y Camuñas se durmió al revolverse en el área. Perea se anticipó y cortó una acción, que cómo no, llegaba de un desplazamiento en largo.
El reloj corría al tiempo que la grada disfrutaba de un partido que hacía muchas jornadas no se sentenciaba con tanta prontitud. La segunda parte no fue tan vistosa por parte de Osasuna, que aún así terminó gustándose en el área, contragolpeando con peligro y tocando la pelota con dinamismo.
El Atlético mereció este resultado, pero también mereció marcar. El Kun fue quien más persiguió el gol, con sus arrancadas y cambios de ritmo. Pero Ricardo no estaba dispuesto a encajarlo. Primero lo evitó ante Reyes y luego ante Agüero en otra gran parada. El delantero argentino aún tendría tiempo de mandar otro balón alto en buena posición. No fue su noche. Osasuna había pasado por encima a su equipo con toda justicia.
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Abrazo entre Walter Pandiani y Carlos Aranda, autores de los goles de Osasuna en el duelo de ayer. JAVIER SESMA
Masoud, con Reyes por los suelos. JAVIER SESMA
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