Algunos hortelanos ven "negro" el futuro de la pocha por la carga de trabajo que conlleva su cultivo y por la falta de relevo generacional.
Sangüesa acaba de completar la recolección. "La pocha típica de aquí, la caparrona, se pone en torno al 15-20 de junio, y se recoge 3 meses después, en septiembre. No se cultiva en otra parte. Para su calidad, algo tendrán que ver el clima de la zona y el suelo", apunta Narciso Lacosta Sánchez, de 69 años y hortelano de Gabarderal, concejo de Sangüesa. "También hay otros dos tipos, rastrojera y de medio palo, pero la caparrona es la mejor porque su piel es más fina. Se cultiva al aire libre, aunque también se pone en invernaderos, y crece sobre redes sujetas por postes, alcanzando 2 m de altura", agrega.
"Precisamente aquí radica el problema del futuro de la tradicional pocha de Sangüesa", apunta otro hortelano local, Jesús Sola Martínez, de 32 años. "Su recogida no se puede mecanizar, y da mucho trabajo", señala. "La gente va hoy a lo cómodo. Prefiere tener grandes explotaciones de trigo o maíz para poder trabajarlas con el tractor y la cosechadora que dedicarse a labores más a pequeña escala como ésta, teniendo que sembrar la semilla, poner postes, colgar la planta conforme va creciendo y recoger las vainas a mano", remarca Narciso Lacosta.
"Además, la juventud elige emplearse en la industria, con un sueldo fijo, antes que meterse en el campo, y los mayores no quieren complicarse la vida. Esto se va muriendo en silencio", sentencian.
Selección y protección
En 1997, se inició en Sangüesa un proceso de selección de semillas de pocha. "Se pretendía unificarlas, pues todo el mundo cultivaba pochas en su huerta, y todas eran distintas. Fruto de una colaboración entre hortelanos, ITG y el consistorio, se separaron las mejores semillas, las de mayor calidad, y desde entonces se ha continuado con este proceso de selección año tras año. Hemos mejorado el producto, y aumentado la producción. Hoy, las plantas producen el doble de vainas", expone Lacosta.
"Asimismo, se quiso dotar de cierta protección a la pocha de Sangüesa, y configurar una Denominación de Origen, pero las gestiones no salieron adelante al no haber un volumen de producción grande", recuerda Sola. "Es una pena que a veces se aprovechen del buen nombre de la pocha de Sangüesa para vender, en mercados, alubias de otras partes como Valencia o Marruecos", agrega.
Un kilo de pocha caparrona de Sangüesa se vende a 5 euros, y "no hay problema para darle salida". "No importa el precio, y el boca a boca es imparable. Se vende todo a particulares y restaurantes, sobre todo del entorno, pero también a la zona de Bilbao e, incluso alguna vez, a algún restaurante de París. En Sanfermines, la que se consume de aquí es de invernadero, pues no da tiempo a llegar con el cultivo de exterior", dicen.
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