"Nunca antes se había estrenado en Europa una obra protagonizada por tartamudos"
CUANDO Gonzalo Redondo Chamarro, caparrosino de 25 años, pise el próximo sábado la tarima del Teatre Auditori de Granollers ante más de 700 personas, lucirá como siempre, esmoquin negro, y como siempre, llevará un pañuelo rojo con el escudo de Navarra en el bolsillo derecho de su pantalón. Sin embargo, ese día algo será diferente. Este pianista navarro interpretará "Vidas melódicas".
Quizás esta obra pasaría desapercibida para el gran público y los medios de comunicación si no fuera porque sus protagonistas son personas tartamudas: "Uno de los mayores miedos de una persona que tartamudea es tener que hablar en público. Con esta obra el colectivo de tartamudos pretendemos romper las barreras del lenguaje, queremos ser respetados y aceptados como cualquier otro colectivo. Que tartamudeemos será inevitable, y que emocionemos al público, también será inevitable", asegura Gonzalo, uno de los 30 navarros registrados en la Fundación Española de la Tartamudez.
La banda sonora, navarra
De él y de Abel Robledo, delegado en Cataluña de la Fundación Española de la Tartamudez, nació la idea de organizar un concierto con la tartamudez como telón de fondo e incluso el guión. Esta obra, en la que participan medio centenar de actores, arranca con los reproches de Ramón, el abuelo de César cuando se traba al hablar, y sigue relatando las diferentes situaciones que vive una persona tartamuda a lo largo de su vida. "La tartamudez puede ser sinónimo de aislamiento, de depresiones e incluso de traumas infantiles. La obra pretende que la tartamudez no sea considerada una enfermedad, sino una particularidad de la persona".
Gonzalo Redondo ha tenido la oportunidad de tocar en salas como el Gran Teatro Liceo de Barcelona, ha conocido y trabajado con músicos de gran renombre, como Norman Shetler, en Viena, pero asegura que nunca ha vivido experiencias tan emotivas como la de este proyecto. "No lo digo por decir. Un cámara de televisión acudió a uno de los ensayos y salió llorando".
Él mismo ha puesto música a esta obra. Sus dedos fluyen sobre las teclas del piano con la misma destreza que un malabarista maneja sus herramientas de trabajo: "He intentado expresar lo que siento con la tartamudez. Por ejemplo, utilizo la repetición de notas como recurso para que se entienda la frustración que podemos sentir".
Esta noticia ha conmovido incluso al Palacio de la Zarzuela. A principios de diciembre la Fundación Española de la Tartamudez mantendrá una audiencia en la Casa Real con el Príncipe Felipe y Doña Leticia.
Ahora, a sus 25 años, Gonzalo Redondo asegura que es feliz y que ha hecho de la música su lenguaje y su vía de escape: "En la escuela te dicen que la esencia del ser humano y lo que nos diferencia del resto de seres vivos es el lenguaje y la posibilidad de comunicarnos con el otro. Cuando tartamudeas, te sientes menos e incluso te autoexcluyes por miedo a las burlas de los demás. En ese sentido he sido afortunado. Tengo una familia y un entorno que me ha ayudado en todo momento y ha sido muy comprensivo. Con nosotros, los tartamudos, sólo hay que tener un poco de paciencia".
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El caparrosino Gonzalo Redondo Chamarro en el Conservatorio Superior de Música de Navarra la semana pasada.
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