Experimentar con deportes de riesgo como el "puenting" y el parapente. Es lo que 39 jóvenes pamploneses hicieron el pasado fin de semana en Guipúzcoa gracias al programa "multiaventura" que oferta el Ayuntamiento de Pamplona
UNO, dos, tres... ahora". Ésa fue la consigna que, una y otra vez, se oyó por la mañana del pasado sábado en uno de los márgenes del puente de Azkarate, en la carretera guipuzcoana que une Azkoitia con Elgoibar. Allí, a más de 40 metros de altura, 39 jóvenes pamploneses desafiaron a sus propios miedos, al temor de la altura, para lanzarse al vacío desde la barandilla del puente asegurados por dos arneses y dos cuerdas dinámicas de escalada.
Un salto de apenas 3 segundos que desata la adrenalina del saltador y le hace sentir sensaciones extremas dada la velocidad y las cercanas referencias al suelo. Es el puenting.
Ésta era sólo una de las actividades previstas dentro del primer fin de semana de multiaventura organizado este año por el Ayuntamiento de Pamplona para jóvenes de entre 18 y 30 años. Tras el puenting, el grupo se desplazó hasta las laderas del monte Talaimendi, entre Zarautz y Orio, para practicar el salto en parapente y, finalmente, el domingo por la mañana realizaron un recorrido de arborismo, en el que superaron diversas dificultades para ir de un árbol a otro siempre a varios metros de altura.
Saltos fuera de Navarra
La niebla a primera hora de la mañana en el puente Azkarate no dejaba ver el fondo del barranco que cruza el puente de la carretera nacional. En él se habían instalado dos puntos de salto y un complejo sistema de cuerdas de seguridad. "Así, casi mejor, porque no sabes hacia donde saltas", se oía comentar, entre risas nerviosas y algunas bromas.
La incertidumbre y un cierto desasosiego ya había acompañado a los jóvenes en el viaje de hora y media en autobús desde Pamplona. La normativa navarra "no permite" el uso de puentes con carretera para realizar esta modalidad deportiva, según explicaba Mattari Alzuarte -responsable de BKZ Navarra Aventura y coordinador de las actividades-.
Nada más bajar del autobús, Alzuarte explicó a los participantes lo que es el puenting, cuáles iban a ser las medidas de seguridad y las formas de saltar al vacío sin riesgo. Todos optaron por hacer el "salto del ángel" -hacia delante, con los pies juntos y los brazos extendidos- olvidando otras opciones, como la de saltar de espaldas a la caída.
Leyre Arteta Ciáurriz, de 22 años, fue la primera en abrir el fuego. Se preparó, pasó al otro lado de la barandilla, se asomó al vacío y, cuando todo estuvo listo y recibió la orden de los monitores, saltó sin pensárselo dos veces. "Es una emoción tremenda, muy difícil de explicar. Los primeros instantes nada más saltar, cuando te da la sensación de que no estás atado ya que la cuerda aún no te tira, buf... es muy intenso", aseguraba Arteta, una de las experimentadas del grupo ya que era el tercer año que acudía a saltar.
Y a pesar de los nervios previos, a ese temor inicial, al movimiento en péndulo al que se ven sometidos los jóvenes una vez que la cuerda frena su caída, o al tembleque con que la mayoría sentía al tocar de nuevo la tierra tras el salto (una vez descendidos hasta el fondo del barranco y libres de los arneses), la experiencia fue muy positiva para la gran mayoría. "De maravilla, ha sido algo impresionante. Verte allí arriba, que parece que no te sujeta nada y lanzarte a volar...", apuntaba Ángel Pelarda Fernández tras su salto.
"Es mejor no pensárselo mucho. Una vez que te has decidido a hacerlo y pasas al otro lado de la barandilla, en cuanto oyes que puedes saltar, lo mejor es hacerlo", aconsejaba tras su primera experiencia Cristina Úcar Ahechu, de 24 años. "Da mucha impresión, la verdad. Pero el peor momento para mí no es el salto, han sido los segundos que pasas boca abajo, sujeta por la cuerda y haciendo péndulo mientras esperas a que te bajen del todo".
Lejos de lo que puede parecer, el puentinges uno de los deportes extremos más seguros siempre que se haga con monitores experimentados y un equipo adecuado. Se busca limitar al máximo el riesgo que siempre existe. "Se duplica todo el equipo por si se rompiese algo. Se usan dos cuerdas, dos arneses (uno de piernas y otro integral que agarra la cintura), dos mosquetones...", reconocía Alzuarte, acompañado por otros tres monitores de su empresa -Santi Esarte, Arkaitz Muratori y Roberto Lavado-. "La mayoría de los que prueban este tipo de actividad repiten otros años, aunque también alternan con otras modalidades", apuntaba el responsable, antes de reconocer que la demanda para este programa municipal de multiaventura para jóvenes "crece cada año".
A vista de pájaro
Después de la tremenda descarga de adrenalina del puenting, el grupo experimentó una actividad también de riesgo pero que deja sensaciones muy distintas: el salto en parapente. Para ello, el testigo de la coordinación y responsabilidad de la actividad pasó a los instructores y pilotos de la Escuela de Parapente Ostargi de San Sebastián que, gracias a cuatro parapentes biplaza de unos 40 metros cuadrados de superficie vélica, dieron un paseo a los jóvenes por las laderas del monte Talaimendi.
Ataviados con casco y un paracaídas de emergencia, cada uno de los pamploneses se vistió con un arnés especial en forma de silla que se fijó a la parte delantera del equipo del piloto. Después, una breve carrera ladera abajo, hacia el cortado, y sin apenas darse cuenta ya estaban en el aire.
Los nervios dieron paso entonces -y gracias a las buenas condiciones de tiempo-, a la tranquilidad y a una extraña sensación de flotabilidad y relajación, mientras uno tras otro"planeaban" a 200 metros de altura sobre las rompientes, disfrutando con las impresionantes vistas de las playas de Zarautz y Orio, los acantilados y los montes cercanos. Incluso, hubo quien tomó por, unos instantes, los dos "frenos" con los que se dirige el ala."Da mucha menos impresión que el puenting. Pensaba que me iba a dar más miedo, pero no da vértigo ni nada. Es relajante", aseguraba Amaia Navarro Fernández, de 25 años, antes de declararse dispuesta "a repetir" en cuanto tuviera ocasión.
"Al principio vienen con un poco de respeto, pero enseguida se les pasa y disfrutan. Ahora lo que realmente se hace es un bautismo de vuelo. Al estar tantos, hay que hacer vuelos más cortos, cercanos al cuarto de hora, para que nos dé tiempo a todos", explicaba Iñigo Urrutikoetxea, responsable de Ostargi, antes de decir que las condiciones del Talaimendi son "ideales" para este deporte. "La brisa del mar sube por la ladera y genera un viento laminado muy bueno, sin apenas turbulencias, y eso hace que los vuelos aquí sean muy sosegados y seguros", reconocía el instructor, secundado por sus compañeros Wiso, Aitor Herrera y Josu Cousillas.
De un árbol a otro
Para completar este fin de semana dedicado a los deportes de aire, los pamploneses, tras dormir en un albergue en Narbarte, afrontaron el arborismo. Es decir, un trayecto de unas dos horas de duración en las que , siempre a varios metros del suelo y asegurados por arneses, cuerdas y casco, van de un árbol a otro. En trayecto deben afrontar una serie de dificultades y obstáculos como anillas, redes... y una tirolina final. Al contrario que en el puentingo el parapente, los jóvenes tuvieron que hacer un buen esfuerzo físico.
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El pamplonés Mikel Lafuente se lanza para practicar el "puenting" desde el puente guipuzcoano de Azkarate. La caída son 40 metros.
La neblina matinal dio una atmósfera especial a los primeros saltos de los pamploneses desde el puente de Azkarate. JESÚS GARZARON
Ángel Pelarda, saltando. J. GARZARON
El grupo navarro pudo "volar" sobre Zarautz gracias a cuatro parapentes biplaza. JESÚS GARZARON
Mientras el instructor (detrás) pilota, Amaia Navarro disfruta del vuelo y las vistas. JESÚS GARZARON
Josetxo Labeaga, sonriendo tras su salto. JESÚS GARZARON
Los pamploneses de entre 18 y 30 años que participaron en las actividades, antes del "puenting". JESÚS GARZARON
El puente de Azkarate, de 40 metros. JESÚS GARZARON
Arteta, "atada" al instructor de parapente. J. GARZARON
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