Este trabajo artístico se realizó en 1.756, pero se ha encontrado también una pequeña zona con pinturas del siglo XIV
Finalizada en febrero la restauración estructural global de las ruinas de San Pedro de Viana, son ahora sus pinturas murales las que están siendo objeto de rehabilitación. Situadas en la única nave que se mantiene en pie (en concreto, en la capilla del Rosario) se encontraban ocultas bajo dos capas de pintura de hasta dos centímetros de espesor. Éstas, precisamente, han ayudado a su conservación, a pesar de quedarse al aire libre tras el derrumbe del templo el 6 de enero de 1844.
De estilo neoclásico, abarcan la bóveda y los arcos de acceso a la capilla, así como sus dos paredes. En la frontal se sitúan otras de mayor valor, del siglo XIV, que ya han sido consolidadas. Desde hace un mes, Cristina Jiménez Lázaro, natural de Viana de 27 años, se está ocupando de estas labores. Se trata del primer trabajo que realiza en la localidad donde reside su familia tras licenciarse en Bellas Artes en Salamanca y trabajar fuera de Navarra. Hasta la fecha, ha completado en torno al 20% del total de la intervención, que se prolongará por un espacio mayor a los cuatro meses estipulados en inicio.
Al parecer, según indicó el historiador local Juan Cruz Labeaga, el artista cántabro José Vexes realizó esta obra en San Pedro en 1.756 y pintó también cuatro cuadros de grandes dimensiones sobre su vida que se conservan hoy en la parroquia de Santa María. "Son santos de la devoción popular. Aparece San Martín de Tours, Santa Columba, Santa Teresa...", explicó el vecino de Viana.
Los cinco pasos
Cristina Jiménez está trabajando a unos nueve metros de altura sobre una máquina elevadora. Sin eliminar la huella del tiempo en la obra, trata de devolverle la unidad estética. El proceso es el siguiente: primero, bisturí para desprenden las capas exteriores de encalado y pintura ocre; segundo, spray transparente para consolidar; tercero, mortero de cal para igualar la superficie; cuarto, pintura con pincel para reintegrar cromáticamente; y quinto, capa de barniz como protección final. "Tenía que ser muy bonito. Es una pena que no estaría a la luz. Yo creo que todo lo que es patrimonio artístico hay que conservarlo", indicó Jiménez.
La intervención, muy minuciosa, no está presentando mayores dificultades por la oleosidad de la pintura original. Esta característica, según explicó Jiménez, ha evitado su adherencia a las capas aplicadas después encima y está permitiendo que la pintura original salga fácilmente a la luz. "Estos repintes pueden deberse a un cambio de gusto de la época o como el método por el que se decantaron, más sencillo y barato que la restauración, una vez que empezaron a deteriorarse", argumentó la restauradora.
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Cristina Jiménez sobre la elevadora con la que accede a la bóveda y arcos que está restaurando. M. M. E.
Jiménez aplica color con pincel para reintegrar cromáticamente la obra.
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