Testigos presenciales de lo que sucedió en el encierro relatan cómo vivieron el trágico momento
Cabanillas, una localidad de unos 1.500 habitantes, apenas ofrecía ayer algún atisbo de que fueran las fiestas patronales, excepto por el vallado del encierro y la decoración en algunas calles. Sólo había un tema de conversación y es que la muerte de Álex Malo conmocionó a toda la población.
De hecho, la imagen que mejor definía el sentimiento de un pueblo eran las miradas perdidas en el infinito de personas que estaban en el lugar de los hechos y las lágrimas de amigos y allegados al fallecido que no podían contener la emoción tras enterarse de la noticia.
Otra buena muestra era la imagen de la corporación a las puertas del ayuntamiento, todos cariacontecidos y algunos también intentando controlar la emoción.
Testimonio de vecinos
Uno de los que lamentaban lo sucedido era Eugenio Jiménez, que estaba viendo el encierro donde sucedió todo. "Ha sido una pena. Ni siquiera he visto cómo le golpeaba el manso, pero justo después ha intentado subir al vallado, le he agarrado por la muñeca y le he preguntado qué le pasaba. Al momento se ha desplomado en el suelo, se ha venido abajo", relataba todavía impresionado por lo ocurrido.
Otra persona que sí pudo ver el momento del encontronazo entre el joven y el manso fue Cristina Zubiate Gómez, que vive en la calle San Roque número 23, justo encima de donde sucedió todo. "Ha bajado una vaca con el manso y al poco rato ha vuelto, justo en el instante en el que llegaba a la calle el resto de la manada. El manso ha rozado primero a un chico con el cuerno y luego ha golpeado en el pecho al joven que ha muerto", relató.
Otro de los espectadores del encierro fue José Manuel Ibáñez, que estaba viendo el encierro desde la zona de la plaza del Ayuntamiento. "El chaval iba corriendo delante de las vacas y se ha encontrado de frente al manso. He visto el revuelo de la gente que saltaba para evitarlo, pero él no ha podido. Rápidamente se lo han llevado al centro médico y le he podido oír quejarse, pero luego lo han trasladado y ha pasado lo peor", lamentaba este pamplonés que pasa buena parte del verano en Cabanillas.
"Lamentable". Así definía también el suceso el encargado de obras del ayuntamiento, Carlos Carcavilla Rodríguez. "El chaval estaba aturdido y han sido momentos de mucho nerviosismo", señaló.
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