Fue grabado en una piedra encontrada en 1993 y representa "el paisaje concreto que se ve desde la cueva"
El mapa más antiguo que se conoce en Europa Occidental se grabó en una piedra hallada en la cueva de Abauntz, en Arraitz (Ultzama), según un descubrimiento publicado por un grupo de científicos de la Universidad de Zaragoza en la revista científica Journal of Human Evolution y adelantado ayer por Heraldo de Aragón.
Los grabados en la piedra, encontrada en 1993 por Pilar Utrilla y Carlos Mazo, fueron realizados hace 13.660 años, en unas fechas relativamente cercanas a las pinturas de la cueva de Altamira y, según la interpretación de los arqueólogos, refleja el paisaje cercano a Abauntz.
Utrilla comenzó a excavar la cueva de Abauntz en 1976, poco después de , ya que el antropólogo José Miguel de Barandiarán le recomendó que la excavara poco después de haber terminado la tesis doctoral. Se trataba de una cueva donde aparecían numerosos restos humanos en la superficie, que eran pisoteados por los visitantes.
La piedra, de 17,5 centímetros de longitud, 10 de anchura y 5,4 de espesor máximo está llena de incisiones. Algunas de ellas son de fácil identificación, como las que representan animales, entre ellos un gran ciervo y dos pequeños renos o terneros. Superpuestas, hay una serie de líneas que son las que se han interpretado ahora.
Un croquis con ríos y valle
"Es un croquis, un mapa -subraya Pilar Utrilla-. Nos ha costado descifrarlo pero creemos que no hay duda posible. Quien lo hizo plasmó en la piedra ríos que van y que vienen, la montaña que hay justo enfrente de la cueva, y que actualmente se llama de San Gregorio, los afluentes que recibe el río y los animales que hay en la zona. Representó el paisaje concreto que se ve desde la cueva y una serie de signos ojivales a los que parecen llegar senderos".
La interpretación de esos signos ojivales que aparecen en diversos lugares del croquis está abierta, pero quizá sea la clave de todo. "No podemos saber a ciencia cierta qué significan -subraya Pilar Utrilla en Heraldo de Aragón-, pero está claro que tenían importancia para los hombres que poblaron la cueva. Quizá eran zonas adonde iban a recoger setas, o huevos de pájaros, o sílex para elaborar sus herramientas. No parece que la piedra tenga ningún sentido religioso. Parece más bien un croquis, un mapa realizado allí y que dejaron también allí quizá para acordarse de algo en una nueva visita. Marcaron en el mapa una serie de puntos que querían recordar más adelante. Hay que tener en cuenta que la gente que pobló la cueva en el momento en que se grabaron esas piedras venía de la vertiente norte del Pirineo, en la zona de Aquitania. Lo hemos descubierto porque trajeron con ellos pieles de antílope saiga, que no se ha documentado en la Península".
El relato de un cazador
Otra posible interpretación es que fuera el dibujo de un relato, que un pequeño grupo de cazadores, mientras habitaba la cueva en sus labores de ojeo, entretuviera la espera relatándose sus hazañas. Y que uno de ellos, especialmente dotado para el dibujo, grabara en la piedra uno de sus relatos.
En cualquier caso, el mapa está ahí. Apareció en el mismo nivel arqueológico que otra piedra que llevaba carbón adosado, y por eso se ha podido fechar con exactitud: tiene 13.660 años de antigüedad, en fechas calibradas. "En toda Europa occidental no hay nada igual -concluye Pilar Utrilla-. Tan solo en Europa Central, en la antigua Checoslovaquia, se han encontrado grabados en hueso similares a los de la cueva navarra".
Para llegar a estas averiguaciones han utilizado medios audiovisuales, microscopios y escáner en tres dimensiones, entre otras técnicas, siempre sin entrar en contacto directo con las piedras para no dañarlas.
Utrilla ha dirigido diez campañas de excavaciones en la cueva ulzamesa en dos series, una entre 1976 y 1979 y otra entre 1988 y 1996, éstas con la codirección de Carlos Mazo.
La amenaza de que el embalse de Arraitz anegase la cueva llevó a extraer en en los últimos años de las excavaciones la mayor cantidad de información posible.
"Desde entonces hasta hoy -añade Pilar Utrilla- no hemos vuelto a excavar. Aunque nos quedan los niveles más antiguos, de hasta 50.000 años de antigüedad, el Gobierno de Navarra ya hace tiempo que ha suspendido la arqueología de investigación, y solo financia las urgencias. Así que falta por completar el trabajo".
El artículo de Journal of Human Evolution lo firman Pilar Utrilla, Carlos Mazo, Mari Cruz Sopena, Manuel Martínez-Bea y Rafael Domingo, todos ellos del Grupo de Investigación Primeros Pobladores del Valle del Ebro, del Departamento de Ciencias de la Antigüedad (Prehistoria) de la Universidad de Zaragoza.
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Juan José Esandía Huárriz, muestra un pasadizo de la cueva.
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