"El Camino es sacrificio, por eso no creo que sean unas vacaciones baratas", según el prior
SETECIENTOS setenta y seis kilómetros. Eso es lo que tienen por delante alrededor de mil doscientos peregrinos que pasaron por Roncesvalles el pasado fin de semana: 773 el sábado y casi quinientos ayer, a falta de la cifra exacta. Según la ficha que cada uno de ellos rellenó al pasar por la Colegiata de Roncesvalles, la motivación puede ser religiosa, deportiva, espiritual, cultural u otra.
Pero detrás de cada una de esas opciones marcadas al recoger la credencial de que uno ha pasado por Roncesvalles en su camino a Santiago hay una historia, unos planes, y unas expectativas diferentes. "El Camino conlleva mucho sufrimiento y sacrificio, para hacerlo hay que estar convencido", opinó Jesús Idoate, el prior de la Colegiata de Roncesvalles. "Hay que tener en cuenta que, además de primero de agosto, era fin de semana", continuó.
Lo que definitivamente descartó Idoate es que los peregrinos buscaran unas vacaciones baratas por la crisis: "Es mucho sacrificio, y eso de normal la gente no lo aguanta, a no ser que uno sea joven, que son los que siempre se echan la mochila a la espalda". Como ejemplo, el hecho de que la noche entre el sábado y el domingo fue tal la avalancha que unas 150 personas no encontraron plaza en Roncesvalles y se vieron obligados a dormir en el frontón Jostaleku de Burguete.
Preparados
Descartada la simple búsqueda de unas vacaciones baratas, las razones son otras. Algunos tratarán de hacer todo el camino, a pie o a golpe de pedal. Es el caso del gallego Celestino Barros Pena, de 41 años, que hoy comienza su peregrinaje gracias a que un caballero de la orden de Santiago le convenció, según contaba. Ayer ponía a punto su bicicleta ayudado por su amigo de la universidad Miguel Ángel Brea López, que le acompaña en muchos viajes; pero no en este. "Lo voy a hacer solo, necesito desconectar y encontrarme", explica. Y por eso pretende llegar hasta Santiago, cuando pueda. Para prepararse recuerda una regla de oro de los que, como él, son abogados: "El tiempo se venga de las cosas hechas sin su consentimiento".
A buen ritmo, los catalanes Iosu Aleix Domenech, Mireia Vidal Villaero y Sergi Cuerda García, todos ellos estudiantes universitarios, pretenden alcanzar el Finisterre; el fin el mundo. Por eso les molestaba no haber llegado a tiempo a la mañana. "Eran las dos menos diez, y aunque en teoría cerraban a las dos, no nos han dado la ficha. Ahora tenemos que esperar hasta las cuatro, y sólo entonces podemos continuar. Pensábamos llegar hasta Zubiri, pero no sé dónde nos quedaremos", se quejaba Aleix Domenech, quien al menos estaba preparado para estos contratiempos, llevando la tienda de campaña en la mochila. La culpa de esta excursión que durará hasta el 4 de septiembre es precisamente de Domenech, que ya había hecho el Camino antes y convenció a sus amigos.
Sin tanta prisa comienzan cuatro amigos que viven dispersos por el mundo: el matrimonio compuesto por Ángel Tellaeche Celaá y María Luisa Ozaita Andrés, de Barakaldo, que viajan junto a Jean François Cleaver, un francés afincado en Brasil, y María Ángeles Hernández Vázquez, burgalesa. Han aprovechado sus vacaciones para reunirse y, de paso, cumplir un anhelo; hacer el Camino. "Tenemos sólo diez días, así que haremos las etapas que podamos. Intentaremos llegar, al menos, a Logroño", comentaba María Ángeles Hernández.
Con mucha más planificación comenzaron ayer en San Juan de Pie de Port las hermanas de Badajoz Carmen y Teresa Garrido García, de 26 y 18 años, un peregrinaje familiar junto a su padre, tíos y primos. Para ellas es la novena vez que se echan la mochila al hombro con el objetivo de llegar a Santiago, aunque nunca antes habían pasado por Roncesvalles. "Hemos probado varios caminos como el Portugués, el del Norte o el Primitivo, pero el Francés es el que más nos gusta, es la primera vez que lo comenzamos desde San Juan", relataba Carmen. La experiencia es un grado, y tenían su consejo particular, como este de Teresa: "Poca ropa, se puede lavar, y lo mínimo en la mochila. Por ejemplo, mi padre siempre me grita porque en vez de el jabón Lagarto siempre me llevo el suavizante, el champú... y ocupa una barbaridad".
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Una multitud de peregrinos esperan a recoger su credencial en la Colegiata de Roncesvalles. CALLEJA
Alrededor de 1.200 peregrinos han pasado por la Colegiata de Roncesvalles este fin de semana, que ha coincidido con los dos primeros días del mes de agosto y con el comienzo de las vacaciones para numerosas personas.
Al fondo, de izda. a dcha: Jean François Robert y Ángel Tellaeche. Primer plano, de izda. a dcha: Mª Ángeles Hernández, y Mª Luisa Ozaita. CALLEJA
Desde Badajoz, la familia Garrido, de izda. a dcha: Carmen Garrido, Herminia Arrazola, Francisco García, Juan Santiago Garrido, Juan Fco. García, y Juan Santiago Garrido. CALLEJA
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