Creció sin padre, perdió a su madre y su vida es dura como la de muy pocos. Pero Carlos Aranda ha renacido de sus cenizas y busca la estabilidad en Osasuna. Está seguro de que la encontrará
Intimida. El rostro serio, la mirada oscura, el gesto duro. Carlos Aranda no se disfraza, es como es. Y ha vivido mucho. Su vida es dramática, sin comillas, con todos los ingredientes: drogas, robo, cárcel, muerte. Siempre en problemas, siempre intentando salir de ellos y volviendo a caer. Sus caídas han sido dolorosas, pero ya son pasado. Ha fichado por Osasuna después de lo que él llama rehabilitaciónen Soria. Es otro, pero es el mismo.
Cuando te pones delante de él no sabes cómo empezar. Y más si conoces tanto de su vida, pero nada de él. Su madre, drogadicta, murió de cáncer cuando él era un niño. Su padre les abandonó y perdió con él una relación que ahora ha retomado, pero con otra dimensión, la de la amistad. Vio morir a un amigo asesinado por un navajazo. Robó una moto y fue pillado. Las salidas nocturnas fueron su rutina en sus inicios como futbolista. Para colmo, una acusación de blanqueo de dinero, detención incluida, en 2007. ¿Quién da más?
Aranda es un guerrero, pero sus palabras en esta entrevista transmiten deseos de vivir en paz. Y que Osasuna se beneficie de su nueva etapa.
Repasar su carrera lleva un buen rato. Una carrera larga y curiosa, en la que parece que siempre ha vuelto a Soria.
Sí, es mi sitio de rehabilitación -sonríe-.
Llega a Osasuna con 28 años, cumple 29 este lunes, un excelente edad para jugar, pero parece un veterano con su trayectoria.
Sí, porque empecé muy joven.
¿Y le resulta fácil recordar todos sus equipos?
Por lo menos en seis o siete he estado. Albacete, Real Madrid, Villarreal, Murcia, Sevilla, Granada 74 y Numancia.
Y Osasuna, donde espera estabilizarse.
Sí. Espero estar dos o tres años en la misma ciudad. Dos mínimo. Estoy cansado de viajar de un lado para otro y para otro. Yo creo que aquí voy a encontrar la estabilidad que busco.
Empezó tocando fuerte en el fútbol, siendo campeón de la Champions.
Tuve la suerte de participar en dos competiciones de Champions y dio la casualidad de que el Madrid ganó la Copa de Europa. No jugué la final ni nada, pero estuve en las celebraciones y, quieras que no, el día de mañana será un orgullo, sobre todo decir que jugué en el Real Madrid.
Pero empezar tan fuerte, ¿es bueno?
Es bueno, pero un delantero va por rachas. Unas veces te va bien y otras no entra la pelota. Yo creo que en mi caso la edad ha hecho mucho.
La inmadurez.
Sí. Hasta los 24 o 25 años yo era bastante inmaduro. Tenía buenas condiciones, pero era inmaduro, no me alimentaba como me tenía que alimentar, no me entrenaba como me tenía que entrenar. Ahora con la edad te das cuenta. Ya me gustaría tener esta mentalidad con 20 años.
¿Se arrepiente? ¿Siente que tenía que haber aprovechado antes su oportunidad?
No me arrepiento. A mí me lo ha dado la edad, me lo han dado los palos. A lo mejor otros con 20 años tienen la cabeza en su sitio, pero mi situación ha sido la que ha sido y ya está.
¿Cómo se lleva psicológicamente superar una carrera tan inestable?
Lo supero porque soy consciente de lo que puedo dar en un campo de fútbol y cuando veo las orejas al lobo aprieto un poco más. Te das cuenta que hay apretar siempre. Y antes me pasaba eso, que me relajaba mucho, no entrenaba cuando tenía que entrenar, no descansaba cuando tenía que descansar, y eso me pasaba factura en forma de lesiones, en perder la titularidad, todo. Cuando me salió la oportunidad del año pasado, dije: Esto ya no se me escapa. Los años que me quedan de fútbol quiero aprovecharlos.
A Osasuna llega ¿con peso en la espalda, o fresco?
Llego fresco. No me arrepiento de lo que he hecho porque en cada momento he hecho lo que he querido y soy como soy. Y creo que a Osasuna llego en mi mejor momento, en ganas y en mentalidad.
Sabrá lo difícil que es triunfar para un delantero en Osasuna. ¿Le presiona?
No. Vengo con muchas ganas, con la mente limpia y mucha experiencia en el fútbol. Por ejemplo, el error que cometí en Sevilla de inmadurez, de no apretar los dientes cuando los tenía que haber apretado, aquí no me va a pasar. Si algo tengo claro es que tengo confianza en mí mismo.
Dice que no es tímido, pero se le nota reservado.
Sí, pero tímido no. Vengo de Andalucía y la gente del sur somos poco tímidos. Sí que soy reservado cuando no conozco a una persona, pero cuando la conozco hay mucho cachondeo.
Para haber estado en tantos sitios, no pierde el acento.
No, ni lo quiero perder. Me gusta mucho el acento de mi tierra. Me fui con 16 años de Málaga, pero sigue ahí.
Todos conocemos a Aranda deportivamente y no sé si para su desgracia o porque es inevitable, también muchos aspectos de su vida.
Se sabe lo que se tiene que saber. Tengo las ideas claras, sé cómo soy. Cada uno que piense de mí lo que quiera. Lo importante es lo que haga en el campo. Si lo hago bien, todo se olvida.
¿Cuesta superar aquella etapa? Hace continuas referencias a lo mal que se cuidaba. ¿Se rodeó de malas compañías?
Todo era inmadurez. Me rodeo de las mismas personas que antes, pero ahora soy el que elijo mi camino y lo que tengo que hacer. Antes elegía también, pero elegía mal. Las personas que me rodeaban me acompañaban, pero porque yo les decía. El problema era yo, no los demás. Yo era el que tenía ganas de vivir, un chaval con dinero, que no sabía administrarlo bien, que se lo gastaba en fiestas, en viajes, en coches, en tonterías. Cosa que ahora no me pasaría.
¿En qué se gastó el primer sueldo?
En un Audi A3. Y no tenía ni carné.
¿Y había cumplido los 18?
Tenía 18, pero me lo estaba sacando. Era mi ilusión tener ese coche y me lo compré.
¿Su dura infancia le ha forjado el carácter?
No. Mi carácter viene de familia, que es de carácter fuerte. Eso viene de nacimiento. También marca que cuando jugábamos en la playa al fútbol, los grandes nos daban patadas a los pequeños y nos picaban. Eso marca el carácter. Yo lo tengo dentro y fuera del fútbol. Hay gente que lo tiene sólo en el fútbol. Tú ves a Raúl y en su vida es una persona muy normal, pero en el campo tiene muchísimo carácter. Yo creo que hay que tener las dos cosas.
¿Le ha dado muchos palos la vida?
Sí, pero de todo se aprende. A lo mejor si no me hubiera dado esos palos, ahora no estaría aquí. Otros habrían dejado el fútbol. A mí me ha hecho abrir los ojos y aprender.
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Carlos Aranda, ayer, en el campo de golf del hotel Montecastillo de Jerez. MIKEL SAIZ
Aranda firma un autógrafo a un niño con la camiseta rojilla. MIKEL SAIZ
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