Multitudinaria despedida a la Comparsa en el segundo año de la nueva Estación de Autobuses
TIENE toda la colección, la Comparsa completa. Y ayer se llevó los gigantes a la despedida. Marcos Pinilla Remírez, pamplonés de 2 años, esperaba, muñecos en mano, a la entrada de la Estación de Autobuses la llegada de los personajes más queridos de las fiestas -junto a San Fermín- por grandes y pequeños, en compañía de sus padres y de su hermano David, de 4 años.
Como ellos, cientos de familias se acercaron a uno de los actos más multitudinarios de los Sanfermines, el adiós a la Comparsa de Gigantes, Kilikis, Cabezudos y Zaldikos, 25 figuras de cartón piedra que cobran vida cada día gracias a unos cien voluntarios.
Ya a la una y media comenzaban a llegar los primeros niños y mayores tanto a la entrada de la estación, junto a la rampa de acceso, como en la dársena subterránea. Como Oier y Amaia Etxeberria Ozcoidi, de 7 y 5 años, respectivamente, que acudieron con su padre, Oskar Etxeberria Uharte. "Venimos siempre que podemos", comentaba éste, mientras la pequeña Amaia mostraba su pañuelico con el retrato de su kiliki preferido, Caravinagre, y su hermano contaba que el día anterior le habían zurrado "dos veces".
Por segundo año consecutivo, la tradicional despedida tuvo lugar en la nueva Estación, tras 34 años celebrándose en la antigua. Un escenario diferente pero donde se vivieron momentos tan emocionantes como siempre. No faltó el calor, pese a tener temperaturas más agradables que en días anteriores.
Cariño, besos y chupetes
Gritos de cariño y despedida acompañaron a los Gigantes y al resto de la comitiva mientras bajaban, hacia las 13.45 horas, por la rampa de Yanguas y Miranda rodeados por cientos de personas -y como siempre, Caravinagre fue el más aclamado-, cuando kilikis, cabezudos y zaldikos lanzaron montones de caramelos desde un escalón ubicado en el centro de la dársena y cuando los ocho Gigantes bailaron y giraron como locos al son de las gaitas.
Eso sí, para algunos fue su primera vez. Como Andoni Iturain Castera, de 3 años, vecino de Sarriguren, y que aseguraba "no" tenerle miedo a la Comparsa, al tiempo que su madre, Idoia Castera Larrea, le contradecía negando con la cabeza y la sonrisa en los labios.
Y es que la alegría y la fiesta no dejaron ni un momento de vibrar a lo largo de la hora y media que duró la despedida, pese a la tristeza de decir adiós, hasta la próxima, hasta pronto, a amigos tan queridos. "Hoy es el último día y me da pena", reconocía Oier Etxeberria Ozcoidi.
Todos, grandes y pequeños, disfrutaron de lo lindo besando a los gigantes cuando éstos se agachaban, colgando chupetes en sus manos -cada día se recogen cientos y son un símbolo para los niños de "hacerse mayores"- y viéndolos bailar, besarse y hasta perseguirse.
Además, cada vez que se tomaban un descanso, hijos, padres, tíos, abuelos... aprovechaban para sacarse fotografías con ellos o para meterse bajo sus faldas. Poco después de las tres y cuarto de la tarde, la Comparsa bailó "Adiós con el corazón" y puso el punto y final.
Mientras el público abandonaba poco a poco la estación, en el almacén los 25 personajes descansaron por fin. ¡Hasta el año que viene...!
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"Caravinagre", el más popular y querido kiliki, a pesar del nombre, saluda y se despide del público que esperaba en la entrada de la Estación de Autobuses. M.J. CASTILLEJO
Marcos Pinilla Remírez, de 2 años, acudió con sus Gigantes de plástico. M.J.C.
Meterse bajo los Gigantes, un recuerdo que no tiene precio. NOEMÍ LARUMBE
Una niña junto al montón de chupetes recogidos sólo ayer por el rey europeo. M.J.C.
Una mirada infantil un poco triste y de despedida a los personajes más queridos, junto a San Fermín, de las fiestas. NOEMÍ LARUMBE
Adiós, adiós, hasta el año que viene, hasta las próximas fiestas... NOEMÍ LARUMBE
Dos niñas con zaldikos ya guardados, ante un cartel del 150 º aniversario. M.J.C.
Un chaval vestido de zaldiko. Detrás asoman ya los Gigantes. NOEMÍ LARUMBE
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