D ANIEL Jimeno Romero se cayó al suelo, empujado por otros dos mozos que, como él, querían fabricarse un espacio delante de los cuernos de dos toros de Jandilla y, a partir de ahí, respetó a la perfección la tabla de mandamientos del buen corredor del encierro. Ésa que reza que, si te vas al suelo, no te levantes, pues si lo haces te convertirás en presa fácil de un astado que pueda llegar en carrera por detrás o puedes obstaculizar a otros corredores.
Daniel Jimeno se arrastró rápido por el suelo hasta el vallado que tenía al lado, el derecho, sin poner en riesgo a nadie y para ponerse a salvo él. Logró lo primero; lo segundo, no. Los toros no saben leer, por lo que desconocen tablas de mandamientos ni, por ello, pueden distinguir entre los buenos y los malos corredores. Cuando se deciden, van a hacer daño a todos, sean como sean. Se defienden así y son incontrolables. Capuchinohincó su pitón en el cuello del de Alcalá de Henares y le propició una cornada mortal.
Todavía no he leído, ni he oído, que Daniel Jimeno, habitual en los encierros de Pamplona desde hace 7 años, aplicó el manual de forma sobresaliente y, pese a ello, encontró la muerte. Que fue una desgracia. Un infortunio. Y hasta ahí. A cambio, sí que he leído y oído que los encierros de San Fermín no son demasiado seguros y que incluso la muerte del joven se debió a fallos organizativos, escrito y dicho por medios de comunicación nacionales con sede central en Madrid. He leído en un editorial que "en ocasiones de máxima tensión también se echa en falta alguna vía de escape para los mozos, ya sea en forma de burladero o de valla de seguridad a la que poder encaramarse". ¿Una valla como ésa a la que el joven madrileño se agarraba mientras el toro le hería? Y he leído que el minuto de silencio que se guardó en la corrida vespertina "parece poco luto y revela escasa sensibilidad". ¿Escasa sensibilidad como la de publicar en Internet a pocos minutos de producirse la cogida la fotografía de Jimeno sin ocultar al menos su cara, desangrándose y medio muerto mientras la Cruz Roja le atendía, obviando el riesgo de que sus padres, su hermana, su novia, su abuela o sus amigos se enterasen así de que era su hijo, su hermano, su novio, su nieto o su amigo el que se había ido para no volver?
Ante una muerte como la del pasado viernes, lo mejor es pararse a pensar antes de lanzar ideas y acusaciones al aire como un aspersor. Documentarse y leer la tabla de mandamientos, que Daniel se sabía de memoria.
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