El recinto ferial del Runa ofrece más y nuevas atracciones para todos los públicos
Las barracas de este año abren sus puertas con más atracciones y alguna novedad, como la Montaña Rusa o los Ponis. Así lo han comprobado las parejas, los matrimonios, los padres e hijos, abuelos y nietos, todos con destino al recinto ferial de la Rochapea.
El ambiente festivo da la bienvenida a la muchedumbre: música, sirenas, globos, sonrisas, desorden y poco espacio. Pero a la multitud poco le preocupa toda esa algarabía, porque ha venido a disfrutar de una feria que, a diferencia del año pasado, está exenta de polémica. Muchos de los feriantes que han acudido a Pamplona a través del concurso público son los de toda la vida. Así, instalaciones como la noria vuelven al escenario habitual.
Este año, el recinto ferial ofrece alrededor de unas 80 atracciones, lo que ha provocado que, en contraste con el año anterior, venga más gente. Esto, al menos, es lo que considera Juan Sorroche Sibón, un joven de 21 años que trabaja en la barraca de Telepizza. Según él, "se nota el aumento de la gente respecto al año pasado, y el aumento de atracciones ha ayudado a ello". Además, la afluencia de extranjeros también ha crecido, aunque la mayoría es de Pamplona y comarca.
Aunque haya más gente, no todas las atracciones tienen la misma demanda, depende de la hora: a primera hora de la tarde, hay una numerosa cola en el Dragón o los Autos de choque, mientras que la Barca Vikinga tiene pocos rehenes a su bordo y en La Cárcel todos los presos se han fugado. Un vacío que ha llamado la atención de Juan Jesús Goicoechea García, un técnico en electricidad de 54 años, que lo atribuye a los precios altos. Las entradas oscilan entre 3 y 5 euros. Aunque el recinto ferial de este año es mejor que el del pasado, a Goicoechea le convence más la ubicación de Yanguas y Miranda, "porque está más cerca de todos los sitios". Del mismo parecer es Valeriano Ezkuna, que desde hace cincuenta años asiste a las barracas: "Prefiero la antigua ubicación porque era más completa, las atracciones eran mejores, y, además, estaba cerca de los fuegos. Pero al final es acostumbrarse". Cristina Nieto Segura es de San Sebastián, pero es una asidua de las fiestas, y considera que "la ubicación actual da pie a que vengan más extranjeros, por lo que es menos seguro".
Uno de los problemas suscitados a raíz del espacio del Runa es el daño que puede sufrir el parque, pero como siempre, hay opiniones para todo. Carlos Asiáin Zugasti considera "que se dañará el parque, pero que con el dinero que se recaude se renovará". Otros como Ángel Garzón Fernández juzgan que "la afluencia masiva de gente destrozará el parque".
Si en general el público prefiere el viejo recinto, también hay quien se inclina por la zona del Runa. Ginés Martínez Unés, de 61 años y jubilado, considera que "la ubicación actual es mejor, porque al ser más grande permite que vengan más atracciones". Lleva desde los dos años acudiendo a la cita anual, y lo que le motiva a seguir yendo son los nietos.
A cualquier abuelo le emociona sentir la alegría de sus descendientes, de poder ver como le ocurre a Ginés Martínez, que su nieto disfruta montado en un poni. Y es que este año las barracas gozan de esta novedad, que ha atraído a unos cuantos curiosos. Su dueña, Rosa Rodríguez Parreira, con 50 veranos encima y feriante de toda la vida, cifra el atractivo de su producto en el encanto de los ponis: "Los niños ven muchas películas del oeste, y ahora tienen la ocasión de poder montar en un caballo de verdad". Mientras que algunos ven con buenos ojos la atracción por la belleza de los ponis y el disfrute de los pequeños, otros como Miguel Pérez Juan consideran que "es cruel para los animales, ya que tendrían que vivir sueltos, y no pasar su vida encerrados y rodeados de ruido".
Otra novedad es la Montaña Rusa. Es de las atracciones más deseadas por los usuarios. Una de las responsables es Maricinte Cruz Infante, está satisfecha con el recibimiento que ha obtenido. Sin embargo, los tentáculos de la crisis afectan a muchos ámbitos, y el de los feriantes no es una excepción. Maricinte ve que "ahora las personas dan muchas más vueltas y suben menos a los sitios". Del mismo parecer es Eudika Chico Gómez, responsable de la Churrería Yosune: "la gente compra menos, y algunos a regañadientes". Por su parte, Octaviano Martín Rodríguez es un vecino de la Rochapea. Aunque es de Salamanca, hace más de 30 años que vive en este barrio. Desde siempre le ha gustado dar un paseo todos los día para vivir la fiesta, y ha observado que "este año las atracciones funcionan poco, y en algunas de ellas no hay nadie montado".
Puede que la tormenta económica que azota a la mayoría de los españoles sea un obstáculo para muchas cosas, pero el recinto ferial se resiste a caer. Quizás porque ofrece la oportunidad de evadirse de los problemas; un universo donde las responsabilidades no tienen cabida, en el que la magia se convierte en fantasía y la fantasía en locura; entrar en "el mundo de nunca jamás" donde padres y abuelos se hacen niños y contemplan gozosos junto con sus hijos, aunque solo sea durante unas horas, el hechizo hipnótico de nuestras queridas barracas.
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El recinto ferial de el Runa visto desde el aire. Al fondo queda la Rochapea, con el paseo Anelier en primer plano. CEDIDA
Boomerang, una de las atracciones en plena acción. CORDOVILLA
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