Los populares han llegado al límite de su paciencia y les falta poco para pedir a gritos la destitución del responsable de las cuentas del partido, porque saben que cuando eso ocurra el diputado también dejará la dirección del grupo parlamentario y la presión política les dará un respiro.
Dos posturas
Caerán los dos por el precio de una sola decisión. Ambos comparten el mismo destino político, aunque sus respectivas implicaciones judiciales sean muy distintas. También las actitudes de Bárcenas y Merino ante su partido son diferentes.
Bárcenas se aferra al puesto que ocupa desde hace apenas un año, mientras el diputado segoviano ya ha dicho a sus superiores que cuentan con su disciplinada obediencia.
"Yo estoy a lo que me pida el partido", explica Merino. "Ni el PP ni Rajoy tienen por qué sufrir el más mínimo desgaste", declaró el parlamentario para añadir que "estoy dispuesto a que el partido disponga de mis responsabilidades en el grupo cuando lo considere oportuno".
Jesús Merino es coordinador de comisiones del Grupo Popular del Congreso y lo primero que hizo cuando conoció la decisión del Supremo de asumir el caso Gürtel fue reunirse con el presidente de su partido para poner el cargo a su disposición.
Pero la resistencia de Bárcenas le impide hacer efectiva su dimisión. Por el momento, está a la espera de la cita del Supremo para ejercer el trámite de audiencia en el que confía poder demostrar que las acusaciones que pesan sobre él son falsas o erróneas.
Hombre de partido y político de larga trayectoria, el diputado sabe que cuanto antes salga del foco de la actualidad pública, mejor para su defensa procesal.
Cohecho y delito fiscal
La situación del tesorero es mucho más comprometida, tanto judicial como políticamente. Luis Bárcenas debe afrontar acusaciones de cohecho y delito fiscal y, además, la relevancia del cargo que ocupa compromete gravemente al partido para el que ha trabajado en las últimas décadas. Desde todos los ámbitos, a día de hoy, no tiene a nadie de su parte y todos creen que Rajoy no se atreve a destituirle a la espera de contar con un documento inculpatorio que le permita justificar la pasividad que ha mantenido hasta ahora.
Sólo su predecesor, Álvaro Lapuerta, ha puesto la mano en el fuego por Bárcenas, tanto en público como en privado.
El resto de dirigentes que defienden su continuidad lo hacen para respaldar a Rajoy, pero están deseando, como todos los demás y son muchos, que el tesorero dimita. Así lo reconoció Esteban González Pons esta semana.
El actual tesorero trabajó en la contabilidad del partido al servicio de Manuel Fraga, José María Aznar, Francisco Álvarez-Cascos, Javier Arenas y Ángel Acebes, pero ninguno de ellos ha salido ahora en su defensa, al menos, con luz y taquígrafos.
Dicen en el partido que está "muy dolido" porque le han dejado solo e incluso se ha encarado con algún dirigente destacado porque no le respalda públicamente. La mayoría de los miembros de la actual dirección apenas han tenido trato con él y muchos dicen que no le conocen de nada y se desentienden de sus actividades privadas.
Sus antiguos "amigos" en la organización no se explican el empecinamiento con el que se aferra al cargo. "Su resistencia va claramente en su perjuicio", alega un miembro del comité de dirección, y "el día que abandone la tesorería dejarán de darle la lata los medios de comunicación y eso le ayudará mucho en su defensa procesal", añade.
La llegada de Merino
Jesús Merino, por su parte, es un diputado veterano que se coló entre los jóvenes cachorros que se encaramaron a la dirección del grupo parlamentario en esta legislatura, para escándalo de los que peinan canas en el PP.
Por su discreción, nadie diría que tiene más de tres décadas de ejercicio político a sus espaldas, que la transición le pilló en el Senado como jefe de la secretaría de Antonio Fontán, que ejerció como fontanero de Rafael Calvo Ortega en el Ministerio de Trabajo y que, en la década de los 90, lo fue todo en el Gobierno de Castilla y León.
Está en el punto de mira de la trama Gürtelporque figura en la contabilidad del entramado corrupto, pero él dice que no tiene ni idea de qué pueden acusarle.
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