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CLUB VIRTUAL DE LECTURA DE DIARIO DE NAVARRA

Atxaga se adentra en el paisaje del alma humana

Bernardo Atxaga conversó con los asistentes al encuentro organizado por el Club Virtual de Lectura. "El desafío de cualquier escritor es explorar el alma humana", aseguró el guipuzcoano.

Actualizada Miércoles, 17 de junio de 2009 - 04:00 h.
  • AINHOA PIUDO . PAMPLONA

ABERNARDO Atxaga le gusta hacer una pregunta a sus lectores. La suele lanzar al aire allá donde va. El público que ayer acudió al encuentro organizado por el Club Virtual de Lectura de Diario de Navarra, en la abarrotada sede de la calle Zapatería, no fue una excepción. "¿Qué voz tenía Don Quijote?", les inquirió, aunque no esperaba contestación. Era sólo una manera para hacer reflexionar, para empezar a hablar de lo que a él le gusta: de literatura.

Más allá de su propia obra o de la novela que traía debajo del brazo, Siete casas en Francia, Atxaga habló sobre el proceso creativo, pero también sobre la situación actual del mercado literario o de algunas de sus vivencias en Reno (Nevada), donde ha estado viviendo durante casi un año.

Un espacio con huecos

La pregunta, claro, no tenía respuesta. "Nadie sería capaz de definir la voz de Don Quijote", contestó en alto. Y es que la voz, algo único en cada persona, algo casi "pre-humano" (porque, según recordó, una oveja también es capaz de reconocer el balido de su cordero en medio de una manada) es uno de esos vacíos que deja la literatura. Uno de esos blancos que el lector colorea. "El texto nunca lo dice todo", argumentó. "La grandeza de la literatura es que el lector tiene espacio para añadir, personalizar, completar, de modo que el mensaje se va multiplicando", dijo.

Siete casas en Francia ha supuesto para el vasco el exilio de Obaba, aquel mundo a medio camino entre lo real y lo mágico que ha protagonizado varias de sus obras (Dos hermanos, Obabakoak, El hijo del acordeonista).El "chispazo" que le ayudó a engendrar aquel universo ocurrió en Nápoles, en el Museo Arqueológico. Allí, viendo unos mosaicos de Pompeya que representaban a niños jugando a las tabas, un pasatiempos que el propio Atxaga había practicado de niño, al escritor trazó mentalmente una especie de línea imaginaria de continuidad entre Pompeya y su niñez. "Se me ocurrió contar las historias que yo había vivido de pequeño como si pertenecieran a un mundo antiquísimo, a una civilización milenario", expuso ayer. ¿Y en qué se traduce eso? En muchas cosas. Por ejemplo, hace 1.000 años, nadie sabía lo que era estar deprimido o esquizofrénico. "Puedes decir, por ejemplo, que por la noche soñaba con murciélagos", ejemplificó.

Ése fue el chispazo pero la idea llevaba años germinando en su cabeza. Atxaga, nacido en Asteasu, un pequeño pueblo guipuzcoano, no se sentía "representado" en las historias ambientadas en el mundo rural vasco. "Ni siquiera Pío Baroja, que era un gran escritor, hablaba de lo que yo había vivido", incidió.

En este sentido, una persona del público opinó que en El hombre sólo, en el que utilizaba un lenguaje mucho más realista, el resultado era "mucho peor". "Es probable que Obabakoak fuera superior, pero lo cierto es que no tengo nunca una idea muy clara. Soy ciego ante mis libros, bebo de lo que me van diciendo", admitió el guipuzcoano.

Obaba fue su primera gran idea. Su último volumenes el resultado de una segunda, una observación que le resultaba "molesta". La música de Bach, antes, estaba reservada para ocasiones. Hoy, acompaña la carrera de un jugador de fútbol que atraviesa el césped", contrapuso. "Se habla igual de lo solemne que de un gol, hay una mezcla tremenda de lenguajes", opinó. En esta última novela, el punto de partida es una hija que quiere matar a su madre, y que lo cuenta " con un lenguaje de revista ligera", puntualizó.

Siete casas en Francia está ambientada en la época colonial del Congo Belga, pero es "anecdótico". De hecho, la primera idea fue recrear la historia en los años de construcción del ferrocarril en California. "Yo he querido hacer una fábula". Y la materia prima de esa fábula es "el paisaje complejo del mundo": el alma humana. "Ése es el verdadero desafío para cualquier escritor".

Un año en EEUU

Atxaga avanzó que quiere retomar una novela que elaboró antes que Siete casas en Francia."Está escrita, pero tengo que leerla, y ver si me gusta. Es un momento complicado", apuntó.

Antes, sin embargo, está inmerso en otra obra, Días de Nevada, una especie de recopilación de experiencias vividas en Estados Unidos, donde ha pasado casi un año con su mujer y sus dos hijas. "Espero una plácida escritura. Me resulta más sencillo que la ficción, que es muy dura. Y como sé que en el mercado no puede ser tan competitiva, me da mucha tranquilidad", admitió.

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