22 personas recorrieron ayer el fuerte de Alfonso XII en la primera de las 32 visitas guiadas que tendrán lugar este mes. Durante una hora, vieron las cuadras, capilla, calabozos, edificios de pabellones y de accesorios, el patio o las habitaciones fortificadas
EL fuerte de San Cristóbal abrió ayer sus puertas al público y volvió a estar ocupado desde que en 1991 lo abandonó el último retén militar de vigilancia. Entre las 10.10 y las 11.10 horas, 22 personas participaron en la primera de las 32 visitas guiadas que se van a desarrollar los fines de semana de junio (5 los sábados y 3 los domingos). Todos ellos recorrieron las más importantes instalaciones del fuerte principal.
El fuerte de Alfonso XII, conocido popularmente como San Cristóbal, está formado por tres edificios: el más grande y conocido, situado en el centro, y otros dos edificios, uno en el este y otro en el oeste.
Las explicaciones históricas corrieron a cargo de José Carlos Carnero Ripalda, del Colectivo Cultural Íñigo Arista. Tanto las 8 visitas de este fin de semana como las del próximo están ya completas. Cada grupo es de 22 personas. Para acudir los días 20, 21, 26 y 27 se debe llamar al teléfono 948 273 054.
La visita comenzó en la entrada del fuerte, que fue construido entre 1878 y 1919 bajo la dirección del comandante de ingenieros José de Luna y Orfila. "Tiene un diseño muy novedoso, es octogonal. Al rey Alfonso XII le gustó tanto que ascendió de categoría a De Luna como reconocimiento a su trabajo. En su época, este fuerte era de los mejores de Europa, pero enseguida se quedó obsoleto. Está muy bien escondido y hundido en el monte Ezcaba y muy bien defendido por los fosos exteriores y los fusiles que se colocaban en las murallas. Era casi imposible que un enemigo llegase a entrar andando. Pero todo esto ya no sirvió de nada cuando en las guerras entró la aviación. Es muy fácil bombardearlo desde el aire", explicó.
1.100 soldados
Antes de que el fin principal del fuerte, el de defender Pamplona y la Comarca, desapareciese, la fortificación estaba preparada para albergar a 1.100 soldados que, en caso de guerra, podían subsistir 4 meses sin ayuda del exterior. Para ello, el Ejército compró un manantial situado en Berriozar con el que se abastecía el fuerte, además de con el agua de lluvia. Los depósitos de agua tienen una capacidad de 315 millones de litros.
Aunque en la actualidad el fuerte es propiedad del Ministerio de Defensa, en el año 1934 dependía del Ministerio de Justicia de la Segunda República, que lo utilizó como penal desde la revolución minera de Asturias de octubre.
Durante la Guerra Civil y hasta 1945, el fuerte fue utilizado como cárcel política y desde 1945, como sanatorio penitenciario. "En esta época tuvo lugar una de las fugas más masivas de la historia. El 22 de mayo de 1938, 795 presos se fugaron por la puerta aprovechando que sólo había 6 soldados. Murieron 211 presos", recordó Carnero. A lo que varias personas contestaron: "¿Cómo se fugaron? ¿Por los túneles? ¿Podemos verlos?". El guía aclaró que los túneles construidos en el subsuelo del fuerte comunican los tres edificios que lo conforman y los fosos. "Es un falso mito que el fuerte de San Cristóbal esté comunicado por túneles con la Ciudadela. Sería algo imposible porque hay que atravesar el río".
Una vez aclarada esta duda, los asistentes recorrieron las cuadras en las que se instalaban las mulas de carga, utilizadas para la construcción y el aprovisionamiento del fuerte, así como las letrinas y los tres calabozos de los soldados.
Sin cañones
A continuación, se adentraron en una de las galerías casamatadas. Se trata de un edificio formado por 16 casamatas: habitaciones con una pequeña ventana en la que se colocaba un cañón para defender el fuerte. En el techo podían verse las argollas para sujetar los cañones. En la parte más próxima a la ventana se colocaba el cañón, y en el otro extremo, las habitaciones de los soldados de artillería. Sin embargo, a pesar de estas 16 casamatas orientadas hacia la carretera de Estella y la de Zaragoza, las 9 de la zona este, las 9 del ala oeste y las 27 de la zona norte (61 en total), nunca hubo cañones en San Cristóbal; no dio tiempo a transportarlos al fuerte antes de que perdiese su función defensiva.
De vuelta en el patio, José Carlos Carnero explicó que en el subsuelo existen otras tres plantas. En ellas se encuentran los lavaderos, el almacén de víveres y 16 aljibes que guardaban el agua de lluvia.
La siguiente parada fue "la parte noble de la fortaleza, el edificio de pabellones y el de accesorios, donde se ubicaban la cantina, la sala de visitas, las duchas, la biblioteca, el cuarto de la caldera, las cocinas, el botiquín y la enfermería, así como las habitaciones de los presos". Una de las cosas que más llamó la atención a los asistentes fue el suelo de una de las salas del edificio de pabellones, totalmente cubierto de carbón. "Aunque lo parezca, aquí no hubo ningún incendio. El carbón se utilizaba como aislante y como absorbente de la humedad", explicó Carnero. En el edificio de accesorios también pudieron verse los tres hornos: de leña, de carbón y para fabricar pan.
Capilla y zona "elegante"
La siguiente parada fue la capilla. Tanto su fachada como su interior son blancos, lo que la diferencia del resto de construcciones del fuerte, en las que predomina el gris de las piedras y el naranja de los ladrillos. "Esta es la zona más destacada del fuerte. Junto a la capilla estaban las dependencias del general del fuerte, así como de sus ayudantes, la casa del capellán y la del electricista, una de las personas más mimadas, ya que la fortificación funcionaba con electricidad", relató Carnero.
La visita finalizó en la zona "más elegante". Tras descender unas estrechas, empinadas y oscuras escaleras de caracol, los asistentes recorrieron otras escaleras muy distintas: anchas, iluminadas y regulares. "Todo el fuerte está construido de forma sobria y austera, pero esta es la única licencia que se permitieron, un pequeño capricho para los mandos".
Diariodenavarra.es no se responsabiliza ni comparte necesariamente las ideas o manifestaciones depositadas en las opiniones por sus lectores La discrepancia y la disparidad de puntos de vista serán siempre bienvenidos mientras no ataquen, amenacen o insulten a una persona, empresa, institución o colectivo, revelen información privada de los mismos, incluyan publicidad comercial o autopromoción y contengan obscenidades u otros contenidos de mal gusto.
Diariodenavarra.es se reserva el derecho a decidir las noticias que admiten comentarios de los lectores.
Atención: Tu petición no ha sido procesada correctamente. Comprueba que has rellenado todos los campos obligatorios correctamente y vuelve a intentarlo.
(*) Todas las opiniones que tengan rellenados estos campos pueden aparecer publicadas en el periódico impreso
Los primeros visitantes observan el patio del fuerte de San Cristóbal, situado entre el edificio de pabellones y el de accesorios. J.A. GOÑI
Estas escaleras del pabellón de los altos mandos es el mayor lujo dentro de la austeridad del fuerte. J.A. GOÑI
El edificio del oeste visto desde el fuerte principal, el único abierto al público. Hay otro edificio en el este. J.A. GOÑI
El fuerte está formado por grandes, estrechas y húmedas galerías. J.A. GOÑI
ANDONI JIMÉNEZ ALETXA 27 AÑOS. PAMPLONAAndoni Jiménez Aletxa, pamplonés de 27 años, visitó el fuerte con su madre. "Hace 10 años vine con mis amigos. Pero tenía ganas de verlo bien. He aprendido mucho, pero se me ha hecho muy corto, me he quedado con ganas de ver más zonas".
YOLANDA DÍAZ PEÑA 34 AÑOS. PAMPLONAYolanda Díaz Peña, pamplonesa de 34 años, acudió al fuerte con su marido y sus 2 hijos. "Nunca había estado, tenía muchas ganas de verlo por dentro. Me ha impresionado lo grande que es. Pero da pena no ver más zonas, sobre todo los túneles subterráneos".
JESÚS MARÍA PERNAUT 41 AÑOS. PAMPLONAJesús María Pernaut Salinas, pamplonés de 41 años, visitó el fuerte por primera vez. "Tenía mucha curiosidad. Es algo que todos tenemos al lado de casa de toda la vida. Impresiona lo grande que es. Y es increíble cómo domina Pamplona y la Comarca".
José Ortega Martínez, 41 años. PAMPLONAJosé Ortega Martínez, pamplonés de 41 años, recorrió el fuerte por primera vez. "Quería verlo por mí mismo tras leer varios libros. Da pena lo estropeado y abandonado que está y que no hayan hablado nada de los fusilados republicanos".
RAMÓN LARRAÑETA 68 AÑOS. AIZOÁINRamón Larrañeta Ilundáin, nacido en Aizoáin hace 68 años, acudió a la visita "para recordar". "En 1960 pasé dos meses aquí en la mili. Estaba en la artillería de Burgos, que administraba el fuerte. Y de pequeños la maestra nos traía de excursión".
© DIARIO DE NAVARRA. Queda prohibida toda reproducción sin permiso escrito de la empresa a los efectos del artículo 32.1, párrafo segundo, de la Ley de Propiedad Intelectual