Si tras este partido sigue la misma inquina hacia el Madrid, es que un premio Nobel debe explicar el singular fenómeno
E L primer gol, ése que Iker Casillas quiere coger y no atrapa, porque no quiere coger y se le escapa, fue celebrado por la grada como un tanto de Liga de Campeones, y no era para menos. Después de que el Real Madrid llegara por primera vez puerta y marcara con inusitada facilidad, la cantada de Iker Casillas devolvía la esperanza y la vida. Abría las puertas de la permanencia. Decía que resultaba posible. En el campo, no había espacio para más consideraciones.
Era preciso seguir aupando al equipo, porque el segundo gol debía llegar por lo civil o lo criminal. Y llegó en la mejor jugada del partido, el zapatazo de Juanfran.
Antes, Marcelo había puesto el segundo acto. El correcaminos de la banda izquierda tuvo un disparo franco al hueco de la portería de Ricardo y, contra todo pronóstico, en vez de tirar a gol, prefirió pasar el balón hacia atrás. ¿Es que no quiso marcar? Es un hecho que el Real Madrid no mandó un balón entre los tres palos en todo el partido, a excepción de una falta lanzada por Rafael Van der Vaart.
Porque el holandés fue el blanco que más ganas le echó, junto a Lass Diarrá. Ambos formaron la línea del centro del campo, es decir, llevaron el peso en defensa y ataque, y rompieron todos los cuantakilómetros de su equipo. El resto del conjunto madridista se limitó a cumplir con más pena que gloria, sin buscar protagonismos, escondidos en el anonimato. No les iba nada en el envite, pero a priori resultaba difícil pensar que efectivamente les iba tan poco.
El Real Madrid dejó jugar a Osasuna casi a placer. Si después de este partido sigue la animadversión al Real Madrid es como para llamara a un premio Nobel para que explique el fenómeno. Si hasta ayer había sido el club que más favores ha hecho al navarro, a partir de hoy puede presumir también de haberle dado la vida.
Además, por si había alguna duda, Fernando Teixeira Vitienes hizo una labor de las de enmarcar, de las de recordar. Si lo árbitros tenían cuentas pendientes con Osasuna, el cántabro saldó todas.
¿Osasuna? Puso todo, lo dio todo. Nada que reprochar. Jugó a fútbol, creó ocasiones, y hasta mereció más goles. Pero no se puede obviar al rival que tuvo enfrente, que además terminó con nueve. Vamos, un amigo.
Lo importante era la salvación, aunque lllegara de penalti inventado y en el tiempo de descuento. Efectivamente, llegó y hay que celebrarla por todo lo alto. Pero Osasuna no puede vivir así, de los demás. Hay una mínima diginidad.
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