El domingo disputará, si Camacho le sigue dando continuidad, su partido número 386 con Osasuna, 249 en Primera
César Cruchaga. Lo deja. Se va. Se retira. No sigue. Cuelga las botas. Aunque parezca mentira, a partir del 1 de junio, Osasuna caminará sin él, sin el 7, sin su capitán, sin el símbolo de una generación, sin el estandarte de un equipo. La noticia era conocida desde el principio de la temporada, pero el defensa navarro quería mantener el secreto -tarea difícil- hasta que el equipo estuviera salvado y evitar así descentrar la atención informativa del objetivo primordial. No ha podido ser.
Osasuna se ha empeñado en darle emoción a su continuidad en Primera y, de paso, a la despedida de su capitán, y Cruchaga no ha podido retrasar más su adiós.
Será hoy, a las 12.30, después del entrenamiento. El zaguero rojillo hará oficial su retirada oficial como futbolista profesional después de toda una vida unida a un sólo equipo, Osasuna. Mañana, las peñas presentarán su homenaje, que tendrá lugar en Peraltael día 13 por todo lo alto.
Desde que hace 15 años hizo su primera pretemporada con el primer equipo, entonces dirigido por Chechu Rojo, Cruchaga ha sido una presencia básica en el club. Superó una cesión a Gavá de la que, lejos de amargarse, guarda grandísimos recuerdos y amigos, y, desde entonces (1997), ha ido construyendo una carrera seria, ascendente, regular y, sobre todo, comprometida con el equipo de su corazón, en unos tiempos donde es tan difícil de encontrar jugadores unidos a una camiseta.
Alegrías y tristezas
Dice adiós hoy un hombre que siempre recuerda el ascenso como la mayor alegría de su carrera, porque la consiguió con un grupo de compañeros y amigos con los que tantas penurias de Segunda había compartido.
Subir a Primera fue para este mocetón de Ezcároz un sueño, el mismo sueño de todo el osasunismo reflejado en esa celebración inolvidable de la Plaza del Castillo. Por eso, aunque después haya vivido los mejores años de la historia del club, y haya compartido vestuario con jugadores de mucho más renombre, César sabe que fue gracias a aquel ascenso por lo que ahora Osasuna ha podido vivir tantas cosas maravillosas.
Y por eso, César Cruchaga quiere decir adiós hoy, tras defender 385 veces a Osasuna (si Camacho quiere, serán 386 el domingo), pero quiere decir adiós dejando al equipo en Primera, que es donde quiere ver a su Osasuna cuando él juegue sus últimos segundos como rojillo.
Después, colgará las botas y el equipo tendrá que caminar sin él, una tarea difícil, porque seguramente nadie, ni siquiera él, sabe lo importante que ha sido este hombre en Osasuna. Es la hora de la despedida de un grande y su huella será imborrable.
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Cruchaga no volverá a ponerse las botas a partir del domingo. J.A. GOÑI
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