La Casa de Misericordia de Pamplona ha organizado visitas a la plaza de toros. Ayer, el primer grupo se adentró en el interior del coso y accedió a los corrales, visitó la enfermería y conoció la capilla
OCHENTA y siete años después de su inauguración, la plaza de toros de Pamplona acogió ayer la primera visita guiada, organizada como tal, por la Casa de Misericordia, propietaria y gestora del coso desde 1922. Una veintena de personas pisó ayer la arena, se adentró en los corrales y conoció los entresijos de los chiqueros y la enfermería, cerrados a cal y canto hasta el próximo 5 de julio, fecha del primer festejo de la Feria del Toro 2009.
La Meca pretende así acercar la historia de la plaza, "parte fundamental, junto al encierro, de los Sanfermines", según explicó ayer el relaciones pública de la institución y guía durante la visita, Miguel Ángel Alústiza. Para quien no quiera perder la oportunidad de sentirse en el centro del ruedo, de comprobar in situ la anchura del callejón y sus gateras, construidas en 1976, o de comprobar lo que siente un doblador cuando lleva hasta los corrales a un toro, la Meca ha programado otras tres visitas los días 5 y 19 de junio y el 14 de agosto al precio de 4 euros por persona.
"Es curioso comprobar y ver lo que siempre hemos visto desde fuera en San Fermín. Nos ha gustado esta posibilidad de conocer la plaza", comentó Cati García, que acudió junto a su marido Carlos Garde y su hijo Xabier, de 5 años. Los tres, junto al resto de visitantes, pudieron entrar a uno de los puntos infranqueables e inaccesibles antes de las corridas: la capilla de la plaza, donde se amontonan, junto a una imagen de la Virgen, decenas de estampas de santos ante las que rezan los toreros.
También fue posible visitar la enfermería en la que médicos como Juaristi, Armendáriz, Ortiz o Hidalgo han salvado la vida a corredores del encierro o toreros malheridos por las cornadas. En la enfermería luce un panel con todos los pañuelos de las peñas y un San Fermín, similar al que cantan los mozos antes de cada encierro.
Lupe Elizagaray y su marido, Guillermo Sotés, pamploneses, también disfrutaron de la visita y tomaron fotos en las distintas estancias. Uno de los momentos más interesantes fue en la parte alta de los chiqueros, zona a la que sólo acceden durante la corrida los carpinteros encargados de colocar la divisa y sacar los toros a la plaza según su orden de lidia. "En cada chiquero y en el pasillo hay luces independientes, por lo que se encienden o se apagan para llevar a los toros donde hace falta", explicó Alústiza. El responsable de la Meca jalonó la visita con innumerables datos de encierros y corridas de Pamplona. Recordó la última corrida de Manolete en Pamplona (1947), las cogidas mortales del encierro (14) o las recientes reformas acometidas en los tendidos en 2004. La visita, que duró casi hora y media, concluyó en la zona del apartado, donde la Meca ha colocado este año carteles de los 51 años de la Feria del Toro, incluido el de este año, de Rafael Moneo.
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Visita de vuelta al ruedoMiguel Ángel Alústiza muestra a los visitantes el acceso a los corrales desde la plaza. Al fondo, la puerta de entrada del encierro. JOSÉ ANTONIO GOÑI
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