Roberto, que ayer evitó que Osasuna encajase varios goles, tiene tres manías: salir con la pierna derecha al campo, colocar una toalla que le regalaron con el escudo del club y su nombre en el palo izquierdo y llevar tres pares de guantes.
EL deporte se presta especialmente a las manías, las supersticiones y las fobias. Un vestuario encierra decenas de ritos que se repiten una y otra vez en la creencia de que siempre traerán suerte. Roberto, el guardameta de Osasuna, tiene tres manías confesables.
En la bolsa de viaje del de Chantada nunca faltan tres pares de guantes, que nada tienen que ver con aquellos Mikasa amarillos con puntitos de goma que se puso por primera vez cuando ni siquiera pensaba en vivir de esto. Con unos calienta, con otros juega el partido y el tercer par lo guarda por si acaso le surge algún problema con los otros. Mejor prevenir que lamentar.
Cuando sale al campo lo hace siempre con el pie derecho y, por último, deja junto al poste izquierdo una toalla roja que le regalaron con el escudo de Osasuna y su nombre (Rober) bordados. La misma con la que ayer se frotaba la cara con incredulidad mientras enfilaba el camino de la ducha. No podía creerse que después de parar más de media docena de remates su equipo hubiese encajado la derrota a sólo dos minutos del final.
De Chantada a Zamora
Roberto realizó un gran partido, especialmente en la segunda mitad. El guardameta rojillo hizo ocho paradas, la mayoría de ellas de mucho mérito. Tras el primer gol de Negredo, su auténtica pesadilla en la tarde ayer, Osasuna se descompuso y el Almería se convirtió en un auténtico huracán sobre la portería del gallego. Y Roberto lo sacó todo. Una mano por aquí y otra por allá en un alarde de reflejos bajo palos que sirvió para que el equipo siguiese vivo. Hasta 18 intervenciones sumó el portero de Osasuna, que ayer recibió su gol número 25 en Primera División (el primero de Negredo).
Aunque no aparece en la lucha por el Trofeo Zamora porque sólo ha jugado 22 de los 31 partidos de Liga, los números sitúan a Roberto como el cuarto portero que menos goles encaja de Primera División con una media de 1,18 goles recibidos por encuentro. Sólo le superan Víctor Valdés en el Barcelona (0,80), Palop en el Sevilla (0,93) e Iker Casillas en el Real Madrid (1,03).
A pesar de ser su primera temporada en Osasuna y en la máxima competición, lo cierto es que Roberto ha encajado en la peculiar filosofía del club y ha conseguido desplazar al banquillo a Ricardo, uno de los hombres fundamentales en los mejores años de Osasuna. No era tarea fácil, pero nada parece poder interponerse en el camino de un jugador que tuvo claro que quería abandonar el club de sus amores, el Sporting, para encontrar estabilidad en Primera. A pesar de su inexperiencia en Primera ha sabido reponerse a momentos duros como los del Bernabéu, el peor escenario posible para fallar, y seguir adelante. Ayer jugó bien, pero en las malas rachas le gusta cambiar de guantes para romper el gafe. Los de ayer eran azules. ¿Los del miércoles?
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Roberto se retira contrariado con su bestia negra, Negredo, a sus espaldas. JOSÉ CARLOS CORDOVILLA
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