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Las heridas de Roubaix

Imanol Erviti, que se cayó 4 veces, y Urtasun, que llegó fuera de control, relatan su "Infierno"

Actualizada Martes, 14 de abril de 2009 - 04:00 h.
  • L.GUINEA . PAMPLONA

La resaca de la París-Roubaix sólo se cura con descanso. Un día después de traquetear durante más de seis horas por los adoquines empieza a pasar la factura de un esfuerzo sobrehumano. Dolor en las articulaciones, manos ligeramente hinchadas, sensación de organismo vacío y de una terrible paliza. Así estaban ayer los dos navarros que participaron el domingo en el Infierno del Norte.

Pero la Roubaix de Imanol Erviti (Caisse d"Epargne) y Pablo Urtasun (Euskaltel) encierra otras claves, otras historias. Son éstas.

Erviti rompe la bici antes del pavés. Imanol Erviti montó para la Roubaix un cuadro Pinarello de ciclocross con el que afrontar mejor el pavés. Sin embargo, antes de que se afrontara el primer tramo de adoquinado se produjo una gran montonera. Cuando recogió su bici, la rueda delantera se cayó al suelo, la horquilla estaba seccionada.

"Cuando me fui a montar la rueda delantera se fue al suelo. La horquilla estaba rota. Vino el coche de equipo y me dieron la bici de repuesto, la Prince de carbono, a partir de ahí fue correr todo el día a la contra, persiguiendo", explicaba.

La semana infernal de Urtasun. Pablo Urtasun afrontó el Infierno en unas condiciones que no eran las mejores. En la semana previa a la carrera estuvo dos días con diarreas y otros dos sin poder comer en condiciones.

"Hasta el jueves no hice un entrenamiento en condiciones. En Flandes hice 205 kilómetros y a la Gante Wevelgem salí a correr casi con un café y sufrí mucho. La Roubaix hasta el primer tramo de pavé es una carrera que se va a mil, y hay mucha tensión. Luego...", relata Urtasun.

Erviti se cae otras tres veces, pero no pincha. Imanol Erviti se fue al suelo en otras tres ocasiones. En el tramo Bernard Hinault se fue a un sembrado, dio vuelta de campana y no le pasó nada. En Arenberg tuvo que echar pie a tierra por una montonera y perdió la buena posición. La cuarta vez que se fue al suelo fue después de salir de un tramo y porque su compañero Coyot salió demasiado vivo de una curva.

"Lo curioso es que después de tanta caída no me pasara nada grave, especialmente en la primera que fue una montonera sucia. Otros por mucho menos se han ido a casa con fracturas", apunta Erviti. "Y con todo tenía buenas piernas para ir cogiendo grupos, y así fui hacia adelante".

¿Qué pasa cuando te quedas solo? Pablo Urtasun se quedó descolgado antes de entrar en Arenberg. En el mítico bosque navegó entre coches, y luego consiguió ubicarse en un grupo de 12 ciclistas. Hasta ahí perfecto. Su sorpresa fue que al llegar al segundo avituallamiento, sus 11 compañeros de grupo se bajaron y se metieron en los coches de equipo. Urtasun se encontró solo con 66 kilómetros y con 11 de los 27 tramos de pavés por delante. Todo un mundo.

"Cogí la bolsa de avituallamiento y dije: esto lo termino por cojones. Quería hacer el recorrido completo como fuera y llegar al velódromo. Por la propia carrera y también de cara al futuro", explica Urtasun. "Lo malo es que tenía todo el viento en contra, de cara y cuando me faltaban 40 kilómetros sí que tuve un momento de crisis, dudé en si bajarme o no. Pero con todo el mundo ahí animándote... había que seguir. Ésta es una experiencia que te hace más fuerte psicológicamente, te reafirma".

Aprender a volar en el adoquín. A pesar de los pesares Erviti disfrutó en el Infierno. A partir de la última caída fue cogiendo grupos, gente, y corredores importantes como Devolder, ganador hace una semana de Flandes. Pero al margen de eso para Erviti lo mejor fue la sensación de "volar" en el pavés. "Con los años coges experiencia, te manejas mejor. El pavés lo puedes pasar de dos formas. A 40 por hora o más, que pasas con golpes rápidos, vas como volando sobre el adoquín. Si lo haces 10 por hora más lento, ya coges el adoquín de lleno, en vertical. Son golpes más lentos, secos, son los que hacen daño de verdad. Eso se aprende andando", dice.

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El grupo enfilado en uno de los tramos adoquinadosde la París-Roubaix en la que compitieron dos navarros, Imanol Erviti y Pablo Urtasun. REUTERS


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