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CRÓNICAS DE ASFALTO FRANCISCO JAVIER ZUDAIRE

Uno tose, y el resto tiene pulmonía

Abordado el capitalismo hace meses, vamos con su motor, el capital, en una visión marxista (Karl o Groucho, ustedes dirán). Es lo bueno de las crisis, dan para muchos artículos. A ver quién se cansa antes, ella o yo.

Actualizada Domingo, 22 de marzo de 2009 - 04:00 h.
  • OPINION@DIARIODENAVARRA.ES

E L capital anda mal, y los que somos sus parientes pobres -nos llevamos como una familia mal avenida, ni nos habla- estamos preocupados. No por simpatía, ni empatía, ni, mucho menos, analogía. Simplemente, razonamos, si el capital tose, el resto cogemos una pulmonía. En cambio, si nosotros tosemos, no pasa nada, porque al capital no le tose nadie.

El capital -dicho así, en abstracto, la manera más elegante de abordarlo- ha abusado de su poder, se ha creído imbatible -probablemente porque lo es- y, por un momento, le ha salido la taba culo. Sólo un poco, pero culo al fin. No es irremediable, pasa por una provisional falta de liquidez, ¿y qué significa eso?, pues, a nada física que sepamos, quiere decir que, si no tiene liquidez -gaseoso no lo veo- tendrá solidez, y eso no puede ser tan grave. Su aval de futuro es incontestable: no hay en toda la historia de la humanidad una crisis que haya dado un tajo mortal al capital, en cualquiera de sus formas representado, y si alguien lo ha intentado, él mismo ha acabado, como capitalista de nuevo cuño, resucitándolo. Los cuatro paréntesis históricos de oposición, que iban sobrados de teoría, han sido tan caóticos en la práctica y lo han cubierto de tanta razón y prestigio, que son sospechosos de haber sido ideados por el mismo capital. El corcho en la tormenta, eso es el capital, siempre sale a flote y, además, resulta provocador con su baile sobre las olas mientras el buque se va al carajo abisal. Quienes no somos el capital, aunque vivamos a su vera, poseemos otras acciones que, ya ves, no se cotizan en la bolsa de méritos del parqué, no repuntan ni influyen en el Nikkei. Muchos de cuantos estamos en esta tesitura -bonita palabra, la tesitura, si alguien supiera qué quiere decir- nos hubiéramos hecho magnates del capital en el caso de que se hubiese tenido en cuenta nuestra bolsa de valores, pero si el capital huye de cualquier socialismo, así sea científico, abomina como de la peste del materialismo utópico. Lo que no se toca, no cuenta. Y eso son nuestros intangibles para el capital: utopías materialistas, cosas que no hay forma de meter en el puño, como la estrecha conciencia de pardillo, la credulidad o cualquier otro grano del espíritu. ¿Alguien ha visto un banco que invierta en utopías? Desde luego que no, la única utopía que se permite un almacén de capital es ofrecerte dinero como si te lo diera y no te saliera por un riñón, ésa es su utopía. Algunos incluso pretenden hacerte partícipe de sus negocios, o sea, no partícipe, sino hacerte creer que participas. Eso, más que utopía, es trampantojo de Hollywoodo, como diría mi amigo el pastor, una cabronada para cándidos amapolos. Nosotros hacemos -te aseguran- lo que tú nos digas. Mira, majo, si tú hicieras lo que yo te dijera, no te iba a salvar ni la madre que te parió. Con todo, no es bueno odiar al capital, no es bueno odiar a nadie, porque sufre el que odia y no el odiado. Y con el capital es obligado convivir, otra cosa es compartir, de manera que, paradójicamente, supondrá un alivio la cura de su resfriado en el menor tiempo posible, a ver si de esa forma remite nuestra pulmonía. Más doloroso resulta el hecho de que seamos nosotros quienes tengamos que abonar la medicina. Porque ésa es la conclusión extraída de los movimientos del Gobierno, del Estado y de la madre que los trajo a ambos, empeñados en ponerle inyecciones curativas de miles de millones, dinero de todos, para aliviar al capital de su dolor de cabeza, mientras a nosotros se nos comen los virus de las hipotecas y otras cepas por las patas. Pero no se acaloren. Todo lo expuesto no pasa de ser un abuso de expresión, cosas basadas en cuanto se oye por aquí y por allá, ¿cómo iba a ser de otro modo? Precisamente, la laguna de muchos, y me pongo a la cabeza, es la falta de relación con el capital, el conocerlo sólo de oídas. Jamás me lo han presentado. Y si no lo tratamos, ¿qué vamos a saber de él? Ése es el problema, haberlo visto siempre de lejos, por referencias de terceros, siempre mostrándose esquivo, dando señales de no querer saber nada conmigo. Sólo cuando se han agostado un poco sus liquideces, se nos acerca el capital, a ver si le damos el poco riego que nos queda, se hidrata y rebrota. Pues, mira, ahora es cuando debería ser clasista y buscar entre los suyos a los responsables de este apuro.

Lo que nos importa, al fin y al cabo, no es cómo se recuperará el capital de esta etapa de recesión, que lo hará, sino cómo quedaremos los demás. Para eso, también hay recursos que a mí han servido eficazmente. Cuando algo se ponía crudo, siempre tuve cerca un alma bondadosa dispuesta a perder cuatro segundos en sacarme del atolladero anímico: simplemente, me decía una frase, y yo reaccionaba de inmediato. Como quiero lo mejor para ustedes y que salgan adelante, los estimularé rescatando esa vieja fórmula: Dense por jodidos.

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