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Peces, flores y huevos colorados para recibir el Año Nuevo persa

Siete elementos cuyo nombre inicia por la letra ese deben estar colocados sobre la mesa

Actualizada Viernes, 20 de marzo de 2009 - 09:17 h.
  • AGENCIAS. Teherán (Irán)

Peces de colores, flores, frutos secos y huevos coloreados reciben hoy el año nuevo según el calendario persa, en una fiesta de raíces arias que el pueblo iraní celebra desde hace más de tres mil años. El primer día del año o "Nooruz" es también para los iraníes el día en el que invierno expira, la primavera renace y según el antiguo culto al fuego de Zoroastro, el día que los espíritus bajan a la tierra para examinar la vida de sus descendientes. Por eso, una semana antes de que se celebre, todo el país entra en un frenético ajetreo: se limpian a conciencia las casas y en los días previos se lanzan a las calles en busca de todos los elementos rituales que las distintas religiones han impreso en el Nooruz a través de los años.

"El hatstin es sin duda uno de los rituales principales, que todo iraní sin excepción respeta. Según la tradición, sobre la mesa debe haber siete elementos", explica el catedrático en tradiciones iraní, Mir Yalaledin Kazazi.

Son siete elementos cuyo nombre coincide en comenzar con la letra S en persa.

"Sib" (la manzana) representa la belleza, "Sabze" (la hierba) la vida, "Serke" (el vinagre) la fertilidad, "Senyed" (el fruto seco del árbol de loto) es el amor, "Sir" (el ajo) es la salud, "Somagh" (el molido de unos granos silvestre comestible de color rojo) la felicidad y "Samanu" (una crema hecha del brote del trigo, almendras y azúcar) la prosperidad.

Historiadores y arqueólogos coinciden en señalar que el Nooruz es una festividad de raíces arias que fue establecida por primera vez por el legendario rey Yamshid, de la dinastía Kianian, hace más de 3.000 años.

En el "Shanameh", el célebre libro del poeta iraní del siglo XI Firdawsi que recoge la historia persa, se detalla que una vez atravesado el actual estado de Azerbaiyán, de camino a las mesetas del sur de Irán, Yamshid fue aclamado rey "cuando el sol titiló en su corona al principios de nooruz" o un nuevo día.

"Los iraníes siempre han admirado la luz. Con el nooruz celebramos el inicio de la primavera, justo el día en que la noche y el día durán lo mismo, lo que se considera un buen augurio", agrega Kazazi.

En el año 538 antes de Cristo, con la ascensión del gran rey Ciro, fundador de la dinastía Aqueménida, el "nooruz" sería elevado a la categoría de fiesta nacional.

Con los sasánidas, la fiesta se dividió en dos: los primeros seis días estaban dedicados a que el monarca recibiera en audiencia a sus súbditos por clanes.

Las distintas religiones que han influido y coexistido en Irán a lo largo de los últimos tres milenios también han dejado huella en una fiesta que se celebra igualmente en Afganistán, Tayikistán, Uzbekistán, Turkmenistán, Kazajistán, Kirzigistán, Azerbaiyán y zonas de Turquía.

A los siete elementos del hatstin se han añadido jacintos, velas, un espejo, huevos pintados, monedas y una pecera con peces rojos que representa el signo de piscis, último del zodiaco.

Además, y según la creencia de cada familia iraní, la mesa se complementa con El Corán si son musulmanes, el Avesta si son zoroástricos, Los Evangelios si son cristianos y el Antiguo Testamento si son judíos.

En estas dos semanas de fiesta, lo nuevo triunfa sobre cualquier objeto del ayer: los iraníes estrenan ropas para que los espíritus se sientan satisfechos, los niños reciben juguetes, los billetes nuevos vuelan de bolsillo en bolsillo como aguinaldo de los mayores a los más pequeños y las calles y parques se atestan de gente.

La tradición manda que familiares y amigos se visiten entre sí para compartir los frutos secos y los dulces que rebosan en cada mesa.

En el día 13 de Farvardin, primer mes del calendario solar persa y último de la fiesta de Nooruz, los iraníes salen da casa y acuden a los parques y jardines para comer juntos y aventar los malos presagios.

Las chicas solteras anudan dos hojas de hierba para atraer a los pretendientes.

Y el Sabze (la hierba) del mantel de hatstin, ya seca, es arrojada a cualquier río o corriente de agua para despedir el frío del invierno y dar la bienvenida a la primavera.

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