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JULIA PAVÓN BENITO PROFESORA DE HISTORIA MEDIEVAL DE LA UNIVERSIDAD DE NAVARRA

"En la Edad Media, la muerte sólo era un paso, no un punto final"

Un equipo de especialistas de la Universidad de Navarra ha reconstruido el rico universo que se creó en la Edad Media en torno a la muerte a partir de cientos de testamentos y documentos notariales del antiguo Reino.

Actualizada Viernes, 20 de marzo de 2009 - 04:00 h.
  • NEREA ALEJOS . PAMPLONA

Han hecho falta seis años de investigación para reconstruir las actitudes, representaciones y vivencias del hombre medieval ante la muerte. Multitud de puntos de vista se han unido en torno al proyecto La muerte en la Navarra medieval, dirigido por Julia Pavón, profesora de Historia Medieval de la Universidad de Navarra. "Nuestra línea de trabajo ha estado vinculada a la historia de la mentalidad social", explica Pavón.

Por eso han recurrido a cientos de testamentos y documentos notariales procedentes de todos los puntos de Navarra, lo que ha aportado un enfoque novedoso, más centrado en la vida diaria del hombre medieval. El proyecto nació con la idea de realizar una exposición itinerante, pero de momento se ha materializado en un libro de tirada nacional, Morir en la Edad Media.

¿La idea de la muerte también ha evolucionado a lo largo de la Historia?

El hombre medieval convivía con la muerte. Ésta se concebía como un paso, no como una tragedia o un punto final. Por eso, el paso se adornaba, se cuidaba... Es increíble ver con qué meticulosidad se trataba el mundo de los muertos, tal como lo reflejan los estatutos de los gremios y las cofradías. Además, la Iglesia establecía unos cánones. Por ejemplo, prohibía las manifestaciones excesivas de duelo, como las plañideras.

¿En qué influía la clase social a la hora de celebrar los rituales?

Las élites gobernantes y las eclesiásticas desplegaban unos rituales acordes con su dignidad. Muchos de ellos se han conservado. En las actas municipales de Barcelona se describe el funeral del Príncipe de Viana. Se formó una comitiva para que los principales de la ciudad acompañaran al cuerpo, con la presencia de antorchas, de los pobres... Luego se instaló una capilla funeraria. Es muy interesante que nos hayan llegado los testamentos de los reyes, porque en ellos se destilaba la espiritualidad de la época. En el Archivo General de Navarra se conserva un libro sobre las exequias de los reyes de Inglaterra que sirvió como modelo para articular un ritual organizado y pomposo, es decir, protocolario. Se explica cómo lavar al difunto, cómo envolverle en el sudario, cómo exponerlo...

¿Qué otros testimonios se han recogido?

Hemos trabajado con 500 protocolos notariales y emanan una riqueza increíble, porque cada uno de ellos tiene su singularidad. También hemos recogido cientos de testamentos procedentes de toda Navarra y que pertenecen a una clase media-alta: burgueses, mercaderes, notarios o médicos. A partir del siglo XV, los testamentos se centran mucho en la caducidad de la vida.

¿Y qué reflejan sobre la actitud ante la muerte?

No tenían miedo a la muerte, sino al hecho de no salvar su alma. Es curioso, porque muchos historiadores lo han interpretado en una clave económica: el hombre compra su salvación a través de donativos a iglesias, parroquias, monasterios o conventos, en función del lugar al que tuviese mayor devoción. Algunos incluso manifiestan la voluntad de ser enterrados con el hábito franciscano. También se daba dinero para vestir a los pobres o para mujeres casaderas. Pero la salvación no se compra. Otra cosa es que los ricos encargaran oraciones por su alma... Para el hombre medieval, la oración tenía un gran poder a la hora de interceder ante Dios.

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La profesora Julia Pavón, directora del proyecto La muerte en la Navarra medieval, en su despacho de la Universidad de Navarra. J.A. GOÑI


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