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TOROS/FALLAS JUAN MIGUEL NÚÑEZ

Aparicio, valiente y sandunguero

Actualizada Jueves, 19 de marzo de 2009 - 04:00 h.

L A escasa condición de los toros condujo la tarde a las tinieblas del aburrimiento. Aunque por un momento se hizo la luz, gracias a Aparicio. Un rayo refulgente en el cuarto de la tarde, el único astado que "medio sirvió". Duró poco el toro, pero lo suficiente para que Aparicio desplegara el duende de su agitanado toreo, cargado de misterio y toques sandungueros.

Toreo de especial encanto, de mucho temple e improvisación, de empaque y recia exquisitez. La personalidad de Aparicio con aquella excelencia de los primeros años de su carrera, ahora más madura y más espléndida si cabe. Derroche de torería. Está claro que a los artistas como él hay que saber esperarles. Porque en cualquier momento se hacen presentes, y, como hoy, acaban con el cuadro. Menuda y agradable sorpresa.

Muy entonado con el capote. La faena de muleta, corta, como la duración del toro, sin embargo, muy intensa. Aparicio bordó derechazos y naturales de una extraordinaria despaciosidad. El temple como premisa fundamental. Y la quietud absoluta en lo que duraba cada pase. Aparicio salía de los remates y volvía a los inicios de series con prestancia y marchosería de artista sin igual.

La plaza, que explotó de contento en el mismo inicio, vivió un clima de acabose en el tramo final, con las improvisaciones, del afarolado antes del obligado de pecho, y en el desplante, de espaldas y de rodillas, de gracia y arrojo al cincuenta por ciento. Con media estocada la plaza se puso blanca de pañuelos en demanda del trofeo, que el presidente tardó en conceder para evitar así que le pidieran la segunda oreja. Es igual, ahí quedó eso.

El resto, anodino

La tarde no fue más ni antes ni después de "lo" de Aparicio, dicho está que por culpa de los toros. El mismo Aparicio se había comprometido a rescatar al lisiado primero, pero fue un esfuerzo vano, ya que pasó el toro más tiempo en el suelo que de pie.

Talavante cargó con un primero de escasas posibilidades, al que toreó muy en corto y muy despacio, pero no todos los pases le salieron limpios, y faltándole hilván a las series.

El quinto, que apuntó buena condición, también acabó viniéndose abajo. Talavante estuvo muy firme, quieto y vertical, y mucho tiempo en las cercanías. Pero no había mucha tela para cortar. Y aprovechando la corta y tarda embestida del toro, ensayó finalmente un "parón" muy a modo. Si mata bien corta una oreja, pero no.

Luque, el peor parado, planteó un primer trasteo en plan valentón, de mando y poderío, en cierto modo un contrasentido por la extrema sosería y nula acometividad de la res.

El sexto, que arrastraba los cuartos traseros, se defendió mucho, sin terminar de tomar los engaños. Luque echó mano otra vez del arrojo, pero sin llegar a interesar.

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Julio Aparicio hace un desplante tras matar a uno de sus toros. EFE


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