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CRÍTICA DE CINE MIGUEL URABAYEN

Genio y figura...

Walt Kowalski pasa de despreciar a sus vecinos asiáticos a ser protector de dos de ellos

Actualizada Miércoles, 11 de marzo de 2009 - 04:00 h.

F UE en 1965, en La muerte tenía un precio, proyectada en España antes que la anterior Por un puñado de dólares. En cuanto se estrenó esta última poco tiempo después, fui a verla inmediatamente como todos los aficionados a los temas del Oeste. Porque las dos eran como un sueño extremado, casi una pesadilla, sobre los duelos a tiros de las historias que tanto nos habían gustado desde la infancia.

No ocurrían en el ambiente de las praderas sino en tierras desérticas, sin hierba ni ganado. Solo veíamos las colinas peladas de Almería donde se habían realizado ambas películas por un italiano llamado Sergio Leone. Pero además del paisaje y de la extraña música de fondo, lo que impresionaba era la actuación del protagonista, un tal Clint Eastwood.

Desde su descuidado rostro, unos ojos entrecerrados nos miraban con dureza nunca vista hasta entonces en ningún pistolero del Oeste. La misma que aparece ahora en los ojos del protagonista de Gran Torino, cuarenta y cuatro años después. La misma que tan perfectamente iba al inspector Harry Callahan en las cinco películas estrenadas entre 1971 y 1988. Por cierto, contemplando el rostro de acusadas facciones de Walt Kowalski en Gran Torino uno podría pensar que, si no fuera por el nombre, estábamos viendo al policía en su jubilación. Por lo que recuerdo de él en activo era muy parecido al personaje que aquí encarna Clint Eastwood, ese ex-trabajador de la Ford, veterano de la guerra en Corea, que contempla con fuerte disgusto el cambio de su barrio y de su mundo.

Actor y director

En unas declaraciones sobre su más reciente película, Eastwood ha dicho que le interesó el guión y, además, el papel se refiere a un hombre que él podía interpretar por tener su misma edad (el 31 de mayo próximo cumplirá 79 años). Y porque, aunque no lo diga, ese personaje tiene el genio violento que tanto le ha gustado adoptar en la mayor parte de sus papeles.

Gran Torino(nombre del hermoso coche de 1972 del protagonista) ha sido producida, dirigida e interpretada por Eastwood en cuanto acabó su anterior El intercambio. Ni en esa dramática historia policiaca, ni en las dos anteriores dedicadas a la batalla de Iwo Jima aparecía como actor. Su última actuación ante la cámara que él mismo dirige fue en Million Dollars Baby (2004) en un papel parecido al que ahora encarna. Aunque ganó cuatro Oscar (película, director, actriz principal y actor secundario) su trabajo como actor seleccionado no obtuvo recompensa. Y lo mismo le ocurrió en 1992 con Sin perdón, ganadora igualmente de cuatro Oscar (película, director, actor secundario y montaje).

Pero Eastwood no necesita ningún premio más. Su carrera como actor y director es única en Hollywood por años, por abundancia de títulos y por variedad de géneros. Gran Torino es un drama con toques de comedia, y su tema principal es el racismo. Según queda claro desde el principio, Kowalski desprecia a sus vecinos asiáticos que le irritan en cuanto los ve. Y los ve continuamente porque la acción ocurre en verano y el jubilado protagonista pasa horas sentado en el porche de su casa, bebiendo cerveza y mirando furioso a sus vecinos.

Humor

Cómo y por qué va cambiando ese sentimiento hasta que Kowalski se ve convertido en el protector de dos jóvenes asiáticos (hermana y hermano) es lo que forma la acción de la película y los sucesivos diálogos, a veces muy divertidos, que describen a los distintos personajes. El aspecto comedia debía haberse limitado a esos diálogos pero el guión tiene la ocurrencia de ir más allá y ofrece todo un episodio pretendidamente cómico. Ocurre al explicar Kowalski a Tao cómo hablan los hombres y llevarle a la peluquería de un amigo suyo en la que entra insultándole cordialmente siendo recibido de la misma manera. Y la gracia pretende estar en la imitación que hace Tao al seguir el modelo que le muestran. Tiene mucha menos de lo que ha imaginado el guionista.

Al terminar, se ve con claridad que la película explica un caso de apertura sentimental y racional. Kowalski acaba comprendiendo que la raza no es la diferencia que él imaginaba y su duro carácter se abre de una forma inesperada. Quizá demasiado inesperada. A los 78 años es difícil cambiar de ideas y modos de sentir, pero la improbabilidad es un defecto menor en este caso. El cine, si quiere interesar, debe mostrar sucesos poco corrientes.

Vuelvo a Clint Eastwood porque él sostiene la película desde el principio hasta el final, como interprete principal y director. Y no importa que los jóvenes actores que le rodean - algunos en su primera actuación ante la cámara - no sean tan buenos como debieran. Uno mira la alta figura (1,86), todavía recta, de Eastwood y ve no solo a Walt Kowalski sino también a varios de los muchos personajes que ha encarnado hasta ahora. Dijo que esta sería su última película pero también lo afirmó en otra anterior. Por lo que sabemos, está rodando la siguiente que ya tiene título (El factor humano) y es la historia de Nelson Mandela, interpretado - buena elección - por Morgan Freeman.

EN RESUMEN: Clint Eastwood sigue siendo capaz de actuar y dirigir al acercarse a sus ochenta años. Aquí muestra su decidida aversión al racismo a través de una tragedia acompañada de duros y divertidos diálogos.

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Walt Kowalski (Clint Eastwood) se encara a un trío de jóvenes violentos. WARNER BROS


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