El 31 de enero, Rosa María Calaf (Barcelona, 1945) se apagó para los televidentes tras 38 años como corresponsal de Radiotelevisión Española, víctima de una innecesaria jubilación anticipada con nombre de ERE. Ayer compartió anécdotas y vivencias con los 200 asistentes que abarrotaron Civivox Iturrama (varias decenas no pudieron acceder por estar el aforo completo), en una conferencia organizada por el Ayuntamiento de Pamplona con motivo del Día Internacional de la Mujer.
¿Los reporteros de antaño lo tienen complicado en el nuevo panorama internacional?
Hay que adaptarse a los cambios tecnológicos y al progreso. Nos permiten tener acceso a casi todo, pero obligan a trabajar con una prisa que va en detrimento del análisis, de la reflexión y del cuidado que tiene que tener el informador para ser creíble. El periodismo está en un momento crucial y muy difícil, se está deteriorando extraordinariamente. En televisión la información se mezcla con otros géneros y es muy peligroso, hay que alertar al ciudadano de que la información es un derecho tan importante como la sanidad o la educación. Y la información pasa por la responsabilidad y no por el mercado, no es una mercancía vinculada a la ganancia o al negocio.
Es usted la veteranía en estado puro. ¿Algún consejo imprescindible para los corresponsales que empiezan?
Me alegraría que siguiera habiendo corresponsales, porque somos una especie en extinción, entendida como la persona que conoce la zona, tiene contactos, reflexiona y analiza lo que sucede. Ahora funcionamos con enviados especiales que apenas tienen tiempo para preparase. El consejo para todos es el mismo, hay que acercarse a la información con muchísima humildad y con gran responsabilidad porque se tiene entre manos un valor importantísimo. Además, hay que tener un gran entusiasmo, mucha vocación y paciencia.
38 años como corresponsal informativa, ¿se pasan en un suspiro?
Totalmente, ¡he vivido mucho más tiempo del que me queda por vivir! Afortunadamente no me obsesionan estos temas, pero es lógico cuando haces algo que te gusta y que es tan frenético, porque el ritmo ha ido aumentado mucho.
¿Ahora, se ahoga cuando está mucho tiempo en el mismo sitio?
Llevo dos meses de "jubilada" y no he parado. He terminado una etapa y tengo mucha curiosidad por ver cómo afronto ésta, lo seguro es que no me quedaré quieta parada, aunque procuraré estar más tranquila.
¿Tiene sueños recurrentes con algún conflicto que haya cubierto?
No con uno en especial, pero se me queda una permanente sensación de frustración porque te pasas la vida contando cosas que vuelven a ocurrir, se repiten los errores, la explotación, la injusticia, la desigualdad... Te afecta y piensas ¿para qué sirve todo lo que estamos contando? Luego te das cuenta de que hay pequeños avances.
¿Cuál de estos errores ocurre con más frecuencia?
El caos después de las catástrofes, la falta de descoordinación en las buenas voluntades. También parece que la única guerra es la del terrorismo, parece que la pobreza es un hecho natural e inevitable, ¡pero sí se puede evitar! Se relaciona con factores externos: catástrofes naturales, terremotos... pero es al revés, la violencia sale de la injusticia y todo eso no se explica en el periodismo de usar y tirar de hoy en día, que cuanto más banal sea mejor. Hay que contar la raíz de los problemas, y eso es tremendo.
¿Viajar tanto acentúa la tolerancia?
Sin duda alguna, y también la comprensión. Lo ideal es comprender, y es algo que no lo puedes aprender en un libro, sino contactando con las personas.
El "jet lag" no va con usted...
No, afortunadamente duermo en cualquier sitio, ¡hasta en el suelo! Si tengo catorce horas de vuelo duermo doce, igual que puedo estar tres días sin comer y no me pasa nada. ¡Agradezco los genes!
¿Qué cultura le ha sorprendido más por ir con algún estereotipo?
Los estereotipos son lo peor que tenemos todos, tenemos que luchar contra ellos. A mí las culturas orientales son las que me resultan más extrañas por los conceptos y el funcionamiento mental. Me dan continuas sorpresas, y posiblemente destacaría Japón y China; son unas formas de vida muy difíciles de entender, y nosotros para ellos también.
¿Y en la que se ha sentido más querida?
En América Latina, más concretamente en Argentina. Es mi segunda casa, cuando tenga tiempo iré ahí. Es una gente extraordinariamente cálida, hay aspectos de contacto humano y cercanía que aquí se han perdido.
¿Es consciente de que su cabello ha sido un auténtico emblema para los espectadores?
¡Sí, pero estoy muy cansada! Cuando ando en esos países el tinte es complicado, pero cada vez que he dicho en los últimos cinco años que me lo voy a quitar me dicen que no.... Como ahora no voy a vivir de la imagen probablemente me lo cambie, aunque forma parte de mi personalidad.
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Civivox Iturrama se quedó pequeño para acoger a los interesados en la conferencia de Rosa María Calaf. JOSÉ ANTONIO GOÑI
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