La agrupación de la ciudad del Ega lo ha repartido entre las 183 familias asociadas, que percibirán 75 euros
Cuando hace cinco años falleció María Falagán, una mujer soltera y residente en La Rioja, quiso que los 600.000 euros de su fortuna se entregaran a los gitanos de Navarra y La Rioja. Una decisión de la que han resultado beneficiadas 183 familias pertenecientes al colectivo Ker Kali de Estella, a los que en el reparto hecho entre las 26 agrupaciones forales y riojanas de esta etnia le correspondieron 17.240 euros.
"Pero al final se ha quedado en unos 14.000 por el pago de los honorarios a los abogados; también porque el dinero estaba invertido en bonos y si se retiran antes de tiempo merma la cantidad", aclara Ángel Amador Jiménez, secretario de Ker Kali. La herencia se ha hecho efectiva este mes y cada familia de la asociación-repartidas entre Estella, Los Arcos, Muniáin, Allo, Larraga y Oteiza- han percibido 75 euros. "En realidad les correspondían 78, pero los tres restantes se quedan para Ker Kali", añade el secretario.
Sobre su benefactora, el colectivo apenas conoce datos. "Se ha oído que en su infancia pasó muchas penurias y recibió ayuda de una familia gitana vecina. Después estudió y, según han comentado, fundó o estuvo ligada al colegio oficial de psicólogos de La Rioja", desgrana Ángel Amador. Un detalle que ayer no pudieron precisar desde la citada institución.
Renovar la electricidad
Los algo más de 500 euros que de este reparto se quedará en manos de Ker Kali ya tiene destino: renovar la electricidad de su sede, cobijada en el local que Cruz Roja les cedió en el barrio de La Merced. "La instalación está obsoleta y se hace necesario renovar el cuadro principal y parte del cableado si queremos aumentar un poco la potencia para poner estufas de aire. Queremos calentar las dos estancias en que los niños reciben clases escolares de apoyo porque las de butano presentan demasiado peligro", justifica Ángel Amador.
El tesorero de Ker Kali no oculta su decepción por la medida adoptada de repartir el dinero entre las familias en lugar de destinarlo íntegramente a la asociación. "Con esta herencia hubiéramos podido poner el local en condiciones, tirar el muro y hacer un aula amplia, dotada con un sistema de calefacción y aire acondicionado para los chavales que acuden a estas clases. Incluso habíamos planeado ofrecerles un curso de informática. Pero al final, las familias han reclamado su parte y no queremos enfrentamientos", dice Ángel Amador. "Con 75 euros les llega como mucho para comer y cenar un par de días, mientras que si se hubiera dejado para un bien común sus hijos no pasarían frío y calor mientras se refuerza su educación".
Actualmente, veinte niños acuden a las clases dos horas a la semana impartidas por tres monitoras. El local, el sábado por la mañana, se transforma el ludoteca. "Cuando se creó Ker Kali hace ocho años uno de nuestros objetivos era cuidar la educación de nuestros pequeños porque, y me pongo yo mismo de ejemplo, no quiero que el día de mañana un gitano adulto apenas sepa leer", añade el secretario del colectivo.
Pequeños colectivos
El problema surgió cuando los integrantes de las grandes asociaciones como la de Estella conocieron la decisión de otras pequeñas de repartir el dinero entre las familias. "Pero en su caso tenía una lógica porque no cuentan con una infraestructura que trabaje para todos como es nuestro caso y que, encima, tanto costó poner en marcha. Hubo que llamar a muchas puertas, hacer que la gente confiara en nosotros, demostrar que el nuestro era un trabajo serio sin ningún afán de lucro; y meter muchas horas, como seguimos haciendo hoy en día", dice Ángel Amador.
Desde Ker Kali también lamentan que algunos de sus asociados han dudado de las intenciones de la asociación. "Por eso les digo que quien recele pase por la sede que les mostraremos los extractos del banco y las gestiones que hubo que hacer". Aunque también se produjeron gestos que, en palabras del secretario de Ker Kali, les impulsa a seguir adelante. "Hay quien trajo sus 75 euros para las obras pero decidimos que no era justo para ellos".
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Un ciclista pasa por la carretera que separa la sede de Ker Kali (a la izquierda) y el barrio de La Merced. MTX.
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