No escondía Enrique Rubio sus reparos a hacer esta entrevista, a la figura del periodista entrevistado. No le gusta ser el centro de atención, es él quien suele preguntar e informar. Él, y su gente. Como delegado (jefe) de la agencia Efe en Marrucos tiene a su cargo a otros dos redactores, secretaria, fotógrafo y al corresponsal en Mauritania.
¿Era el típico niño que se aprendía las capitales de los países?
¿Se nota mucho? (se ríe). Sí, tenía un mapamundi en mi cuarto. Las capitales las sabía de maravilla.
¿El primer viaje al extranjero?
¡Ostras! Yo creo que fue a Francia, los típicos intercambios que te mandan a pasar el verano.
Puestos a recordar primeras veces, ¿cómo fue el día que llegó a Rabat como delegado de Efe?
Con nervios. Siendo sicero, veníamos mi novia y yo de El Cairo y, claro, pasar a Rabat es como un alivio, fue pasar del caos a una ciudad pequeña donde más o menos puedes ir andando a todos los sitios, agradable, razonablemente limpia... digamos que me curtí bastante en El Cairo como para luego afrontar lo de Marruecos.
¿Ha conocido al rey marroquí?
No, todavía no (risas). Me encantaría, la verdad.
Mucho que preguntar, ¿eh?
Sería inacabable. Pero entrevistar al rey no es nada fácil.
Ser delegado de Efe también tiene una carga de representación, ¿La de Rabat es una plaza caliente?
Evidentemente requiere de andar con pies de plomo. Somos vecinos y siempre hay desencuentros y gente que está esperando para meter el dedo en la llaga. Hay que tener cuidado, ejercer mucho la diplomacia. Sin olvidar que lo primordial es informar .
¿Tiene arreglo lo del Sáhara?
Yo tiendo a pensar que las cosas tienen arreglo. Lo que es seguro que al final será un arreglo que no satisfaga totalmente a nadie. Al final se trata de ceder.
¿Y cómo se informa si el mapa es distinto según quién hable?
Sobre eso podríamos hablar mucho. Evidentemente, como periodistas el único partido que podemos tomar es el de la verdad. Si hay violaciones de derechos humanos o cualquier cosa que tenga que ser contada, lo vamos a hacer. Pero siempre intentando dar voz a los dos lados.
¿Para muchos jóvenes Marruecos es sinónimo de bajarse al moro?
Eso se está quedando un poco atrás. Cada vez va más gente a Marruecos pero no sólamente a Chaouen. Tú vas a Marrakesh o a Fez y no dejas de escuchar español. Es cierto que hay gente que se sigue bajando al moro pero yo lo asociaría más cuando bajar a Marruecos era algo más desconocido, más aventurero. Ahora con los vuelos de bajo coste te plantas en una hora, por 50 euros, eso ha roto con el molde del que se baja al moro.
¿Cuál es ese encanto que animó a Juan Goytisolo a quedarse a vivir en Marrakesh?
Es que no es solo Goytisolo, Paul Bowles también la encontró a su manera en Tánger. Marruecos siempre ha sido una fuente de inspiración. Está claro que hay un encanto especial. Tiene algo magnético que no sé muy bien que es. Es cierto que hay gente a la que le repele, pero si te metes un poco es imposible no sentir esa emoción de meterte en un Riad, en una medina, con el arte que hay en cualquier esquina y no conmoverte.Pero todavía hay muchos prejuicios, está claro.
¿Ha oido esos cantos de sirena?
Para quedarme... no. Aparte que como periodista donde hay que estar es en Rabat. Pero si alguien se quiere dedicar a escribir, a pintar, a buscarse a sí mismo tal vez Marrakech sea un buen sitio. Aunque yo tampoco desdeñaría Fez, que es como un parque temático de la edad media, como si el tiempo se hubiera congelado.
¿De cada sitio donde ha vivido se lleva un trocito en el corazón?
Por supuesto. Vivir en El Cairo en algún momento se hace cuesta arriba, pero me acuerdo muchas veces de los paseos alrededor del Nilo. Egipto está tan lleno de gente que es pura vida. Y de Washington me llevo muchos amigos y enseñanzas periodísticas.
¿Y cuando asiente la cabeza, dónde se ve?
Ha llegado un momento en el que me empiezo a plantear las cosas según qué me gustaría hacer pero no en cuanto a dónde. Lo que sí sé es con quién.Lo que me está demostrando el dar tanta vuelta al mundo, de todas maneras, es que por mucho que te planifiques las cosas surgen y muchas veces no puedes anticiparte.
"Digamos que me curtí en El Cairo como para luego afrontar lo de Marruecos"