Hallar un espacio para estudiar en las bibliotecas de las universidades navarras se convierte con la llegada de los temidos exámenes de febrero en un reto. Los alumnos aguardan desde primera hora a las puertas, formándose incluso filas de espera
ADELANTAR el despertador. Es la única manera de hacerse con un sitio libre tanto en la biblioteca de la Universidad Pública de Navarra (UPNA) como en las diferentes salas de estudio de la Universidad de Navarra (UN). Con el cambio de calendario, serán los últimos exámenes de febrero a los que tendrán que enfrentarse los estudiantes. Pero la llegada inminente de estas temidas pruebas provoca que a partir de las 8.
05 de la mañana, apenas diez minutos después de que los responsables de los centros abran las puertas, los estudiantes tengan serias dificultades para lograr un hueco en el que ubicarse.
Una odisea a la que muchos se enfrentan con trucos. "Bajo con un amigo. El primero que llega coge sitio para el otro", asegura Fermín Toledo, de tercer curso de LADE. Pero esta técnica no gusta demasiado a todos los presentes. "Es una lata porque llegas a las ocho y cuarto y hay un montón de sitios libres que ya han sido ocupados por amigos con papeles y mochilas. Incluso hay personas que no llegan hasta las nueve", se queja Laura Fernández, estudiante de 19 años. Y como madrugar cuesta, el premio se consigue al encontrar un buen espacio para estudiar en silencio y concentrado. Por ello y aún con la voz de recién levantado, los estudiantes se concentran a las puertas de las bibliotecas desde las 7.45 horas para exprimir el tiempo y aprender de memoria todos los folios del temario. De este modo, hacen cola como si trataran de adquirir el mejor par de zapatos en las rebajas de enero.
Ininterrumpido
Los jóvenes apuran los últimos días antes de las pruebas, que se desarrollan entre mañana y el 12 de febrero en la UN y del sábado 24 de enero al 14 de febrero en la UPNA. Por este motivo, tratan de hacerse con los últimos apuntes y su agenda estudiantil acaba por adaptarse a los horarios de apertura y cierre de los centros de estudio. "Suelo estudiar en la UN y cuando cierran la sala en la que me gusta estar, porque hay menos gente que en la biblioteca, voy a algún civivox", indica María Otero, estudiante de tercer curso de Medicina. Esta joven estudia en compañía de una amiga. Acuden al centro sobre las ocho y cuarto, realizan un descanso de quince minutos y vuelven a estudiar hasta la hora de comer. "A veces dejamos los apuntes allí y nos vamos en casa. Así descansamos y cambiamos de ambiente", apunta. Regresan por la tarde y a las siete, hora en la que cierra la hemeroteca, suben a casa. "En la biblioteca va demasiada gente conocida y no haces más que hablar y saludar". Sin embargo, algunos estudiantes de la Universidad Pública de Navarra se quejan de la "intromisión" de otros jóvenes ajenos al centro. "Nosotros sólo podemos venir aquí y los de la Universidad de Navarra, al tener tarjeta de entrada en su facultad, pueden ir a las dos. Es injusto", insiste Irene Irujo. Según dice, ya existen problemas para concentrarse en de la biblioteca sólo con los alumnos de la UPNA.
Vías para seguir
Hay quienes prefieren buscar centros alternativos para estudiar. "Por las tardes voy al civivox de Iturrama, no hay tanta gente y está abierto hasta las nueve", dice Marta Martínez, de 22 años. Su razonamiento coincide con el de Cristina Rivas, quien también acude a este centro desde primera hora de la mañana. Quienes necesitan estar rodeados de personas en su misma situación para, en cierta medida "obligarse a estudiar", prefieren hacerlo fuera de casa. "Creo que es algo psicológico más que real. Ves a todo el mundo con la cara metida en los libros y el mismo ambiente te pide seguir adelante", dice Luis García Vélez, de 20 años.
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