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Cofrades de la Sakana celebran a su patrón

Ya no se ven animales frente a las parroquias de Urdiáin y Bakaiku el día de San Antón. Sin embargo, los cofrades del santo no dejan de reunirse año tras año para celebrar su amistad y rendir homenaje a los que ya se han ido. Así se renueva una tradición centenaria.

Actualizada Domingo, 18 de enero de 2009 - 04:00 h.
  • RAFAEL DAWID. URDIÁIN/BAKAIKU

URDIÁIN y Bakaiku celebraron ayer la festividad de San Antón, continuando una tradición centenaria que se renueva año tras año pese a la ausencia de sus protagonistas: los animales. Sin embargo, la bendición del santo también contempla a las personas y la ocasión se presenta idónea para renovar los lazos que unen a los habitantes de estas dos antiguas comunidades.

En torno al día de San Antón se reúnen dos cofradías, cuyo origen es tan antiguo como el de la propia fiesta, en Urdiáin sus estatutos se remontan a 1691.

"Comenzó siendo una hermandad de arrieros y carreteros que se congregaba el 17 de enero para celebrar al santo junto con sus animales", explicó Miguel Ángel Zubiría Galarza, antiguo alcalde de Urdiáin y secretario de su cofradía. Igualmente, en Bakaiku la hermandad fue fundada por los ganaderos del pueblo. Con el paso del tiempo las carretas dieron paso a los coches y las yuntas al tractor. La fraternidad entre hombres y bestias se debilitó, pero la solidaridad entre los cofrades no ha dejado de fortalecerse. Durante la misa que se celebra en honor del santo, se conmemora a los cofrades fallecidos, y en la asamblea posterior se hacen cuentas para costear sus funerales. En Urdiáin, además, se recaudan fondos para ayudar a los familiares de los difuntos, aunque no todo son exequias: tras la asamblea los festejos se prolongan hasta la tarde acompañados con música de acordeón.

El relevo de la tradición

En Urdiáin y Bakaiku las cofradías constan de dos mayordomos que cada año deben ceder su puesto a otros cofrades. Se encargan de convocar a los miembros de la hermandad el día del festejo y de contabilizar los gastos de la congregación. El libro de cuentas de Baikaku tiene más de un siglo, su primera entrada data de 1858. Íñigo Celaya, el nuevo mayordomo, lo enseñaba orgulloso: "Hoy es un día en el que los cofrades más jóvenes se nutren de la experiencia de los mayores. Es un intercambio muy positivo. La cofradía, además no deja de crecer, este año tenemos tres nuevos miembros, en total ya somos unos cien". En Urdiáin son siete las incorporaciones, varias de ellas corresponden a gente joven. Miguel Ángel Zubiría se mostró contento por los recién llegados: "Pocos de nuestros cofrades tienen menos de 70 años, este año ha habido muchos fallecimientos. En Bakaiku es grande el empeño por perpetuar la cofradía, tanto que se plantea la aceptación de mujeres en la hermandad, tradicionalmente masculina: "Siempre que ellas quieran, claro". Dijo bromeando el nuevo mayordomo.


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