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POLITICA

ETA intenta una matanza de "ertzainas" con dos bombas trampa en Hernani

La "Ertzaintza" desactivó dos bombas preparadas para estallar cuando los agentes tropezaran con unos hilos casi invisibles

Actualizada Sábado, 17 de enero de 2009 - 04:00 h.
  • JOSEBA GARCÍA . COLPISA. BILBAO .

Sólo la prudencia de la Ertzaintzaevitó una matanza. Los artificieros de la policía autonómica lograron desactivar ayer dos sofisticadas bombas trampa que ETA había preparado en los accesos a un repetidor de telefonía en la localidad guipuzcoana de Hernani. Los artefactos estaban listos para activarse cuando los funcionarios, en plena noche, tropezaran con unos cables casi invisibles al acercarse a revisar los daños provocados por una bomba cebo que estalló durante la madrugada de ayer.

Pero los agentes, cautos, prefirieron posponer la inspección hasta disponer de luz diurna.

La emboscada, según mandos de la Ertzaintza, estaba «perfectamente diseñada». Nunca antes ETA había preparado una cadena de trampas tan complicada. Sin aviso previo, un artefacto de mediana potencia estalló a la una de la madrugada junto a la caseta de la antena repetidora, en el barrio de Santa Bárbara, en Hernani. Tenía unos ocho kilos de amonitol, una mezcla de amosal y nitrometano, explosivo muy destructivo.

Varias patrullas se trasladaron a las inmediaciones, pero enseguida llegó la orden taxativa de los responsables de la Ertzaintza: nadie debía acceder al área más cercana al repetidor hasta que no llegara el día.

Las patrullas desplazadas se limitaron a constatar desde puestos alejados que la bomba no había provocado daños personales. Con las primeras luces del día, los funcionarios de la Unidad de Explosivos de la Ertzaintza comenzaron a inspeccionar la zona con sumo cuidado. Lo primero que encontraron en el camino de acceso a la caseta fueron tres pequeños carteles escritos a mano y una pintada en la que se podía leer en euskera "Kontuz bonba. ETA" (Atención bomba. ETA).

Era una encerrona

Minutos después confirmaron sus sospechas: todo era una encerrona. A 60 metros del repetidor y a unos diez metros del camino de acceso había una mochila. De ella salía un sedal casi invisible que cruzaba la vía. Estaba conectado al detonador de una olla a presión, listo para estallar en el momento en que alguien moviera el hilo.

La bomba, que fue desactivada, contenía diez kilogramos de amonitol y dos kilos de metralla, por lo que su deflagración hubiese sido letal sin remedio. Antes del mediodía, los agentes comprobaron que había otra bomba muy similar a la primera en las inmediaciones. Los artificieros optaron por no desactivarla y provocar su voladura controlada.

Contenía unos ocho kilos de amonitol pero sin metralla. Se activaba mediante un cable oculto, pero disponía también de un temporizador que debió provocar una explosión a las 3.30 horas y que falló. Los investigadores creen que con este sistema ETA intentó una masacre entre los policías y equipos de socorro que hubiesen acudido a la zona para ayudar a los agentes sorprendidos por la primera trampa.


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