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MÚSICA FERNANDO PÉREZ OLLO

Alta disciplina y escaso nervio

Actualizada Sábado, 17 de enero de 2009 - 04:00 h.

E ST E es un conjunto de cámara -4,3,2,2,1, en la cuerda-, organizado y regido desde su atril por un oboísta, Paul Dombrecht, (Ostende, 1948,) de cierto nombre en su especialidad. Vino con un programa de repertorio barroco básico, del que podían atraer la suite de Bach y los "Fireworks" de Händel. Dicho sea con mucho respeto, uno prescinde del concierto de Telemann y de la sinfonía de Fasch y no pasa casi nada, salvo que la interpretación resulte de verdad sorprendente.

Por otra parte, la "Music for the Royal Fireworks" de Händel es partitura grandiosa, brillante y solemne, que ha superado, por su calidad, la funcionalidad original. Ideada para grandes efectivos de viento, por voluntad real -en el estreno intervinieron 24 oboes, 12 fagotes, 9 trompas, otras tantas trompetas-, incluye, como es lógico, cuerda. Obra de 1749, festiva y oficial -para que la gente festejase al aire libre la paz de Aquisgrán que impuso a Francia la devolución de los territorios coloniales británicos-, puede ser hoy alcaloide tópico de lo "british". Reducida a música de cámara, pierde muy buena parte de su carácter. Tal como sonó, casi todo. Los fuegos artificiales quedaron pobricos, apenas en lo que hace medio siglo llamábamos "ruedas", aquella pirotecnia de Oroquieta bajo cuyas chispas los mozos cruzaban protegidos por cogullas hechas con sacos.

"Il Fondamento" se mostró pobre de sonido, corto de fuerza, pálido de color, más bien plano de dinámica y expresión, con problemas de afinación en maderas y trompas, éstas sobre todo en la siciliana "La Paix", que las exige de probado virtuosismo. Los instrumentos de metal que maneja esta orquesta son naturales, es decir sin pistones, y sabido es que es menester alta habilidad para tañerlos con solvencia. Es decir, la fidelidad a los timbres de las trompas originales comporta alguna incertidumbre de la afinación y notas falsas, como ridiculiza sin tapujos y nota a nota el "Ein musikalischer Spass" de Mozart.

Quizá la obra que más puso en evidencia las virtudes y limitaciones de esta orquesta de cámara, joven y muy disciplinada, fue la suite de Bach -que exige tres oboes y tres trompetas-, expuesta con claridad y equilibrio de líneas, escasa tensión dinámica, muy poco nervio, ni siquiera en las notas con puntillo, y excesiva similitud entre las danzas, salvo quizá la "Réjouissance" final.

La tarde tuvo una lección: el director fue un instrumentista más.


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