El Orfeón Pamplonés ofreció ayer en el Auditorio Nacional la Novena de Beethoven, en un concierto dirigido por Rafael Frühbeck de Burgos, que ha conseguido arraigar esta tradición alemana en el público de Madrid
OCHENTA y un años después de aquella primera vez que el Orfeón Pamplonés de Remigio Múgica cantara en Madrid la Novena Sinfonía de Beethoven junto a la Orquesta Sinfónica de Arbós, el telón del Auditorio Nacional se alzó anoche para celebrar el Gran Concierto de Fin de Año con el mismo Orfeón, esta vez en manos de Igor Ijurra, bajo la batuta de Rafael Frühbeck de Burgos.
Hacía dos meses que se agotaron las entradas así que el de anoche fue un lleno esperado aunque no hubiera gente de pie en los pasillos ni debajo del tablado como ocurriera en el concierto del año 27 en el Teatro Gayarre en vísperas de aquella primera gran salida del Orfeón a Madrid.
Pero a juzgar por el entusiasmo de anoche, por los "!bravos!" y los abrazos entre el director más internacional de España y los directores de las dos formaciones musicales, es muy seguro que los madrileños hubieran reventado los pasillos si la organización lo hubiera permitido. Y seguro también que a más de un crítico le hubiera gustado retomar el lenguaje desmesurado sus colegas de principios de siglo cuando calificaron de "pavoroso, rotundo, unánime" aquel concierto.
El público madrileño dispensó una calurosa acogida a este coro pamplonés que, en los últimos cuatro años, muchos de los aficionados ya escucharon en tres ocasiones en este mismo Auditorio y una más en la iglesia de San Francisco el Grande interpretando el Réquiem de Eslava. Ayer los aficionados tuvieron ocasión de escuchar y comparar, porque esta Novena Sinfonía se lleva interpretando en este mismo teatro y en este mismo Auditorio desde que hace 19 años, Rafael Frühbeck de Burgos convenciera al presidente de la Orquesta Sinfónica, Pedro González, para retomar una tradición alemana, hoy extendida ya a todo el mundo, de celebrar el último concierto del año con la Novena Sinfonía de Beethoven.
"¿Saben ustedes cómo se inició esta tradición?", preguntó Frühbeck en un encuentro celebrado el lunes en la Delegación del Gobierno de Navarra en Madrid. "No se lo van a creer pero fue una protesta de los coros de obreros alemanes de Leipizg durante las crisis económicas de cambio de siglo del XIX al XX. Decidieron interpretar la Novena de Beethoven justo antes de media noche para que cuando sonaran las campanadas del nuevo siglo entonar el cuarto movimiento coral que canta la alegría y la libertad. Así se empezó aquella tradición", narró el maestro.
Escuchando el concierto del Auditorio estaba también el presidente del Orfeón Pamplonés, Javier Orella, que había participado la víspera en la presentación del concierto a la prensa acompañado de su gerente, Joaquín Romero. Los dos, junto con el director del Orfeón, Igor Ijurra, relataron a los periodistas de los medios nacionales la historia centenaria del coro navarro, de cómo era uno de los coros más antiguos de Europa, de cómo una de sus voces más célebres fue la del tenor Julián Gayarre y cómo ha contado con directores ilustres como Maurice Ravel del que se conservan partituras de composiciones suyas hechas expresamente para el Orfeón y de cómo hay más de 9.000 partituras más, muchas de ellas originales, de repertorios desde el siglo XIX, y más de 106.000 documentos que llevan seis años ordenándose para que puedan ser convenientemente inventariados y catalogados.
Una distinta Novena
Cuando el maestro Frübeck alzó su batuta el público del Auditorio contuvo la respiración. ¿Qué Novena les depararía este director, esta orquesta y este coro? Porque la música es como el agua de un riachuelo: cambia, se mueve, nunca encuentras la misma agua. Desde los primeros compases estaba claro que Frühbeck iba a ser fiel a lo que había dicho durante la presentación del concierto.
"Hay muchas clases de Novenas. Hoy estamos introducidos en lo que la gente llama el movimiento historicista, el movimiento auténtico. ¿Cómo sonarían las Novenas de tiempos pasados? Probablemente de forma imposible, para nuestros oídos. Basta con ver los instrumentos que había en aquel tiempo. Además, hay Novenas desde las absolutamente románticas a las de la versión historicista. Hoy en día caben todas las versiones y lo que hacer falta es que dentro de lo que uno elija, salga bien porque no es mismo hacer una novena en un teatro pequeño con 800 personas, que una Novena en espacios más amplios donde es necesario duplicar hasta los timbales.. Beethoven también lo hacía".
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