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Belén cobró vida en Peralta

Los peralteses cambiaron ayer de atuendo y recuperaron oficios de antaño para retroceder 2008 años en el tiempo. La décima edición del Belén Viviente atrajo a miles de visitantes de los alrededores.

Actualizada Lunes, 29 de diciembre de 2008 - 04:00 h.
  • SHEYLA MUÑOZ/ASIER SOLANA . PERALTA

QUIENES se desplazaron ayer hasta Peralta sabían que en la localidad iba a suceder algo grande. Así, miles de personas, unas 10.000 según la organización, acudieron hasta la villa peraltesa. El pueblo entero había salido a la calle. Artesanos, hilanderas, pastores, orfebres... estaban todos, nadie quiso perderse el anuncio, por parte del ángel, de la llegada al mundo de Jesucristo.

Cerca de 400 vecinos transformaron la Peralta del siglo veintiuno en el Belén del siglo primero. Lo hicieron durante el transcurso de la décima edición del Belén Viviente, una cita que, año tras año, atrae hasta la villa miles de visitantes. Toda la acción transcurrió por el casco antiguo del municipio. 800 metros de recovecos que hicieron a la villa retroceder dos milenios en el tiempo y situarla en una tarde de Belén del año uno.

Con todo detalle

La recreación cuidó al mínimo todos los detalles. Así, los visitantes pudieron escuchar el sonido de los martillos en la fragua, acariciar un búho real, oler el pan recién hecho o contemplar las técnicas de las hilanderas de antaño.

Sonia Urra Balduz, de 11 años, explicaba con todo lujo de detalles los entresijos del oficio de tejedora mientras entrecruzaba los hilos. "Primero se pasa por arriba, luego por abajo, y después por todo". Éste ha sido su segundo año en el mismo puesto del belén junto a sus compañeras Alicia Sayés Chueca y Beatriz Quintilla Zabal, las tres de la misma edad.

Justo enfrente de las hilanderas, los niños Darío Villafranca Belloso, David Boneta Belloso y Dimitri Mardasov, de 9, 10 y 11 años respectivamente, hacían de mensajeros; el último de éstos no quiso perderse la ocasión ni con el brazo escayolado: "Me caí de la bici, pero esto me gusta".

El mal tiempo y la nieve con que amaneció Peralta el sábado por la mañana hizo inevitable plantear la posibilidad de la suspensión del evento, como ya ocurrió en la edición de 2004 cuando una gran nevada impidió que la representación se celebrarse. Sin embargo, el tiempo dio una tregua e, incluso, la temperatura fue mejor que en años anteriores ya que el mercurio se mantuvo en los ocho grados.

Pasadas las siete de la tarde, comenzó el periplo por las calles de Peralta en busca de una posada donde pasar la noche de Eduardo Ruiz Bueno (José) y su mujer, embarazada y a punto de dar a luz, Sara Cortés Orduña (María). Su peregrinación no tuvo éxito y en las tres que lo intentaron se les negó la estancia. Cuando ya no tenían ninguna esperanza de encontrar un lugar para pernoctar, unos pastores les cedieron un cubierto donde pasar la noche, una cavidad bajo un arco gótico del siglo XV situado bajo el Campanar. Ese fue el lugar en el que vino al mundo su hijo, al que llamaron Jesús. Una historia cuyo final todos los presentes conocían, pero que nadie quiso perderse.


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