Estudiar es un gasto y más cuando se vive fuera de casa. Los universitarios que proceden de otras comunidades autónomas deben añadir a su cuota el precio derivado de aspectos como el alquiler del piso, la comida o el desplazamiento a su ciudad
DICEN que quien ahorra siempre tiene, una máxima que los estudiantes foráneos ven complicada de seguir. Sin saberlo, quienes salen de casa y se enfrentan a la vida universitaria lejos de los suyos se convierten en auténticos expertos en "economía de andar por casa". Sin apenas nociones, aprenden técnicas de ahorro y se saben de memoria las ofertas del súper.
A pesar de estudiar carreras similares o poseer la misma edad, existen diferencias de gasto entre quienes comparten piso o residen en un colegio mayor y quienes continúan en casa con sus padres. Las facturas se multiplican y hay quienes deciden trabajar para colaborar en el desembolso económico de sus progenitores.
El coste del transporte público para regresar a sus hogares el fin de semana o la cuota semanal para comprar comida o productos de limpieza son algunas de las barreras que diferencian a estos dos tipos de estudiantes.
A medias
En la mayoría de los casos son los padres quienes desembolsan el dinero necesario para la estancia del hijo. Sin embargo, los estudiantes prefieren disponer de una cantidad extra para "sus gastos especiales". "Aprovecho algún empleo a corto plazo que encuentro en la Bolsa de estudiantes de la universidad para no tener que pedir a mis padres el importe íntegro de todos mis gastos", señala Daniel Gómez, natural de Cuenca.
Los padres agradecen el gesto, aunque normalmente su prioridad suele ser la buena marcha de los estudios de sus hijos. "Miguel siempre quiere colaborar en casa y trata de pagar una parte del alquiler del piso. No lo consigue todos los meses, pero el gesto se agradece", explica Carmen Vargas.
Independientemente de la ayuda, la diferencia de gastos efectuados a lo largo de un mes entre estudiantes de hábitos semejantes habla por sí sola. Como media, un alumno que reside fuera de casa durante el año, bien en piso compartido, en residencia o colegio mayor, gasta alrededor de 600 euros más que uno de Pamplona.
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