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LA CONTRACRÓNICA | TOÑO SANZ

Farolillo rojo con escrituras

Tanto en la vida como en la Liga, el que no corre, vuela, y al más lento le dan hasta en el carné de identidad.

Actualizada Lunes, 15 de diciembre de 2008 - 04:00 h.

D IGLADIARON, no se puede negar. Batallaron y pelearon con espada cuerpo a cuerpo. Pero acabaron por escarrancharse, esparrancarse y despatarrarse. Al final, cayeron al suelo, abiertos de piernas, y salieron del lance llenos de miedo, asombro y espanto.

El Huelva no ganaba en su campo desde abril. Todo un reto imposible que se convirtió, por arte de apostalari, en un señuelo imposible de eludir, un anzuelo que es imposible no picar. A partir de la visita de Osasuna, el Huelva no gana en su campo desde el catorce de diciembre. ¿Quién da más?

Más, mucho más de lo que merecían sacaron del partido los onubenses. Tres puntos por dos veces que le vieron la jeta a Roberto. Osasuna cantó dos veces gol -antes de tiempo- y el árbitro se tragó un penalti, pero sólo obtuvo en propiedad las escrituras del farolillo rojo, que, cuando menos, hace juego con su indumentaria. Seguro que Diadora le encuentra un lugar en la camisola, aunque sea en el vértice del sobaco, que ésa es luz que no alumbra y que sólo sirve para andar a oscuras en lo oscuro.

Como diría Saramago, que estrena libro (El viaje del elefante), Osasuna ha pasado a formar parte de los que están "aprisionados entre el hoy y el futuro y sin esperanza en ninguno de los dos". Marcados con los caracteres del infortunio, su posición no les permite retroceder y la desdicha no les deja avanzar. La única ventaja que le veo a esto es que te puedes olvidar del mundo banal del fútbol y mirar de frente al horizonte de la metafísica. Aunque, por desgracia, el horizonte actual de la metafísica desemboca en la oficina del paro y ya son seis millones de ojos mirando hacia un punto de esperanza que es cada vez más diminuto y lejano.

Volviendo a Saramago, en la caravana de su novela -hombres, bueyes, caballos, mulos y elefante-, "nadie puede ir más deprisa que el más lento". Lástima que en lo que no es novela, tanto en la vida como en la Liga, el que no corre, vuela, y al más lento le dan hasta en el carné de identidad.


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