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Mª CONCEPCIÓN GARCÍA GAÍNZA

Luis Salvador Carmona en su III centenario

Actualizada Miércoles, 10 de diciembre de 2008 - 04:00 h.
  • MARÍA CONCEPCIÓN GARCÍA GAÍNZA ES LA DIRECTORA DE LA CÁTEDRA DE PATRIMONIO Y ARTE NAVARRO

S E cumple este año el tercer centenario del nacimiento de Luis Salvador Carmona que es, sin duda, el mejor escultor del siglo XVIII, no sólo por su gusto y refinamiento, sino por la acertada síntesis que hace en su obra de lo hispánico y lo internacional que él conocía a través de múltiples referencias.

Su escultura refleja mejor que la de ningún otro escultor la época que le tocó vivir, los reinados de los primeros Borbones, en los que la corte se abre a influencias europeas, francesas e italianas de mano de artistas extranjeros traídos por los reyes para crear un nuevo arte cortesano que fuera imagen adecuada de la nueva monarquía, y que había de plasmarse en las nuevas empresas reales como el Palacio Real Nuevo de Madrid y La Granja de San Ildefonso (Segovia). Salvador Carmona tomará parte en la creación del arte oficial de corte por su participación en ambas empresas, pero trabajará también la imaginería religiosa en madera en la línea de la tradición hispánica si bien actualizándola con el nuevo gusto dieciochesco.

Clientes navarros

Este escultor nacido en Nava del Rey (Valladolid) en 1708 va a establecer su obrador en Madrid, que se convertirá en el más importante de la Corte. Allí recibirá a una numerosísima clientela de obispos y nobles, caballeros y frailes, conocedores de su fama a través de los contactos que había establecido en el Palacio Real Nuevo y en la Real Academia de San Fernando en la que alcanzó a ser Teniente Director de Escultura.

Entre los clientes más destacados se encontraban los congregantes de San Fermín de los Navarros, hombres bien situados por pertenecer a la administración, al ejército, a la iglesia, o simplemente al mundo de los negocios, cuya generosidad hizo posible la donación a la iglesia madrileña de un selecto grupo de quince imágenes. Según dicen los textos de la época, la iglesia de la congregación era una de las más bonitas de Madrid y más visitadas por sus esculturas. Fue Gastón de Iriarte, un baztanés de Irurita, el encargado de contratar personalmente las imágenes con el escultor.

La Real Congregación puede considerarse el origen de los ricos conjuntos de esculturas de Salvador Carmona que se encuentran en Navarra, concentrados en el valle de Baztan y Cinco Villas, y fuera de este área en Sesma y Olite, de tal manera que la densidad de obras de Carmona en Navarra es superior a la de otras regiones españolas y constituyen un rico patrimonio artístico.

Dinero americano

Obras de primera categoría del escultor son la Inmaculada Concepción y el grupo de San Martín del retablo mayor de Lesaka, imponente máquina realizada por el arquitecto Tomás de Jáuregui entre 1751 y 1754, y sufragada por el generoso legado dejado en Guatemala por Juan de Barreneche y Aguirre, natural de la citada villa. El arquitecto Jáuregui quiso emular los dos grandes retablos guipuzcoanos de Vergara y Segura, y encargó la escultura a Luis Salvador Carmona, "uno de los mejores artífices" de Madrid, pues había caudales suficientes. Se conoce el precio de cada una de las imágenes; 160 pesos la Inmaculada, 336 pesos, 6 reales y 1 maravedí el San Martín, y el del transporte de Madrid a Pamplona. La Inmaculada muestra la gracia sonriente y el refinamiento del rococó, la riqueza de sus perfiles y la perfección de su acabado sugieren la relación con la escultura napolitana que Salvador Carmona debió de conocer. El San Martín es un imponente bloque de madera que evidencia la capacidad del escultor y su virtuosismo. Ambas esculturas están firmadas por el artista.

También con dinero americano se hace el conjunto de seis esculturas que forman parte de los suntuosos retablos de Azpilkueta. Fue su mecenas don Martín de Elizacoechea, nacido en 1679 en la casa Dorrea, que fue obispo de Durango y Michoacán en la Nueva España y envió 6000 pesos para la construcción de la iglesia parroquial, además de la dotación de tres esculturas encargadas a Luis Salvador Carmona. El encargo se había producido a través de Miguel Gastón de Iriarte, hermano del cuñado del obispo Antonio Gastón de Iriarte. Ricardo Fernández Gracia ha encontrado unas expresivas cartas que nos hablan de la recepción de las esculturas por parte de los vecinos de Azpilkueta "el dia quince de octubre, habiendo llegado los santos veinte dias antes, sin lesión alguna, y conducidos la Nuestra Señora del Rosario y Santa Bárbara en caballerías, dos de Pamplona y el Patrón San Andrés a lomos de los vecinos del lugar por su grandor y volumen." se hizo un banquete en casa del obispo y acto seguido se formó la procesión con los santos a excepción del San Andrés, que por su peso fue depositado en el altar.

Más interesante es todavía otra carta que dice cómo los baztaneses clientes de Salvador Carmona visitan su obrador e inspeccionan la labra de las imágenes que se hacían bajo la dirección de Miguel Gastón de Iriarte. Escribe el cuñado al obispo el 5 de diciembre de 1752: "Despues de haber estado en Madrid de seis a siete meses ( ) habiendo pasado el invierno y la primavera en aquella Corte en compañía de mi hermano ( ) bellisimamente y muy distraido con el bullicio de tanta gente y novedades que cada dia ocurren en la Corte, sin que en mi salud hubiera experimentado la menor novedad, tuve al mismo tiempo el gusto y complacencia de ver como trabajaban los santos para la iglesia de Azpilcueta por dirección de mi hermano, que aseguro a Vuestra Ilustrísima son muy buenos y según los inteligentes muy apreciables y gustándoles aguardan venir, que a mas de que en el Reino habrá pocos semejantes, pues hoy se trabaja en Madrid de lo mejor". Las imágenes de los santos patronos navarros y del Crucificado debieron de venir después y son probable regalo de Francisco de Indaburu. No se conserva, en cambio, el San Martín partiendo la capa que menciona Ceán Bermúdez.

Otro conjunto importante de esculturas se encuentra en la parroquia de Lekaroz. Se fecha en 1756 un año más tarde que Azpilkueta, cuyo ejemplo debió de seguirse en el valle. Fueron sus comitentes diversos miembros de la familia Jáuregui procedentes de la casa Jaureguia de Ohárriz y cuyo miembro más destacado fue el virrey de Lima, don Agustín de Jáuregui y Aldecoa. Fue su hermano Francisco Martín de Jáuregui, residente en Madrid, quien aparece como responsable del encargo colectivo. Habría establecido relación con Salvador Carmona en la Real Congregación madrileña a la que pertenecía. Por su parte, regaló a la iglesia de Lekaroz un Martirio de San Bartolomé, una escena compuesta por tres figuras, y un San Matías. Otro hermano del anterior, Pedro Fermín Jaúregui, arcediano de la Cámara y dignidad de la catedral de Pamplona, regaló una Nuestra Señora del Rosario. Finalmente, José de Echeverría y Larreche, hijo de la casa Echeverría y residente en Madrid, regalaría un San José.

Sin salir del valle de Baztan se localiza otra Virgen del Rosario en Arizcun, de donde era originario Juan de Goyeneche, y otra en Elizondo. Imagen con gran empaque es el de la Virgen de Santesteban, quizá regalo del marqués de Ustáriz, hijo del famoso mercantilista Jerónimo de Ustariz.

Sesma y Olite

Fuera del ámbito baztanés se conservan esculturas de Salvador Carmona en otros lugares más meridionales de Navarra. La parroquia de Sesma cuenta con tres imágenes: la Virgen del Rosario, San Francisco de Asís y el gentil y gracioso arcángel San Rafael. Su posible comitente habría sido don Juan Antonio Pérez de Arellano, obispo de Casia, que fue el encargado de redactar las nuevas Constituciones para la Congregación de San Fermín de los Navarros. Fue enterrado en el púlpito de Sesma en 1756. Gran mérito artístico tienen las esculturas del convento de franciscanos de Olite, el San Francisco de Asís que se trajo de Madrid y se hizo a expensas de don Alejandro la Vega, superintendente general de este Real Colegio apostólico, y la Santa Rosa de Viterbo, regalo de doña Bernarda Munárriz, "señora muy devota, estando esta señora en Madrid la mando hacer a los mejores artífices". Estas imágenes fueron colocadas en sus altares con procesiones solemnes según la historia manuscrita del P. Herce (1750) que alaba el "risueño y hermosísimo rostro" de la santa. El artista enviaría al mismo convento tres imágenes marianas de vestir, una de ellas la Virgen del Cólera, patrona de la ciudad de Olite.


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