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PREMIO CÁMARA 2008 A LA TRAYECTORIA EMPRESARIAL | ESTEBAN PUIG MONTANYÁ EMPRESARIO JUBILADO

Esteban Puig: "Ya me siento reconocido cada día con la ayuda al Tercer Mundo"

"Ahora nos piden, sobre todo, comida. Hay mucha hambruna en Haití y en África"

Actualizada Domingo, 7 de diciembre de 2008 - 04:00 h.
  • PILAR MORRÁS. PAMPLONA .

Con sus "ochenta años pasados", Esteban Puig Montanyá (Manresa, 23 de abril de 1928) parece tener un libro de contabilidad en la cabeza. Este empresario maderero, que llegó a Navarra "con pantalón corto" al término de la guerra civil, se dedica ahora a contar y pesar otras cosas. Ayuda humanitaria.

La que envía a países en desarrollo la ONG salesiana Jóvenes del Tercer Mundo, en la que invierte su tiempo, su dinero (le gusta viajar para comprobar la eficacia de las donaciones) y a cuya disposición pone buena parte de los almacenes del antiguo aserradero familiar de Echavacoiz, situado frente a Asmóvil, y hoy reconvertido en una empresa alquiladora de maquinaria de obra pública.

Segundo hijo de Salvador y María, propietarios de un aserradero dedicado a fabricar hormas para zapatos en Manresa, Esteban y su hermana mayor, Ana Mari, que vive en Barcelona, apadrinaron al benjamín de la familia, Javier, que llegó 18 años más tarde, y con el que Esteban trabajó siempre mano a mano en el negocio familiar. Su fallecimiento, en 2007, con 60 años, "fue un golpe duro" para Esteban. Casado con "Teresita" Ayestarán Oyarzún, de los Ayestarán de las zapaterías pamplonesas, comparten 7 hijos y 14 nietos.

Al menos, no negará que es usted rico en trayectoria personal.

Pues sí, muy rico. Porque no son siete, sino catorce hijos. Tenemos unos yernos y nueras estupendos. Un material humano fenomenal. Y los nietos, que van desde los 20 hasta los 2 años.

Y ¿los disfruta?

Bueno, los podría disfrutar un poco más.

¿Por qué lo dice?

Estoy aquí todos los días para las 9,30 o 10 de la mañana. Y muchos día me vuelvo a las 8 de la noche a casa. Y a esas horas, los nietos... no es posible. Pero los fines de semana, sí, porque nos juntamos casi todos.

Y ¿qué hace ahora aquí?

Ayuda al Tercer Mundo. Es a lo que me dedico desde mi jubilación y lo que me da satisfacciones.

¿Cuándo se jubiló?

A los 65 años. O los 70...

No parece tener muy clara la frontera...

Hay gente que lo tiene muy claro. "Ya me he jubilado y me siento a pescar o a jugar al golf, que es lo que me gusta". Pero yo, como no he dejado de trabajar, no recuerdo cuándo. De hecho, no he dejado de trabajar nunca. Y eso quizás sea un pecado, pero es que disfruto trabajando. Por eso, yo diría a los empresarios que busquen el trabajo que les gusta. Esa es la forma de que los negocios salgan adelante, disfrutar con ellos.

¿Cómo recaló su familia en Navarra?

Mis padres tenían en Manresa una fábrica de hormas de zapatos. Entonces, el consumo de hormas era enorme. De cada número, había que hacer muchísimos modelos, según la moda. Lo enviábamos a las fábricas en Elda, Elche, Alicante, Barcelona, Mallorca, Menorca, etc. Las hormas había que hacerlas forzosamente en madera de haya. Porque hace falta que sea fuerte, pero a la vez un poco dúctil para poderla moldear y troquelar con las máquinas sin romperla. Mis padres hicieron un viaje a principios del 36 buscando sitios donde se podían ubicar. Pero no vinimos hasta el 39 cuando se liberó Cataluña y terminó la guerra.

Y ¿por qué escogieron Navarra?

Aquel viaje fue en Semana Santa del 36. Mis padres estuvieron en Asturias, pero no había mucha madera, y sí muchas huelgas. Luego, en Santander, pero el transporte hasta Levante también era complicado. Siguieron hacia La Rioja, y les gustó Ezcaray. Pero, ese mismo día, llegaron a Navarra. Y les agradó, había mucha madera y las comunicaciones eran bastante buenas. Alquilaron unos locales en Aoiz, e incluso compraron monte en Villanueva de Aézcoa y volvieron a Cataluña dispuestos a hacer el traslado de la fábrica, pero la Generalitat no lo autorizó.

No sabía que en aquel tiempo estuviera tan regulado el traslado de empresas.

Si, si. Como ahora. Y la deslocalización de industrias, en un momento de paro, no se autorizaba tan fácil. Luego vino la guerra. Nos quitaron la serrería. Se la quedaron los obreros. Y allí estuvieron, mientras hubo algo que pudieran vender. Cuando no hubo nada que sacar, se fueron. Así, sin expediente de crisis, ni nada.

Y su familia ¿de qué vivió esos años de guerra?

Había escasez, pero tampoco nos moríamos de hambre. El padre y la madre se preocupaban de buscar. Mis abuelos tenían tierra y viñas en Balsareny y Navás. Iban al pueblo y algo traían. Que tampoco era fácil. Había que tomar un tren, pedir permisos...

¿Qué significó para aquel niño de 11 años aquel viaje?

Venir, a mí, no me costó en absoluto. A mi hermana, sí, porque dejaba los amigos. Pero fue duro. Porque allí el colegio era todo en catalán y yo aquí escribía en castellano con problemas. Estuve primero en el colegio de Aoiz porque el curso había empezado. Al año siguiente fui interno a los Salesianos, porque mis padres pensaron que podía formarme mejor. Y todavía sigo con ellos. Todo mi trabajo actual es con la Fundación Jóvenes del Tercer Mundo.

¡Vaya historia de amor la suya con los salesianos! ¿Qué especialidad escogió?

Cultura general. Había una rama de estudiantes, donde estaba yo, que se preparaban para ir al bachiller, y otra de profesionales: mecánicos, carpinteros, sastres, electricistas, impresores... Yo, en vez de bachiller, hice comercio en San Sebastián. Y luego, profesorado mercantil, que es equivalente a Económicas ahora.

Así que se preparó a conciencia para ser empresario.

Si.

Y sus padres, entre tanto, montaron de cero la fabrica en Aoiz.

De cero, no. Continuaron en Aoiz el negocio que tenían en Manresa. Cogieron las máquinas, las cargaron en unos camiones y se trajeron la fábrica a Navarra. Allí estuvimos dos años.Luego se instalaron aquí en Echavacoiz. Se modernizó la maquinaria, se amplió, luego se amplió más. Llegamos a tener 30.000 metros cuadrados. Luego hicieron la carretera general en nuestro terreno y ahora son menos. Pero llegó un momento en que necesitamos más espacio. Y al final, en 1973, aterrizamos en Monreal.

Parecen ustedes una familia caracol, que se llevaba a la industria a cuestas donde fuera.

No tanto. Aunque esto funcionaba a nombre de mi padre: Maderas Salvador Puig Bonvehy (Sapubo). Cuando se fue a Monreal, se convirtió en Sapubo S.A. porque queríamos que el nombre del padre se mantuviera siempre. Ahí compramos 200.000 m2.

¿Aún vivía su padre cuando se trasladaron a Monreal?

Si, mi padre murió con 97 años. Pero ya no estaba ya en activo. Bajaba por aquí, y le gustaba que le contáramos las cosas.

Su madre ¿qué papel hacía ?

Era muy negociante. Tenía muy buenas ideas y muy claras. El negocio generaba desperdicios: la leña. Mi madre estaba al frente de venderla. Y de cobrarlo.

¿Cuándo se incorporó usted?

Desde el principio. Entré de "maca", de aprendiz. Durante un año tuve que aprender de todo: a afilar, a serrar, a hacer hormas. Y cuando hube aprendido, y empezaba a sacarle gusto, mi padre me dijo: "a estudiar". Estudiaba por libre aquí en una academia y luego me examinaba en San Sebastián. Pero, entre clase y clase, aquí estaba yo. Me dedicaba a ver montes para comprarlos. A asistir a subastas, visitar clientes, vender madera, ir a cobrar...

Eso ya era negocio puro y duro.

Claro, pero hace falta saber. Un empresario no hace nada sólo con fabricar, si luego no sabe vender y no sabe cobrar. Aunque entonces, después de la guerra, en los años 45 al 50, había mucha escasez. Como no se podía importar, ni exportar, todo lo que se hacía estaba todo vendido. Teníamos una producción de 3.000 pares de hormas diarias. En cuanto hacíamos una traviesa, venía el sobrestante de la estación a cogerla para ponerla en la vía y que no descarrilara el tren.

¿Tenían muchos operarios trabajando aquí en Echavacoiz?

Treinta y tantos. En aquella época, había un problema grande de mano de obra. Venían inmigrantes de otras zonas de España: Andalucía, Extremadura..., y como no tenían donde alojarse, les construimos estas casas. Creo que pagaban 200 pesetas al mes. Cogíamos un padre que trabajaba con varios hijos, y así, con un piso, conseguíamos cinco operarios. Nosotros vivíamos aquí en una casa encima de las oficinas y la báscula donde se pesaba la madera. Recuerdo que entonces no había coches, ni villavesas, cuando había un parto, me avisaban: "Don Esteban, esté preparado esta noche que igual tiene que llevar a la señora a la maternidad".

¿Cuándo diversificaron?

De la horma se pasó a hacer tablón y tabla. Luego, con las cocinas de gas y la electricidad, la leña tuvo difícil venta. Vendíamos mucho para los colegios al Ayuntamiento y al Hospital. Pensamos en montar una planta para fabricar tablero aglomerado. Aún no existía ninguna en España. Cogimos una patente suiza y montamos Tacsa (Tableros Aglomerados Contrachapeados SA) en Orvina con Félix Viscarret y Manuel Zarranz, fundador de Inquinasa.

Ese fue el primer spin-off del negocio, como dirían hoy...

De ahí se abrió aquí la fábrica de impresión de tableros, con unos rodillos offset. Luego, en Ansó, había un aserradero municipalizado que no funcionaba. Nos lo arrendaron por 25 años. Lo transformamos. Fue una época muy interesante. Al cabo de esos 25 años, al valle le pareció que ellos podían seguir con el negocio... y cerraron al año.

Y ¿cómo es que acaban con el negocio actual de alquiler de maquinaria para obra pública?

Eso ya es otra historia. Entre Ansó y aquí igual teníamos seis "volvos" (palas cargadoras) funcionando. Entonces, la distribución de Volvo la hacía Ofidex. Pero resulta que la compró Manhattan Bank que, a su vez, poseía a su competidora McCormick. Así que el director general de Volvo vino a España para montar nueva distribución. Y vino a vernos, porque éramos su mayor cliente. Nos preguntó nuestra opinión sobre sus candidatos, y a los dos días, después de entrevistarlos a todos, nos sugirió hacernos distribuidor para Navarra, Guipúzcoa y La Rioja. Le dijimos que no. Que no entendíamos de maquinaria.

¿Qué les hizo cambiar de opinión?

Yo estaba haciendo el IESE entonces. Y en clase estaban dando la diversificación. Eso de que no es bueno poner todos los huevos en la misma cesta. Y al final, nos decidimos y constituimos Maquinaria de Navarra SA (Manasa) a principios de los ochenta, aquí en Echavacoiz.

Entonces ¿lo de cambiar de negocio no fue por necesidad?

No. Era una forma de crecer. Y pensando más en mi hermano, al que le gustaban mucho los coches, para llevarlo. Pero la verdad es que el tenía, como yo, el serrín y la madera metido dentro. Y la distribución me cayó a mí.

Y así ¿hasta cuántas empresas han gestionado o montado?

No sé. Unas ocho o diez.

Sin embargo, no es usted un empresario muy conocido.

No me gusta mucho figurar. No tengo interés.

¿Qué le animó entonces a aceptar el reconocimiento de la Cámara Navarra?

Me convencieron. Yo, con la ayuda al Tercer Mundo, ya me siento reconocido cada día.

¿Ha conocido el fracaso?

¡Ya lo creo que sí! Lo de los tableros aglomerados no salió bien. Las hormas acabaron haciéndose con plástico. Pero nos dedicamos a otras cosas. Creamos otra sociedad con los americanos para hacer embalaje. Al final, todo eso, lo de Monreal, se lo quedó mi hermano. Hicimos una división, y yo me quedé con la maquinaria.

¿Qué fue de Sapubo, la empresa familiar? ¿Siguió adelante con su hermano?

Hasta hace tres años. Pero mi hermano murió y su viuda no ha continuado con eso. Ahora se va a hacer allí un polígono industrial.

Y las suyas ¿siguen activas?

Si. Está Manasa; Urbasa, también de alquiler de maquinaria de obra pública. Y Volrental Norte, en la que Volvo participa en un 75%. Eso ahora es de los hijos. Todos son socios, pero en la empresa trabajan tres. Dos en Manasa y Urbasa. Y otro en otra sociedad, Nueva Yarnol, dedicada al alquiler de vivienda.


Comentarios
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  • que le pregunten a antiguos obreros de su serreria seguro que premio no le dan ninguno,mas solidaridad com los que tenemos cerca y no con los que estan tan lejos,hipocresia purafermin
  • ¡Qué alegria leerte¡ Fuiste mi buen amigo desde kos Slesianos, en Comercio, en tu trabajo que me enseñasre a cubicar madera¡¡ Qué gran trayectoria la tuya, la seriedad de tu padre, las meriendas de tu madre, el Renault de tu hermana.....José Antonio Goñi Unzue

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