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ANÁLISIS | JON IRIBERRI

La mala suerte

Actualizada Domingo, 7 de diciembre de 2008 - 04:00 h.
  • JON IRIBERRI ES LICENCIADO EN ACTIVIDADES FÍSICAS DEL DEPORTE, TÉCNICO DEPORTIVO Y MÁSTER DE ALTO RENDIMIENTO.

Echarle la culpa a la mala suerte es un evasivo recurso popular que no debiera sobrepasar ese ámbito. Entiendo que ningún responsable de determinada tarea debiera utilizarlo como explicación y menos aún como justificación de un hecho desafortunado.

Es terriblemente vulgar y pone de manifiesto las carencias de conocimiento profundo de la materia sobre la que ejerce esa responsabilidad. Esto es compatible, no obstante, con el reconocimiento de la existencia del azar como factor aleatorio que da pie al establecimiento de probabilidades de algo suceda o no.

Las probabilidades de que un grupo de deportistas que entrena y compite con un nivel de intensidad elevada se lesione son obvias y tiene cierta relevancia numérica. Cabría hablar de azar en este caso. Cabe incluso la posibilidad que la presencia de otros factores, como la elevada tensión, el severo clima o la incertidumbre aumenten esa probabilidad de lesionarse. Siempre nos mantendríamos dentro de un número razonable de indispuesto en torno al cual se configura el número de futbolistas que componen una plantilla de un club. Pero cuando este número aumenta de manera alarmante, hemos de ir más allá en nuestras hipótesis acerca del origen de la injustamente denominada plaga.

Sucede, para sorpresa de algunos, que hay un factor contaminante de infinita mayor potencia que los citados en el caso de las lesiones típicas de tren inferior del futbolista: la insuficiente capacidad de fuerza en los músculos que controlan y aseguran los movimientos violentos, sobre todo de las articulaciones biarticulares inestables como por ejemplo, la rodilla. Esta tesis iniciada por Lombard en los años 80 ha sido profundamente estudiada y documentada en estas últimas décadas. Sin embargo un importante sector de los responsables de conocer y evaluar los riesgos de este fenómeno aún no son conscientes que el acondicionamiento del tren inferior del futbolista como factor preventivo de estas inoportunas lesiones es fundamental. Dicho de otro modo, es necesario entrenar la fuerza y hay que entrenarla bien.

Navarra posee cerebros cultivados en el conocimiento de esta basta área y sus incesantes actualizaciones, pero -paradojas de la vida- parecen ser más valorados por los equipos rivales que por el que debiera ser su destino único y natural. Dicen que nadie es profeta en su tierra. Quizás haya de ser así, pero por favor, que nadie le eche la culpa de las decisiones incorrectas a la mala suerte.


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