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El arte de crear un personaje

Actualizada Domingo, 7 de diciembre de 2008 - 03:59 h.
  • MARÍA ANTONIA ESTÉVEZ . MADRID.

Una de las páginas más bellas del libro es cuando Landa cuenta cómo se metió en la piel de Paco el bajo en Los santos inocentes.Cómo leyó el libro de Delibes, cómo pensó y repensó a Paco, cómo recordó otros personajes semejantes, como el de Humillados y ofendidos que tanto le impresionó en su adolescencia, cómo fue anudando cabos: "Un inocente, un santo, un humillado, como un perro que ama al amo que le maltrata." y la conclusión: "Paco ha de tener la mirada de un perro que el amo abandona en la carretera". ¿Y cómo se mueve un hombre humillado? Y así, poco a poco, se va adentrando en la intimidad del personaje y dando forma a sus gestos. El mismo recorrido sigue para dibujar la dureza del protagonista de El crack o el ensimismamiento de su personaje en El bosque animado. Para Landa, "actuar no es ritmo. Es ritmos, en plural. Hay que saber pasar de uno a otro, hay que marcar pausas para arrancar de nuevo a otra velocidad y que no se note. Los que se limitan a hablar y moverse deprisa llevan un solo ritmo, un solo tono, y eso agota al espectador. Yo siempre he intentado cuidar eso. Lo llevas dentro, es como el oído musical, pero también hay que trabajarlo, razonarlo"

Y recuerda cómo aprendió todo esto. "Cuando yo empecé escuchaba, me fijaba en lo que hacían los mayores, hasta el menor detalle". Lo vivido con Somoza, Bódalo, la familia Gutiérrez Caba, las Muñoz Sanpedro. le hacen clamar: "Yo vengo de un mundo que ya no existe". Y antes, la gran lección recibida en sus comienzos en el TEU de San Sebastián, páginas imprescindibles para la historia del teatro de este país, con Alberto Aróstegui y sus hermanos Iñaki, Manolo y Ana. Cuántas veces confiesa Landa haberse repetido las dos frases que están grabadas desde los años del TEU en su escudo de armas: "Siempre hay que salir a matar", y "No hay papel pequeño". "Si tú", sigue Landa, "vas a estar en escena dos minutos, en esos dos minutos han de fijarse en ti por narices. Corrijo: se han de fijar en tu personaje".

Por el libro de Landa/Ordóñez desfilan también episodios más conocidos como sus encuentros y sus desencuentros con Garci, su "gatillazo emocional" en la entrega de los Goya, la emoción del Príncipe de Viana, su retirada anunciada. Pero hay episodios que habían permanecido siempre amparados en su intimidad y que ahora aborda con la misma naturalidad con la que cuenta el argumento de cualquiera de sus películas: "Una noche empecé a sentir un dolor sordo pero muy intenso en el vientre. Me hicieron pruebas y el diagnóstico se confirmó: cáncer de colon. No tuve miedo, curiosamente. Si hay que morirse, pues se muere uno, que ya he vivido lo mío". Le operaron y salió del trago. "Cuando empezaba a remontar vino lo de Maite. El mismo proceso: tres tumores en el pulmón. Se los sacaron y ahí la tienes, yendo a nadar cada día a la playa de Ondarreta en invierno y verano. Hasta nevando va a nadar. Y también ha pasado cojonudamente la ITV, como yo".


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