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MÚSICA | FERNANDO PÉREZ OLLO

Programa feliz y un violín de Don Pablo

Actualizada Viernes, 5 de diciembre de 2008 - 04:00 h.

E L programa anunciaba esta sesión musical como "clausura del año Sarasate" en el centenario de su muerte. Dejemos a un lado si el centenario de 1908 comienza o termina ahora. La entidad organizadora era Baluarte y en esta velada no aparecían el Gobierno o el Ayuntamiento de la capital, aunque sí el logotipo del centenario. Éste no lo ha cerrado, pues, una entidad oficial, aunque Baluarte sea una fundación pública con apoyos privados.

O quizás debamos precisar que se trataba de poner el punto final -sin y en medio, malditos analfabetos locuaces- al centenario que Baluarte ha desarrollado sin alharacas, pero con intención paladina: ahí está el desfile de violinistas, nunca de flojo interés, en los últimos doce meses. Baluarte ha organizado lo que nadie aquí. El centenario oficial, vamos a dejarnos de vainas, ha sido un ejemplo rácano, de imaginación pobretona y pesante assai con algún despropósito, incluso presentado fuera de Navarra. Sarasate, la figura del músico y su probado amor a la tierra de sus raíces, merecían bastante más, aun en año de recortes presupuestarios, que -según se ve- pueden afectar a uno de los nombres navarros más universales, pero no a alguna iniciativa privada recentísima. Quizá sea cuestión de sensibilidad y del oído mínimo, no ya afición, hoy -insisto, hoy- exigible en un cargo de política cultural, para no desafinar. En cuanto a la celebración municipal, mejor no hablar, con la venia de SS.MM. ¡Ah, si Sarasate hubiera sido laburdino y dejado papeles, instrumentos y cachivaches a Bayona!

Acierto esencial de la tarde fue el programa, coherente con una celebración de Don Pablo. Un programa bien rematado, que dicen los taurinos cabales, los que hablan por sí mismos. La segunda parte ofrecía dos fantasías de Sarasate sobre obras de Mozart y Bizet que nutrían la primera. Cierto que Sarasate fantasea sobre "La flauta mágica" -él escribía "encantada" a partir de la traducción francesa para "Zauberflöte- sin usar la obertura, es más, la fantasía se ajusta tanto a las bellísimas melodías de la ópera que los derechos de autor, si los hubiera, debería cobrarlos indudablemente el austríaco. Pero conviene tener presentes las melodías originales, para calibrar esas recreaciones. Y en cuanto a la "Jota de Pablo", une a su rareza en las conciertos un dato entrañable y elocuente para nosotros: es la última obra que Sarasate tocó en casa, con "Santa Cecilia", en el homenaje que la ciudad le rindió el domingo, 12 de julio de 1908, setenta días antes de morir el violinista de San Nicolás.

Otro acierto fue la presencia del "Vuillaume", cuya salud ha sido motivo reciente de comunicados. Sonó bien, precioso, no se advierte fisura alguna en la madera y sonará mucho mejor el día en que vibre todos los días en manos de un violinista. Es un instrumento; en una vitrina no pasa de mueble, aunque ilustre. El Ayuntamiento debería plantearse cederlo, con todas las garantías y seguros, precisamente para conservarlo vivo y despierto. No es la primera vez que se expone esta sugerencia, lo sé, pero la mejor aportación del Ayuntamiento al concurso sería que el "Vuillaume" se confiara el ganador hasta la siguiente edición del certamen. No es flojo premio disponer durante un bienio de un violín de calidad y prestigio.

Tianwa Yang ganó el "Sarasate" del año pasado y ahora graba buena parte del catálogo de nuestro músico. Domina, pues, la obra del violinista pamplonés. En el registro medio y en el grave luce una redondez y pujanza sonoras netas, estupendas, no tan felices en el muy agudo y en las dobles cuerdas, a veces con leves desafinaciones. Una exhibición de virtuosismo brillante con ráfagas de musicalidad apreciable.

La orquesta sonó con cuajada dignidad en Mozart y lució bien en algunos números de Bizet, que no resultan igual sin la voz para la están concebidos. El director, algo saltarín -la jota parecía a veces vals-, hizo bien en repetir los saludos de solistas y familia completa de la madera. Lo merecían.


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