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DIARIO DE LECTURAS | J. L. MARTÍN NOGALES

Malos estudiantes, buenas personas

Actualizada Lunes, 1 de diciembre de 2008 - 04:00 h.

H AY libros que vale la pena leerlos por el estímulo que transmiten. Mal de escuela, por ejemplo, del escritor francés Daniel Pennac, editado en Mondadori. Cuenta Pennac que él fue un mal estudiante, que le acompañó el fracaso escolar y que nunca fue un alumno preferido por los profesores.

¿Y cómo acabó? Pues hoy es profesor en la escuela secundaria, un escritor que ha publicado varias novelas, algunas de las cuales están traducidas al castellano, y que es el autor de este libro en el que ha querido contar llanamente su propia experiencia. Es la experiencia estimulante de quien a base de esfuerzo y confianza en sus habilidades consigue superar su limitaciones objetivas. El libro es una lectura sugerente en un momento en el que tanto se habla del desinterés, la desmotivación y las tasas de fracaso escolar de los jóvenes.

Creador de vida artificial

El californiano Craig Venter tampoco tuvo una infancia muy aplicada. No le gustaba la escuela. Vivía a la orilla del mar y prefería hacer surf en las aguas del Pacífico que sentarse frente a los libros. Era casi un adolescente cuando fue llamado a embarcarse para luchar en la guerra de Vietnam. Allí vio lo que era sufrir y aprendió el dolor y qué delgada es la línea que nos separa de la muerte. En aquellas tierras tomó una decisión: si sobrevivía a la guerra, se haría médico.

Sobrevivió. Tuvo que rehacer su vida de estudiante vago. Pidió préstamos para estudiar en un colegio y luego en la facultad de Medicina. Investigó sobre la adrenalina con el prestigioso bioquímico Kaplan. Creó su propio instituto de investigación. Y hoy es uno de los principales científicos que trabajan sobre el ADN y el genoma humano. Lo cuenta él mismo en su autobiografía, La vida descodificada (Espasa-Calpe), en donde no pretende presentarse como un hombre impecable ni un modelo a seguir. Se describe a sí mismo como un hombre trabajador, sí, poco dócil, heterodoxo, descreído, ambicioso, amante de los lujos marinos (tiene un yate de cuarenta metros), innovador y creativo. Su objetivo ahora mismo es fabricar vida artificial, creando un cromosoma sintético en el laboratorio.

Una lección de optimismo

La infancia de la escritora Esther Hautzig no fue nada fácil, ni transcurrió en las mejores circunstancias. Pero si algo define su personalidad es el optimismo. Era una niña cuando el ejército nazi invadió Polonia; y seguía siendo una niña al año siguiente cuando los rusos ocuparon el país. Ella y su familia fueron enviados a Siberia, como tantos otros polacos (se habla de un millón), a la estepa infinita donde el hielo cubría la tierra de día y de noche.

Cómo vivió en esos días de hielo e intemperie es lo que cuenta en la novela autobiográfica titulada precisamente La estepa infinita (editorial Salamandra). Historias parecidas han sido contadas por otros autores, muchas veces, con ligeras variantes; pero lo peculiar de este libro es el tono vital que desprenden sus páginas, al recordar aquellos años difíciles de una infancia vivida en unas condiciones poco recomendables. Hambre, frío y pobreza componen el lado oscuro de una vida irreductible sin embargo al desaliento. Esther Autzig encuentra el sentido positivo en las circunstancias más adversas. Toda una lección de optimismo.


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