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CRÓNICAS DE ASFALTO FRANCISCO JAVIER ZUDAIRE

Me sobra y me lo piso

Una semana más sin que me haya tocado la loto. Dice la gente que la lotería les cambia la vida, pero no podría asegurarse si eso es bueno o malo. A mí, la falta de fortuna me dio la suerte de mantenerme fiel a los míos.

Actualizada Domingo, 30 de noviembre de 2008 - 04:00 h.
  • OPINION@DIARIODENAVARRA.ES

E N mi casa, como no teníamos tierras ni acopio de bienes materiales que nos alumbrasen la iniciativa de sumergirnos en la auténtica especulación -la rentable, para entendernos-, nos limitábamos a traficar con ideas o conceptos, vale decir, nos inclinábamos hacia asuntos menos prosaicos y más idealizados. Si hubo un tiempo en el que nos dio por ahorrar (palabras), y aquí quedó explicado, tampoco faltó la etapa en la que concretamos el ajuste familiar a la dinámica, nuestra dinámica.

Con ella fuimos estrictos. A rajatabla, si saben a qué me refiero.

No estamos hablando de la dinámica como parte integrante de la Física, tema harto descorazonador para un domingo, seamos serios, sino de la dinámica extraída de la sexta acepción de la ínclita Real Academia, es decir, el nivel de intensidad de una actividad. Y ya puestos, su ritmo, su tempo. De esa dinámica hablamos. Pocas bromas, la dinámica te puede destrozar: la coges, tal que para trabajar, y a lo tonto a lo tonto se te va la vida en ello, en el trabajo. En nuestro caso, cada hermano -éramos una especie de dúo dinámico-, tenía su propia e intransferible dinámica de funcionamiento: él aprobaba y yo suspendía. Eran roles preestablecidos, indiscutibles, asignados personalmente en una familia, la mía, andamiada con una estructura piramidal y edificada con la argamasa del orden tajante -un día, lo prometo, abordaremos el orden-, donde no cabían desviaciones, sólo se permitía atenerse cada cual a lo suyo. Las discusiones, los debates, se reservaban para las grandes cuestiones, como abrir o no la puerta al cobrador de la luz a finales de mes. Mi hermana vivía en un mundo aparte, ni miembra era, aun faltaba un largo trecho evolutivo para que las Bibianassocialdemócratas del mundo renegaran del marxismo y se ocuparan de reivindicar el sexo de las palabras. Ella, mi hermana, iba a un colegio de religiosas teresianas, y punto, no tenía otra dinámica establecida. Si acaso, solía comentarse: Un día se casará.

Pues ya ven, pese a que alguien pondría la mano en el fuego por defender que mi dinámica de suspenso vitalicio era coser y cantar, no me faltaron problemas añadidos. En cierta ocasión, recuerdo, un irresponsable profesor -no cabe descartar que al tiempo fuera también un incompetente-, me aprobó ¡nada menos que la asignatura de Ciencias Naturales!, cuando lo natural en mí venía siendo cosechar la ciencia del cero. Buena se armó. Y con razón, me había cargado la dinámica, la mía., el orden, que afectaba al conjunto., de allí al caos, a perder los papeles, sólo restaba un corto espacio por recorrer. Chico -se me dijo-, no nos vuelvas a hacer esto nunca más. Tú no vales para los estudios, como mucho servirás para escribir en los periódicos, dejemos que estudie tu hermano y no perdamos más tiempo, y no se te ocurra aprobar ni una más. So memo. (Aquí introdujeron la dinámica del mangazo, pero ésa es otra historia). Ahora que lo pienso, en más de una ocasión hube de morderme la lengua para no dar respuestas correctas, porque lo cierto es que la ignorancia total es un estadio prácticamente imposible de alcanzar por la mente. Ni con una dinámica tan relajada como la mía. Por mucho que te empeñes, siempre está el cerebro dispuesto a absorber, no hay manera de que esa esponja de neuronas se quede en blanco. (Mira Bush, presidente ha sido). De tumbo en tumbo -mi dinámica infantil dejó huella indeleble-, acabé haciendo mis primeras prácticas en la redacción de un periódico, ¿y saben qué tuve que oír en aquella calurosa mañana de julio? Vean: Venís de esa facultad de nombre tan pomposo, Ciencias de la Información, y no sabéis hacer nada, eso nos dijo el director de un diario vespertino. Entonces comprobé que mi dinámica seguía siendo la correcta, con algunos desvíos obligados en mi trayectoria, pues no hubo otro remedio que tirar de aprobados raspados para adquirir el título. Pero, en esencia, me mantuve en mi camino, en mi dinámica de bajo coste y peor rendimiento. Aquellos tres becarios y yo no sabíamos nada, por lo tanto seríamos capaces de escribir en los periódicos, como me habían vaticinado. ¿Y qué fue de nosotros? Mi hermana se casó, según lo contemplado desde la génesis familiar. En cuanto al dúo dinámico, hoy sé que la dinámica de mi hermano era más sensata y cartesiana, y que lo mío se encaraba hacia las tonterías propias del periodismo: escribir, guardias nocturnas y en festivos, alguna querella, la cola del Inem e insultos por teléfono (saludos al del otro día, pero no se acalore, hasta Garzón se ha dado cuenta de que ha muerto Franco).

En fin, me cabe la satisfacción del deber incumplido y, aunque no han faltado tentaciones para romper mi dinámica y pasarme al ímprobo esfuerzo, me he sacrificado y he sido fiel a los míos. Tengo un mérito que me lo piso.


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