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CULTURA Y SOCIEDAD

La sombra del chivato

La denuncia de una revista contra Milan Kundera ha reabierto el debate sobre el papel de los intelectuales

Actualizada Domingo, 30 de noviembre de 2008 - 04:00 h.
  • P. SOTO . COLPISA. BARCELONA

EL chantaje y la delación son quizá la faceta más siniestra de la represión en los países ex comunistas europeos. Ewa Stankiewicz, una cineasta polaca de 41 años, realizó este año junto con Anna Ferens un largometraje, Trzech Kumpli (Tres amigos), basado en una historia real sobre la traición y el crimen en la Polonia comunista.

Trata de tres chicos unidos por la Amistad; uno de ellos, Staszek Pyjas, fue asesinado por la policía, porque su amigo Leszek Maleszka, que era un chivato, lo delató. La tercera persona del grupo, el periodista y escritor Bronislaw Wildstein, sigue queriendo saber la verdad y dedica buena parte de su vida profesional a la denuncia de los mecanismos represivos que imperaron en Polonia durante más de cuatro décadas.

Casi 20 años después de la caída del Muro de Berlín, en el territorio de lo que fue la República Democrática de Alemania (RDA), un paradigma de sociedad controlada por la Stasi (la policía política) a través de una tupida red de chivatos y colaboradores, el conocimiento que tienen las nuevas generaciones sobre esta realidad es escaso.

Tiene su lógica, porque, según los sociólogos, el desconocimiento se debe a dos factores: la nostalgia por el pasado que manifiestan algunos sectores sociales golpeados por el cambio capitalista y el interés de muchos ciudadanos por dulcificar la Alemania socialista para ocultar sus propias miserias.

Según un estudio de la Universidad Libre de Berlín, uno de cada 50 habitantes germano-orientales trabajaba para la Stasi, frente al uno de cada 596 ciudadanos soviéticos que lo hacía para la KGB. La tela de araña tejida por la Stasi y otros servicios de inteligencia era de tal envergadura que había un chivato casi en cada familia.

Hubo chivatos entre los escritores, dramaturgos, artistas, intelectuales y periodistas. Recientemente, un diputado del partido radical Die Linke (La Izquierda), Lutz Heilmann, consiguió cerrar durante tres días la versión alemana de Wikipedia porque en su biografía se hacía referencia a su pasado como agente de la Stasi.

La polémica que generó el pasado mes de octubre una revista checa al afirmar que el escritor Milan Kundera denunció en 1950 a la policía comunista a un joven, que fue condenado a 22 años de prisión (algo negado por el escritor), demuestra que la República Democrática Alemana no fue un caso excepcional y que la delación fue un arma eficaz del poder en todos los países del antiguo bloque socialista europeo.

Mecanismos represivos

"No sé si Milan Kundera es culpable o inocente, porque no soy historiador, pero sé que en los países ex comunistas de Europa están cayendo muchos grandes mitos de la cultura y la intelectualidad". Ivo Buzek, hispanista y profesor universitario en Brno, la segunda ciudad de Chequia, no se sorprende ante las acusaciones contra el autor de La insoportable levedad del ser porque "cuando era niño ya sabía que muchos ciudadanos de lo que entonces era Checoslovaquia eran chivatos y colaboradores de la policía secreta".

El caso Kundera, y otros que podrían ser revelados en el futuro, cuestiona el mito de que los regímenes comunistas sólo se pudieron mantener en el poder a través de la represión. Poco a poco salen a la luz los mecanismos sociales, políticos, policiales y psicológicos que permitieron a las nomenclaturas dirigentes gobernar con el apoyo de una parte sustancial de la población y sus elites intelectuales, artísticas y culturales.

La delación fue en Polonia, Checoslovaquia, Rumanía, Hungría, Bulgaria o la RDA un arma muy eficaz del poder y muchos de sus protagonistas, que hoy viven fuera de toda sospecha, son escritores, actores, cantantes, pensadores, sacerdotes, científicos y periodistas. Algunos eran comunistas y colaboraron por convicción, sobre todo cuando los regímenes gozaban de fortaleza social y política.

La red llegaba a todas partes. El escritor húngaro Péter Esterházy, que había dedicado su obra principal, Armonía Celestial, a la vida de su padre, tuvo que publicar una Edición revisada en el año 2002 para reflejar el choque que le produjo descubrir que su padre había sido un delator para los comunistas.+

Chantaje y coacción

"En Rumanía, la Securitate (policía política comunista) utilizaba el palo y la zanahoria para obtener la colaboración de los intelectuales. Chantajeaba a los que eran homosexuales o a las mujeres que habían abortado ilegalmente y daba pequeñas recompensas a los que se convertían en chivatos, promocionándolos profesionalmente o permitiéndoles viajar al extranjero", explica el sociólogo rumano Mircea Kivu.

El escritor y ex presidente de la república checa Vaclav Havel y el periodista polaco Adam Michnik no han cesado nunca de denunciar las numerosas complicidades sociales y políticas que permitieron al sistema comunista sobrevivir en Europa central y oriental.

El colaboracionismo fue para algunos intelectuales, artistas y profesionales que no pudieron exiliarse la única forma de no acabar en la cárcel o en el ostracismo profesional y social.

El periodista y escritor polaco Artur Domoslawski, que prepara una biografía sobre el reportero Riszard Kapuczynski, señala que "en Polonia, la mayoría de los intelectuales y artistas recibían presiones para que se convirtieran en chivatos. Algunas eran sutiles, otras brutales. Hay que analizar lo que pasaba en el contexto de la época y no con parámetros actuales, porque sería injusto".

El escritor checo Ivan Klima recuerda que "Checoslovaquia fue hasta la muerte de Stalin, en 1953, un Estado terrorista, y si no informabas, te podían caer cinco años de prisión, o te podían ahorcar". ¿Quién podía resistir ante tanta barbarie, miedo e indecencia?

Sólo un héroe.


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