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Desastroso final

Actualizada Lunes, 24 de noviembre de 2008 - 03:59 h.

U N espectro recorre Europa", así comienza el Manifiesto Comunista y vive Dios que se trata de un arranque espectacular, casi bíblico, muy bien escrito. Parece mentira que los herederos de ese texto hayan llegado al grado de confusión actual. Convertidos en una fuerza casi extraparlamentaria, discuten sin sintaxis alguna sobre banalidades y particularismos que a nadie interesan. A veces dan la impresión de estarse repartiendo los pedazos del Manifiesto como los soldados romanos se repartían la capa de Cristo. Izquierda Unida, una agrupación política que ha ido decreciendo hasta el punto de que cabría toda entera en el cuarto de las fotocopias de su sede, tiene dentro de sí más sensibilidades o corrientes que patas un ciempiés. Y todas esas sensibilidades transmiten la impresión de pensar con los pies, más que con la cabeza. Sus dirigentes dicen que la pluralidad es una riqueza y que lo único que hay que hacer es gestionarla bien.

Es evidente que confunden pluralidad con esquizofrenia. Y no es lo mismo, "no es lo mismo ser que estar, no es lo mismo estar que quedarse, ¡qué va!, tampoco quedarse es igual que parar, no es lo mismo, será que ni somos ni estamos ni nos pensamos quedar". Estos versos humildes de la célebre canción de Alejandro Sanz le van como anillo al dedo a Izquierda Unida, que ni es ni está ni parece que se piensa quedar. Llamar pluralidad a un trastorno de personalidad que conduce a la parálisis es ya en sí mismo un síntoma sobre el que deberían reflexionar los dirigentes de esa formación en caída libre. Un espectro recorre Europa. En el principio fue el verbo. Todas las familias felices se parecen, las desgraciadas lo son cada una a su manera.

Si los dirigentes de Izquierda Unida tuvieran las mismas tendencias autodestructivas de que hace gala su formación, ya se habrían suicidado todos. Sorprendentemente, demuestran unas ganas de vivir increíbles. Mientras la izquierda agoniza, el capitalismo, que acaba de llevar al mundo a la ruina, se rearma sin tener enfrente otro discurso que el de cuatro jóvenes que se manifiestan con caretas a las puertas del palacio. Un espectro recorre Europa. Qué pena de arranque para un final tan desastroso.


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